miércoles, 2 de enero de 2013

Entrevistas (5)


Entrevista realizada por Juan Manuel Candal para el blog de entrevistas a escritores Buenos Muchachos.

Entrevista realizada por Juan Manuel Candal, agosto del 2012.
1/ ¿Cuál es la literatura del siglo XXI?

Hay una tendencia hacia la disolución o fusión de los géneros, hacia la disolución de la estructura, pero también sobreviven los formatos clásicos. Todo permanece y  de alguna forma se puede  aprovechar, reciclar, etc. Hay una suma, no un descarte, y eso es lo que para mi gusto define estos tiempos .  Desde esa perspectiva estamos viviendo una época excelente.

2/ Un autor hoy. Un libro. Una frase.

Me gustó La Rosa encarnada, de Paula Ruggeri. Es un delicioso libro de poemas que utiliza, en gran medida, la mística caballeresca como metáfora. A través de pequeñas leyendas e historias contadas en verso, la autora nos demuestra que los temas medievales, épicos (e incluso bíblicos), lejos de restringir las posibilidades expresivas, son un puente ideal para abordar sentimientos profundos que están más allá de cualquier época o región. Es un libro vital, ante todo porque su autora cree en el poder transformador de la poesía, lo que le permite afirmar cosas como: "Yo escribí la historia".
Un verso de ese libro: Mi patria está en la punta de mi espada. Hay otro que también me parece impactante: Nadie más que una mujer puede escribir el cielo.
Otro libro que me gustó fue Las habitaciones despiertas, de Daniel Cristaldo, uno de los mejores libros de poesía que he tenido el placer de leer. Tiene versos maravillosos, hay allí un rescate de la poética surrealista, pero con una delicadeza, con una elegancia y un estilo que lo hacen algo único. En narrativa me gustó Nadie recuerda a Mlejnas, del inefable Ramiro Sanchiz. Un ejemplo de literatura actual, con un ritmo que siempre elogié.

3/ ¿Qué ritual o método te ayuda a escribir? ¿Varía entre cuentos y novelas?

Prefiero el silencio, nada más. A veces me tienta la música, pero me concentro mejor en silencio. La música puede hacernos creer que logramos un clima determinado en el relato, cuando en verdad lo que sucede es que ese clima lo está dando la propia música. Por eso, la única forma de saber si está saliendo lo que quiero, es leerlo sin que nada me perturbe. La realidad del cuento debe ser la única importante.
4/ ¿Qué sentiste al publicar un cuento por primera vez? ¿Y tu primera novela?
Una gran alegría, siempre es una gran alegría. De algún modo publicar te puede dar confianza . Pero lo importante es escribir algo que valga la pena, y  no publicar cualquier cosa.

5/ ¿Cuánto material –cuentos, novelas sin terminar, etc.- están condenadas a no abandonar la PC?

Bastante, pero está bien que así sea. A veces utilizo cosas viejas, las fundo con otras, etc. De dos o tres cuentos puedo hacer uno. Eso puede llegar a convertirse en algo muy creativo, lleno de ideas. Me gusta hacer eso, siempre y cuando pueda mantener la armonía. Aunque estoy abierto a todas las expresiones debo reconocer que en el fondo soy un escritor clásico.
6/ ¿Qué te falta para ser el escritor que querrías ser?
Escribir más. Seguir produciendo, siento que estoy haciendo lo que quiero, y que sólo necesito sumar más relatos.

7/ ¿Cuánto sabés de una novela o un cuento antes de empezar a escribirlo?

Intento saber bastante,  pero por lo general me gana la impaciencia y comienzo antes de tener absolutamente todo delineado. Lo que me importa es el resultado final y no tengo reparos en hacer cambios. Eso sí, cuando hago un cambio, tengo que ver cómo repercute esa acción en la totalidad. La literatura es un arte no un paseo.
8/ ¿Qué separa a un buen escritor de uno mediocre y de uno excelente?
La capacidad de crear la vida en el relato. Hacer arte. Ir más allá del oficio. Los caminos pueden ser muchos.

9/ ¿Qué libro querrías escribir pero hoy te resulta imposible?

Cómo me convertí en millonario.

10/ ¿Qué autores encontrás con preocupaciones o miradas sobre el mundo parecidas a la tuya?

No, la verdad que no encontré. Pero mejor así, porque si no sería aburrido, además quizá eso me hubiese hecho desistir de escribir. Si alguien dice lo que yo voy a decir, ¿para qué debería molestarme? Mark Twain lo dijo con su inapreciable humor: ¿Qué sentido tiene pasarse seis meses escribiendo una novela cuando podemos conseguirla en una tienda por dos dólares?

Entrevistas (4)


Entrevista realizada por M.C. Carper-agosto 2012, para el blog MC Carper-Comic Artist-Illustrator.
Invitado de Hoy: Pablo Dobrinin - Escritor oriental.


Hola ¿Quién eres? Preséntate con tus palabras, por favor.
Mi nombre es Pablo Dobrinin, nací el 21 de mayo de 1970 en Montevideo. Soy escritor y en mis relatos se puede encontrar elementos de literatura fantástica, ciencia ficción, surrealismo y literatura onírica. Tengo un libro publicado por Reina Negra que se llama Colores Peligrosos. Es una selección de diez de mis mejores cuentos, algunos de los cuales ya habían aparecido en revistas o antologías. Actualmente estoy preparando un nuevo libro de relatos, y pronto saldrá una plaqueta de poesía editada por Melón Editora.
¿Cómo empezaste a aficionarte en la CF?
Con películas como Flash Gordon de Dino de Laurentis, Galáctica, y revistas como Nueva Dimensión.
Sí. A mí me gustan mucho estas cosas que mencionás y leía mucho la Nueva Dimensión. ¡Qué buena revista! ¿Y cuando sentiste el impulso de escribir?
A los once años, me pareció que podía expresarme de ese modo, y desde entonces no he dejado de hacerlo.
¿Tenés algunos escritos de esa época? ¿Estudiaste el oficio de escritor o sos autodidacta?
Sí, debo tener mucha cosa guardada. No estudié el oficio de escritor en un sentido estricto, pero sí estudié profesorado de Literatura, y Periodismo. Eso me sirvió, desde luego. Además siempre busqué estar en contacto con profesores/as de Literatura y aprendí mucho escuchando en las clases. Y creo que también aprendí leyendo, pensando, escribiendo.

¿Qué temas te gusta abordar en tus cuentos?
He tocado sobre todo estos temas: el arte, la muerte y el sexo considerados como vías de conocimiento. Pero no es algo que me lo proponga. Generalmente pienso en argumentos, y después haciendo un balance encuentro que hay temas que se repiten.
¿Sos de imaginarte todo el cuento o partir desde una idea y te dejás llevar mientras escribís?
Planifico bastante, pero casi siempre hago cambios. Lo que me preocupa es que el cuento funcione como una unidad, que sea válido por sí mismo, que sea coherente como estructura.
¿Cuáles son esos temas que se repiten?
Además de la muerte, el sexo y el arte, podríamos añadir la locura, el inconsciente…Para no repetirme con cosas que ya dije, podría decirte que me he dado cuenta que en mis cuentos aparecen bastantes imágenes epifánicas. No hablo de epifanías en el sentido corriente que se le da a la expresión (visión, manifestación o aparición religiosa), sino en uno puntual que quiero dejar establecido.
La Imagen Epifánica (I.E.), tal como aparece en mis relatos, la defino así: Una imagen reveladora –generalmente  aérea- con connotaciones espirituales.
Algo que distingue a mis relatos es precisamente la proliferación de las I.E.
Voy a referirme a algunos relatos que -además de estar publicados en libro o revista- están disponibles en la revista en línea Axxón.
Los Festejos del Fin del Mundo: La aparición en el cielo de los Tres Relojes de Fuego que son los encargados de anunciar el fin del mundo es claramente una I.E.
Blue: La I.E. llega con el ascenso de la diosa Blue, que deriva en la explosión de su cuerpo, que provoca que el mundo entero se vuelva azul y toda la gente vuele libremente por el cielo.
Colores Peligrosos: La I.E. se produce cuando el Señor Relámpago levita sobre la Plaza del Conocimiento y los colores que brotan de su mente (fruto de su talento artístico) inundan el cielo. En este cuento o novela corta, hay una gradación de las imágenes reveladoras: las pinturas del señor Relámpago, la I.E. que he referido, y el incendio final donde el fuego es asociado al caos y a los Colores peligrosos. (No olvidemos que en esta historia el arte es asociado al conocimiento).
En Luces del Sur hay también-como es común en mis relatos largos-una gradación de las imágenes reveladoras. La visiones del cielo desde el fondo de la casa, los efectos del sexo, la visión de la abuela volando en el fondo de la casa, y la liberación final de su espíritu cuando vuela envuelta en “una luz de menta”.
La Visión del Paraíso presenta la siguiente gradación: La bicicleta voladora, la lluvia de mujeres azules -luego vienen las visiones del otro mundo que posibilita el desenlace- y la alteración final del mapa celeste.
En El regreso de los Pájaros, la primera I.E. se produce con el incendio, que tiene un profundo contenido espiritual, y la última en el final del relato cuando el protagonista ve la ciudad celeste y abandona este mundo.
Así, el acto de despegar por un momento la acción de la tierra y llevarla hasta los cielos, se ha transformado casi en una necesidad para mí. Ese recurso me gusta mucho por los efectos que produce en la anécdota, y porque como he dicho en otras oportunidades, prefiero hacer una literatura visual. Pero además me gusta porque está íntimamente ligado a mi naturaleza espiritual, y de algún modo sirve también para identificarme como escritor.
                            
Otra de las características de mi literatura es el trabajo que hago con los símbolos.  En mi literatura, como he dicho otras veces,  proliferan los símbolos. Así, por ejemplo, el pañuelo que aparece en El regreso de los pájaros cumple una función específica. Primero sirve para enjugar las lágrimas, y luego, el mismo pañuelo, es utilizado para prender fuego una casa, lo que implica que en el medio hubo un cambio de actitud. Este símbolo en transformación es entonces el propio carácter. Pero, hay otro tipo de símbolos, que es aún más complejo. Es lo que he decido llamar Elemento Simbólico de Valor Estructural (ESVE).
Repasaré algunos casos:
El “pegaso” de El Regreso de los Pájaros. Es una figura de madera que simboliza la conexión del protagonista con su padre muerto, porque fue un regalo que éste había hecho para aquel. Mientras desliza una mano sobre él, dice concretamente: “en ese momento sentí que podía mantener un diálogo secreto con mi padre”.  Posteriormente, hay una insinuación del poder del objeto cuando el protagonista, sentado en la rambla, lo alza con una mano y lo desliza frente al cielo. Y por último, como sabemos, es el único elemento de este mundo que el protagonista se lleva a esa otra dimensión que aparece al final.
En Los Festejos del Fin del Mundo el ESVE está dado por las mujeres de Bergel, capaces de producir las mariposas de agua. Cuando el fin del mundo se torna inminente, la mujer, en lugar de liberar una mariposa de agua, libera una criatura que trae la muerte.
En Blue, el ESVE es la esfera de luz azul que se torna (en cada reencarnación) cada vez más azul y luminosa, hasta que en la última la luz se dispara, anticipando así el final luminoso del cuento.
En La Visión del Paraíso, el ESVE está constituido por las palomas; símbolos del sexo y la muerte entendidos como vías  de conocimiento.
En  La sonrisa del ángel el ESVE es el piano de la muchacha. Primero es un recuerdo, luego aparece abandonado, posteriormente se resiste a crear la música necesaria, y por último se transforma en un vehículo de encuentro para los protagonistas.
Todo esto me permite afirmar que en varios de mis relatos (lo que podría por tanto interpretarse como un rasgo de estilo) existe lo que he dado en llamar un Elemento Simbólico de Valor Estructural. Podría definirlo como: Un símbolo que evoluciona con el paso del tiempo y que contiene en sí mismo, a un nivel profundo, el núcleo y las alternativas de la historia. Algo así como una mini historia dentro de la historia.
          
¿Cuál es tu aspiración? ¿Fama?
Escribir, y en lo posible escribir bien.
 ¿Qué es lo que te hace juzgar si un relato es bueno o malo?
Estudié profesorado de Literatura, y supongo que eso me condiciona. Si soporta un análisis es bueno. Pero, más allá de eso, me tiene que gustar. Considero que un relato además de estar bien escrito debe ser entretenido.
Coincido totalmente. ¿Estás de acuerdo con los filtros de edición? ¿Quién debería realizarlos?
Hay muchas editoriales, así que no hay que desesperar. La preocupación nuestra debe ser escribir bien, después llega todo lo otro.
¿Qué opinas de los neologismos?
No me interesan mayormente.
¿Qué es la CF para vos?
Una de tantas cosas que me gusta hacer, pero no la única.
¿Cuál de tus cuentos te es más querido? ¿Por qué?
Tengo varios favoritos: El regreso de los pájaros, Los festejos del Fin del Mundo, Colores Peligrosos…Por ahora me quedo con Colores Peligrosos, porque en mi opinión es fluido y entretenido. Esas son dos cosas que valoro especialmente. Pero también me gusta mucho un cuento que estoy corrigiendo en este preciso momento. Va a ser el cuento central de mi próximo libro. Me gusta mucho, lo encuentro elegante, raro, tierno, triste…Tiene que ver con bosques.

Sí, me gusta mucho tu forma de narrar. ¿Cómo fue que surgió la idea de hacer un Especial de Pablo Dobrinin en Axxón?
Me lo propuso Eduardo Carletti. Pero debo decir que me sorprendió, no era algo que esperara o imaginara. Me parecía –y esto se lo dije- que yo no tenía una trayectoria tan importante como para que Axxón me hiciera ese honor, pero él dijo que simplemente le gustaba lo que yo hacía, y bueno, se hizo. Y estoy muy agradecido con él y con toda la gente que trabajó  en eso: dibujantes, diagramadores, etc., sin contar el trabajo de Ricardo Germán Giorno, que me hizo una entrevista muy buena y extensa.
¿Crees que hay lectores para lo que escribís?
Sí, por suerte hay. Hay muchos tipos de lectores, y algunos valoran lo que hago.
Já, já ¿Otros no lo hacen?
Y sí, supongo que debe ser así. Los que generalmente te comentan algo es porque les gustó, y los otros no te lo dicen, pero es lógico que haya gente que no le guste lo que hago. Además, pensá esto: a mí me gusta mucho publicar en revistas del género, que son de ciencia ficción y fantasía, pero sobre todo de cf.; y lo que yo hago, aunque a veces toque la cf, tiene más que ver con el relato fantástico. Así que es razonable pensar que a muchos lectores de cf no les interese o no les guste lo que hago.
¿Tienes un e-zine favorito?
Como revista en línea lo mejor es Axxón. Pero está bien que existan otras revistas. Lo importante en estos casos es sumar, no competir.
Pero ¿Viste que  hay varios lugares que han bajado la persiana como Bem on Line, NGC o el Grupo Ajec? ¿Qué opinás sobre esto?
Sí, está pasando. La gente se cansa, pierde motivación, o no tiene tiempo; es difícil sostener un proyecto que no genera ingresos. En un mundo que se rige por el dinero, uno debe valorar mucho este tipo de proyectos que se hacen a pulmón. A veces la gente no se da cuenta del enorme esfuerzo que se pone en la realización de estas cosas, y la generosidad que eso implica. Ojalá que puedan volver si es lo que ellos desean.
¿Hay algún autor contemporáneo que sigas?
No.
¿Cuál es tu autor favorito?
No tengo ninguno en especial. Leo poesía, narrativa, antropología, libros de arte…
¿Esto puede ser por una filosofía de vida? Yo soy de admirar a ciertos escritores o dibujantes, pero también he de ser sincero y en ocasiones disfruto más leyéndome que otra cosa. ¿Es algo así?
Disfruto más leyendo a otros autores. Pero no me trazo un plan de lectura, tampoco tengo mucho tiempo. Me gusta releer. También me interesan las antologías de narrativa pulp (las de Valdemar, sobre todo). Aunque a veces te das cuenta de que los cuentos podrían estar mejor escritos, te los lees igual por el simple placer de dejarte llevar por la aventura. Esa gente escribía para entretener, no para impresionarte por su calidad narrativa, para mí representan a los escritores en estado puro. Pero también me gustan los grandes estilistas como Bradbury, García Márquez o Borges. De todos se puede aprender y disfrutar.
¿Según tu parecer, Los autores de Cf colaboran entre sí o son individuos aislados?
Hasta ahora he trabajado solo. Pero no descarto la posibilidad de escribir un relato con algún amigo.
Te puedo decir que a mi me gustó como experiencia. Y tuve la suerte de hacerlo con un colega que comparte cierta ideas de narración. Aunque puedo precindir de hacerlo con absoluta naturalidad. ¿Qué opinas de los ilustradores?
Me gusta mucho el arte, y por lo tanto me interesa la ilustració. Augusto Montiel Belmonte hizo un extraordinario trabajo en la ilustración de portada de mi libro Colores Peligrosos. Para mi próximo libro tengo pensado convocar a muchos artistas para ilustrar los diferentes relatos. Está lleno de artistas, hay dibujantes buenísimos. Vos mismo hacés un trabajo notable. Ultimamente estuve viendo trabajos de Lian Razis y Adrián Ruano; los dos tremendos artistas. Y no quiero seguir nombrando porque me voy a olvidar de muchos, pero hay genios.
¡Muy interesante! ¿Es importante la divulgación de las novedades CF?
Sí, claro. Pero no sólo la CF. Es importante divulgar todo lo que tenga que ver con el arte: narrativa, ilustración, cine, cómic, etc.
Coincido. ¿Qué opinás de la autoedición?
No me parece mal, eso no afecta la calidad que pueda tener un libro.
¿Te animás a opinar sobre algún editor que te haya publicado? ¿O no te haya publicado?
La gente que me editó en revistas y/o antologías es gente interesada en el arte más que en el dinero. Eso habla muy bien de ellos. No me animo a mencionarlos uno por uno porque sé que voy a olvidarme injustamente de alguno. Pero sí voy a referirme a Juan Manuel Candal que en su sello Reina Negra editó mi primer libro. Candal me alentó, me ayudó a confiar en mis propias fuerzas y por eso le estoy muy agradecido. Además de ser un gran escritor es un gran editor. Colores Peligrosos se vendió bien con Reina Negra y el próximo libro también saldrá en esa editorial.
¿Vivís del el oficio de escritor?
Sí, claro, vivo del oficio de escritor…pero sólo en un sentido espiritual.
¿Ves televisión?
Poco. Informativos, fútbol, dibujos animados con mi hijo más chico.
¡Tenés hijos! ¿Leen lo que escribís?
No. El nene tiene ocho años, y lo que yo hago no es para su edad; y la nena tiene diecisiete, pero está en otra, le gusta el manga.
¿Qué opinas sobre los adelantos tecnológicos en la vida diaria?
En general tengo una visión positiva. Pero no descubrimos nada si decimos que todo exceso es malo.
¿Qué pensás de las nuevas formas de comunicación? ¿Y las redes sociales?
La misma respuesta que di a la anterior pregunta.
Ahora los chicos siguen aventuras a través de juegos de video o historias en cine condicionadas por el merchandising ¿Pensás que eso reemplazará a la literatura tradicional?
Los chicos leen menos, eso es verdad, y siento que la literatura está perdiendo terreno. Pero sobrevivirá.
¿Por  que pensás que en la opinión general, la Cf es tan infravalorada?
La CF ya se estudia en universidades, liceos, congresos, etc, y tiene su público. Y han aparecido y van a seguir apareciendo estudios serios sobre la CF y sus autores. La “opinión general” no me preocupa.
Excelente. ¿Imaginás que algún día conquistaremos el espacio como en Star Trek?
Sí, es muy posible. Pero, como ya se ha vaticinado, los ricos serán los primeros. Y es dudoso que el resto de la población (sacando a los militares y políticos) pueda acceder a los viajes espaciales.
Hablando de ricos y por ende de pobres. ¿Pensás que los escritores de ciencia ficción pertenezcan a una clase social en particular?
No sé, pero en todo caso creo que no debemos discriminar a nadie, lo único importante para valorar a un escritor debe ser su talento. No me parece bien quitarle mérito a alguien porque tenga o no tenga una fortuna. Lo que sí creo es que la mayoría de los escritores tiene una visión más humanista (eventualmente también socialista); se preocupan por el hombre en un sentido amplio.

¿Pensás en el futuro? ¿Cómo ves a la civilización humana de hoy?
La veo con muchas desigualdades. Con mucha hipocresía a nivel político. Los poderosos hacen lo que quieren, invaden países si se les interesa, y encima nos mienten en la cara. Los medios de comunicación (sobre todo la tv) son complacientes con ellos, poco jugados. Hay cosas que no se dicen, no se investigan. Pero también hay gente que hace cosas positivas, muchas veces en silencio. Y  hay espacios para el arte, para crear…


Si hubiese un holocausto climático o ecológico ¿Qué harías?
Antes de morir me gustaría hacer algo que me de placer. Algo simple, nada complicado. Escuchar la voz de alguien querido, sentir su mano en mi mano. Cosas así.
¿Cuál es tu película de CF favorita?
Brazil.
Interesante, hay un par de amigos que pasaron por el blog que han escogido la misma película. ¿Crees que los autores de Cf son nerds o ratones de biblioteca despegados de la realidad?
No. Muchas veces cuando se despegan de la realidad es para poder ver más allá. Y a veces también les gusta jugar, y eso no está mal.
¿Cuál fue el último cuento de Cf que leíste?
Sidgrid, de Laura Ponce, publicado en la revista Próxima. Un cuento maravilloso de una maravillosa escritora.

¿Pensás que alguien leerá este diálogo?
Sí.

Entrevistas (3)


Entrevista para el número 230 de Axxón, mayo del 2012. Realizada por Ricardo Germán Giorno.


AXXÓN: ¿Qué distancia hay entre “El jardín” y “Colores peligrosos”?




PABLO DOBRININ: La primera versión de “El jardín” la hice con diecisiete años, y la que después salió en Diaspar y en Axxón la escribí a los veinticuatro años. “Colores Peligrosos” lo escribí en el 2008 con treinta y ocho años. Creo que “Colores…” es más fluido, lo hice con más soltura, y el hecho de que sea mucho más largo me sirvió para desarrollar una historia más compleja. Actualmente me siento más inclinado hacia los cuentos largos, casi novelas cortas. Pero creo que mi estilo lo definí —para después seguirlo mejorando— entre el 2006 y el 2007, cuando escribí“Los festejos del Fin del Mundo” y “El Regreso del Capitán Rayo”. El primero es más denso, espiritual, metafísico, y el segundo se acerca más a la línea de los relatospulps, aunque también plantea el tema del sentido que pueden tener los recuerdos de la infancia. Entre esas dos formas de narrar —básicamente— se inscribe mi narrativa. Una síntesis de ambos modos de escribir podría ser “La Visión del Paraíso”. Siempre me interesó alcanzar dos puntas: hacer relatos entretenidos y aprovechar los recursos que brinda la literatura. A veces puedo buscar una literatura despojada, de frases cortas, para cuentos que tienen bastante acción o narran muchos sucesos, y suelo utilizar una lectura más densa, a menudo con cierta poesía, para crear clima. Y la poesía me sirve también para decir cosas que de otra manera no podrían decirse, me sirve para crear zonas de sentido ambiguo, o para sugerir antes que decir. También me gusta que los relatos tengan varios niveles de lectura, pero siempre busco que los contenidos —sean de orden psicológico, simbólico, antropológico, filosófico— no estén en la superficie del relato (porque eso sería más conveniente para un ensayo), sino en las capas más profundas. Considero que —en general— estoy narrando, a un nivel profundo, las mismas historias, aunque los argumentos sean distintos. Creo en el arte como vía de conocimiento.





AXXÓN: Ya que los nombraste, ¿los secretos de la infancia te persiguen o los accedés conscientemente desde tu madurez?



PD: Los temas de la infancia no me persiguen, por lo menos a un nivel consciente. Pero me pueden condicionar sin que lo advierta. Creo que era Jorge Luis Borges quien escribía que un hombre es todos los hombres que ha sido. El pasado nunca se borra del todo. Pero, más allá de eso, lo que puede haber de psicología en mis cuentos no necesariamente se centra en el pasado. Dependiendo del cuento, algunos se pueden abordar desde una perspectiva freudiana, jungiana, holística, etc. Pero esa sería una lectura desde la psicología. Un análisis desde el punto de vista de la psicología es interesante cuando se centra en la vida del cuento, pero cuando el que hace el análisis pretende mostrar la psiquis del autor, bueno, ahí, además de ser bastante desagradable para el autor, demuestra ignorancia. Es que no se puede confundir al autor con el narrador. Para mí las lecturas desde la psicología son posibles, pero son complementarias. El análisis de una obra debería incluir un abordaje integral, cosa que rara vez se hace como es bastante obvio.





AXXÓN: “El arte como vía de conocimiento”. Hermosa frase. Me ha llegado, y la estoy rumiando. ¿Podrías extenderte un poco como para aclararnos?



PD: El arte es una de las cosas más hermosas que existen en el mundo. Cuando hablo de una vía de conocimiento no me refiero a una literatura de tesis; yo no pretendo demostrar nada. No me considero un predicador, un político o un visionario, sino un buscador. El trabajo creativo, introspectivo, te permite conectarte con zonas de tu personalidad, de tu mente y de tu espíritu, y desarrolla tu sensibilidad. Es en ese sentido que el arte te aporta conocimiento. Te ayuda a conocerte a ti mismo, a los demás, a tu entorno, e incluso a vislumbrar lo que está más allá. Por otra parte, el lector, el observador, etc., en la medida en que se acerca a una obra de arte, también participa de la experiencia. Más allá de que estemos frente a una obra que funcione como espejo, lámpara o espada, el arte nos moviliza.

A menudo me he sentido como esos pintores que trabajan un mismo motivo una y otra vez. Le van haciendo ligeras variaciones, pero en el fondo siempre están pintando el mismo cuadro. Al principio no lo advertía, pero después, con la perspectiva de los años, empecé a ver que estaba yendo atrás de los mismos temas, preocupaciones u obsesiones. Me di cuenta, por ejemplo, de que muchos de mis relatos parecían partir de la idea de que la existencia está en otra parte, y entonces la muerte, el arte o el sexo funcionaban como vías de trascendencia. Si leés todos los relatos que me publicó Axxón, vas a ver que en la mayoría de los casos esto es así. Incluso hay cuentos que aun no publiqué donde pasa lo mismo. Eso no es algo que yo me plantee; lo tengo que hacer así porque así lo siento. Eso me condiciona y determina los finales de los cuentos que, para mi gusto, deben ser consecuentes con el fondo, con el tema.





AXXÓN: Me enteré de que el bichito de la creación literaria te picó siendo muy joven (mucho más joven que esos diecisiete años que declarás en la primera pregunta). ¿Qué creíste por esa época que te decidió a encarar la hoja en blanco? ¿Qué creés ahora?



PD: Empecé a escribir a los once años. Creo que me incentivó el hecho de que casi siempre elegían mi redacción para leer en las fechas patrias, y eso debió darme confianza para escribir. Pero supongo que básicamente escribía porque era una necesidad para mí; fui un niño o un muchacho solitario; o al menos me sentía así gran parte del tiempo. No tenía un concepto idealizado del escritor, tampoco pensaba que se podía hacer dinero con eso, así que en ese sentido no hubo un cambio. Lo que sí cambió es que en esa época estaba ansioso por publicar. Ahora veo las cosas de otra manera. Lo primero que me preocupa es escribir lo mejor posible, y después veo qué hago con eso, si lo mando a un lado u otro.





AXXÓN: Me interesa conocer tu instante de inspiración y el después. Ese momento en que una idea te da vueltas y vos tratás de manotearla para que no se piante. O cuando una idea te golpea duro y se te queda clavada y tratás por todos los medios de sacarla, o… En definitiva: ¿cómo vendría a ser la cocina de tus cuentos?



PD: Por lo general es una imagen, después una suerte de trailer y luego muchísimo trabajo. A veces fundo varios cuentos que tengo en la cabeza en un solo cuento, eso es riesgoso, pero si queda bien el efecto es mucho más interesante. Escribo una pequeña parte en la que estoy probando el modo de entrar en el cuento, el tono, el ritmo y el estilo que voy a usar. Luego escribo un esquema de la estructura, aunque por lo general hago cambios. Pienso mucho cada cosa, me tomo tiempo para decidir, porque considero que lo que planifique al principio me va a ahorrar trabajo, porque ya sé a dónde voy. Mientras estoy narrando escribo notas al margen, mensajes para mí, para recordar que determinados elementos cumplen determinada función o significan X cosa, así sé que voy a volver a ellos en determinado momento. Cuando escribo un párrafo trato de pensar en qué momento del cuento voy a volver a esa idea, para cerrar una instancia. La trama es fundamental, y también el estilo. Sin embargo, debo decir que más allá de toda planificación, es bueno dejar que el cuento evolucione; mientras escribo siempre aparecen ideas que pueden mejorarlo y que me obligan a hacer cambios. Otra cosa que me sirve es trabajar cosas en archivos separados, para desarrollarlas mejor. Por ejemplo, cuando escribí el cuento Luces del Sur, sentí desde el primer momento que para desarrollar el personaje de la abuela tenía que tomarme mi tiempo si quería ser capaz de mostrar la complejidad que deseaba. Del éxito del personaje iba a depender gran parte del éxito del relato. Así que escribí páginas sobre la abuela, todo lo que se me ocurría sobre ella. Luego seleccioné, corté, pegué, fusioné, etc. Para mí lo fundamental es lograr la vida en el cuento, como decía Quiroga. Aunque discrepo respetuosamente con su decálogo del perfecto cuentista, en ese punto estoy de acuerdo con él.





AXXÓN: Cuando uno escribe con varios niveles dentro de un relato generalmente se choca contra la crítica, ¿o no?



PD: Pienso que algunos de mis cuentos ofrecen mucho material para el análisis, pero es difícil que eso entre en una reseña. No he tenido malas críticas de mi libro Colores Peligrosos, y para evitar discusiones inútiles con la gente que hizo reseñas del libro, voy a optar por no personalizar la cuestión. Pero sí quiero decir algunas cosas sobre el temacríticos: Los críticos que hacen reseñas rara vez se toman mucho tiempo para analizar un libro. Una semana, diez días, a veces menos. Eso es el tiempo mínimo que uno debería tomarse para analizar, desmenuzar, interpretar adecuadamente un solo cuento, no un libro. Con esto no quiero decir que los críticos actúen de mala fe, ya que estos plazos pueden ser parte de la dinámica de la publicación, pero lo concreto es que no se toman el tiempo suficiente. Segundo: El espacio del que disponen para la crítica no siempre es muy grande. Esto condiciona, una cosa es hacer una reseña de un cuarto de página o de dos páginas o más, o un ensayo de varias páginas. Ahora Internet nos da la posibilidad de extender las críticas, pero rara vez se aprovecha esta opción. Aun con poco espacio, si el crítico ha estudiado adecuadamente la obra, debería ser capaz de ir a lo esencial. A veces se queda en lo anecdótico y ni siquiera llega al tema. Tercero: No todos están capacitados, muy pocos tiene estudios de literatura o el necesario bagaje cultural. Falta estudio, conocimientos. Hay muchos que jamás en su vida vieron un diccionario de términos literarios, que son absolutamente incapaces de hacer un análisis de estilo. Lo máximo que pueden decir es: lenguaje florido, lenguaje poético, etc., y a veces ni siquiera esto. Y tampoco alcanza con saber si estamos frente a una comparación, metonimia, polisíndeton, anáfora. Es necesario saber por qué se está utilizando ese recurso en ese momento, qué es lo que nos está diciendo, a veces más allá de lo inmediato. Las comparaciones o las metáforas, si el autor las utiliza adecuadamente, van a decirnos algo que está más allá de lo meramente visual. Falta análisis de personajes, de estructura, de estilo, de los distintos niveles de lectura, etc., etc. Cuarto: La actitud. La mayoría de los críticos que hacen reseñas parece creer que el escritor es un alumno que está dando un examen, y que ellos son los profesores que los van a evaluar o calificar. Pésima actitud. La labor de la crítica no es evaluar sino explicar. Para realizar una buena crítica es necesario que el crítico se acerque a la obra con humildad para descubrir cómo funciona. No solo no se hace esto, no se explica, no se analiza, sino que además se pasa por encima de la obra, y algunos —no me ha pasado, pero lo he visto muchas veces— se dan el lujo de opinar cómo debería hacerse esto o aquello. Falta humildad. Quinto: El crítico está acostumbrado a hacer devoluciones, pero se irrita si le critican su crítica, lo considera inadmisible (otro rasgo de soberbia). Habría que hacer un blog donde se analizara el trabajo de los críticos, se les explicara punto por punto en qué se equivocaron, y se les recomendara bibliografía. Lamentable el poco tiempo libre de que dispongo me impediría participar de una empresa así, pero sería algo muy útil para que la crítica crezca, se ponga a la altura de las circunstancias, y sobre todo sirva para lo que toda plataforma crítica debe servir: para poner en conocimiento de los lectores los procesos artístico-culturales que se están gestando en las diferentes regiones o países. De esa forma se contribuye también a la historia de la literatura. Ahí ya estaríamos hablando de una crítica de nivel.





AXXÓN: Literariamente hablando: ¿alguna vez te sentiste incomprendido?



PD: Sí, claro, pero supongo que a todos nos pasa. Oscar Wilde, con su maravilloso humor, escribió: “Soy demasiado consciente de haber nacido en un siglo donde sólo se trata con seriedad lo aburrido, y vivo con el terror a no ser incomprendido”. Me imagino que así deben sentirse muchos de los que, como yo, publican en revistas y antologías de género… Pero considero que cuando uno trabaja con honestidad eso no debe ser un tema de preocupación. Existen obras para todos los gustos, y eso está bien. En mi caso, algunos cuentos quizá no sean adecuados para ciertos lectores, pero, de todos modos, siempre hubo que gente que la tuvo más difícil que nosotros: Lautreámont, Levrero, Felisberto Hernández, Armonía Somers, etc. En mis relatos dejo una llave para el lector, eso facilita las cosas. Pero aun así, existe el riesgo de que no vean lo que hago, o de que solo vean una pequeña parte. Intento hacer una literatura visual, una suerte de cine mental que no necesite de extensos monólogos interiores o agudas reflexiones para ser profunda. Mi generación, y alguna otra más, está influenciada por todo lo que se relacione con la imagen, el cine, la TV, el cómic, la publicidad, la ilustración. Durante el proceso creativo, a mí me gusta pensar en mis relatos como películas, a veces los imagino así para ver si van a funcionar una vez escritos. Claro que no es lo mismo, la materia nuestra es el lenguaje y los recursos son otros, pero aun así a mí me sirve. Es más, el hecho de que el cuento no sea esa película que imagino, lejos de ser un problema se transforma en una ventaja. Porque el lenguaje me permite ir más lejos. Te doy un ejemplo… Tomemos a las palomas que aparecen en “La Visión del Paraíso” y considerémoslas desde un punto de vista simbólico. En ese cuento están asociadas al sexo y a la muerte. Al sexo porque reparten la carga que va a hacer posible el encuentro sexual entre uno de los personajes principales y varias mujeres. También se menciona el arrullo de las palomas y se dice que se buscaban entre ellas, etc. Y se relacionan con la muerte a lo largo de todo el cuento: siempre están rondando al protagonista que es un anciano, intentan matar al líder que roba la máquina voladora (otro símbolo sexual) e incluso hacen que se estrelle contra la Torre (otro), etc. Todo esto podría entrar en una película, pero hay algo que no, porque pertenece al dominio del lenguaje. Al principio del relato, para asociar a las palomas con la muerte, señalo que ellas se posaban “como un resplandor helado sobre los cascos derruidos de barcos que habían encallado hacía mucho tiempo”. Por la mitad del cuento había escrito: “Seguiría investigando hasta el día en que las aves del destino trajeran en sus picos el hielo para fabricar la muerte”. Luego, al final del cuento, en la última oración, vuelvo a utilizar la misma expresión “resplandor helado” para sugerir —sin nombrarlas— que son las palomas las que vienen por el cuerpo sin vida de un personaje. Así cierro una historia en la que el sexo y la muerte, ambos asociados al conocimiento, se muerden la cola. Y como se ve, aunque la historia se pueda visualizar como un film, en ocasiones lo que me permite darle densidad, lecturas, es el uso que hago del lenguaje. Otra cosa que sería más complicada de mostrar es lo que se relaciona con los números en ese mismo cuento, donde los números aparecen como la arquitectura de un mundo que está destinado a cambiar cuando alguien —desde otro lado— cambie la relación numérica. Mi literatura, aunque sea elaborada, es perfectamente comprensible, el problema se produce cuando los críticos, en lugar de detenerse en el análisis, pasan sobre la obra con displicencia.





AXXÓN: Je, otra vez el tema de los críticos. A propósito: ¿qué significa ser un escritor de Ciencia Ficción y Fantasía en Montevideo?



PD: El escritor uruguayo de fantasía, y sobre todo de ciencia ficción, debe apuntar al exterior, donde hay más posibilidades; ahora con Internet eso es mucho más fácil. Desde que descubrí Internet comencé a publicar mucho más. En Uruguay no hay colecciones especializadas, ni revistas, excepto Diaspar —unapublicación muy recomendable—que ahora sale en formato digital. Pero lo mío no es —salvoalgunos casos aislados—ciencia ficción, en todo caso es un hibrido que prefiero llamar literatura bizarra. He tenido mucha suerte porque mis cuentos han aparecido con cierta regularidad en revistas de ciencia ficción y fantasía, y estoy muy agradecido por ello, pero mis intereses son otros, me interesa la literatura como arte, como vía de conocimiento, como te decía, visceral por momentos. El hecho de que sea en cierto grado fantástica se debe simplemente a que es algo que me surge con naturalidad. Lo fantástico —en un sentido amplio— me permite decir las cosas que quiero.





AXXÓN: Pero ¿cómo ven los uruguayos lo que vos hacés? En el trato diario, ¿qué te devuelve la gente cuando le decís que escribís fantasía (o literatura bizarra, como la definiste)?



PD: Si simplemente les comento que escribo cuentos que tienen ciencia ficción y fantasía se crean una imagen mental bastante estereotipada. Inmediatamente la gente piensa en películas muy conocidas o a lo sumo en autores como Asimov, Tolkien; etc., y estoy bastante lejos de todo eso. Después, cuando los leen, la idea cambia. Muchos me han señalado que les gusta lo que hago porque escribo más allá de un género determinado. Eso me abre más puertas de las que me cierra, pero yo no lo hago como una opción comercial sino que escribo lo que me gusta. Siempre digo que uno debe hacer lo que le gusta, y luego buscar las revistas o editoriales donde publicar, no al revés. La meta no puede ser publicar a toda costa, lo interesante es publicar lo que uno cree que vale la pena. Y las devoluciones pueden ser muy distintas; por ejemplo, un señor, después de leer un par de relatos, me dijo que lo que yo ofrecía era un modo distinto de hacer denuncia política. Este señor había sido dirigente de un partido político uruguayo. Eso seguramente condicionó su lectura, pero algo de razón tenía, se estaba refiriendo a una lectura posible de esos dos cuentos: “La venganza de los Niños” y “Blue”. En “Blue”, al referirse a denuncia social, supongo que se refería a la discriminación que sufren las personas obesas en nuestra sociedad. Ahí tenés un buen ejemplo de lo que decía antes respecto a las lecturas: “Blue” es un cuento que admite varias lecturas. Además de lo que veía esta persona, se puede ver el tema de la madre devoradora, el regreso al vientre materno, el mito de la creación, los ídolos como referentes de una sociedad, el rito iniciático y hasta el sexo como vía de trascendencia. Por eso estoy de acuerdo contigo cuando decías que los distintos niveles de lectura pueden hacernos chocar contra la crítica; “Blue” —como tantas otras obras de otros autores— no se puede reseñar bien si uno no asume el compromiso de un análisis.



Colores Peligrosos

Supongo que tu pregunta también apunta al valor que la gente le concede a la ciencia ficción y la narrativa fantástica. Esa es una vieja pelea, cada minuto, en algún rincón del planeta, un lector o un escritor sale en defensa de los géneros porque alguien los tildó de infantiles, escapistas, etc. Hay cantidad de libros sobre ciencia ficción y sobre narrativa fantástica, se estudia en universidades y liceos, y se hacen estudios importantes sobre muchos autores; el que quiere informarse puede hacerlo. Y si no le interesa lo fantástico, y bueno, que haga lo que quiera. Si se siente más cómodo leyendo literatura realista que siga leyendo literatura realista. Lo importante es que existan editoriales, convenciones, canales, etc., para que el que esté interesado pueda acceder a lo que desea. Hay gente que tiene vocación evangelizadora, yo no. Ahora, si estoy en un ambiente de gente que le interesa el tema, como Axxón por ejemplo, me gusta compartir impresiones sobre determinados autores u obras. Pero hace falta tiempo, y últimamente estoy más ocupado con la creación, tengo ganas de sacar otro libro como Colores Peligrosos, con una decena más o menos de cuentos, y no menos de 250 páginas.





AXXÓN: Gracias por el anticipo. Ahora vamos a estar esperando que aparezca el nuevo volumen. Colores Peligrosos está agotado, ¿no? Hablando de libros, ¿tenés hoy alguno/s de cabecera? ¿Los tuviste?



PD: El nuevo volumen seguramente se demore un poco porque, aunque tengo material suficiente, prefiero escribir más cuentos, para después poder seleccionar. Y cada cuento me lleva meses. Colores Peligrosos estuvo agotado; ahora en Buenos Aires está disponible a través de Calíope, que es un sistema muy confiable. Lo pedís a través de la página de Calíope y te lo entregan en la mano a la brevedad. Espero que pronto se encuentre en algunas librerías. En Montevideo sigue agotado, pero estamos esperando una partida nueva.

Me gustaban y me gustan demasiadas cosas: Ballard, Bradbury, García Márquez, Cortázar, Borges, Lautreámont, Breton, Maiakovski… y después un montón de autores de ciencia ficción y fantasía. Tengo colecciones de revistas de ciencia ficción, pero también libros de terror, de poesía, de arte, latinoamericanos, antropología, ensayo, unos cuantos sobre surrealismo… Nunca me propuse imitar a nadie; siempre tuve claro que quería ser yo mismo. Los autores que leemos no son dioses sino amigos al costado del camino.





AXXÓN: “Amigos al costado del camino”. Otra hermosa frase. Pero un poco demasiado generalizada, ¿no? Veamos: ¿alguno que sea más amigo que otro, que te haya acompañado por más tiempo? Vamos, desembuche, Dobrinin, que sus lectores están sedientos de sus palabras.



PD: No, simplemente los que te nombré antes, y siempre considerándolos como amigos. No idolatro a nadie, y no me interesa regirme por los principios de nadie. Siempre tuve claro que lo primero que uno debe tener para escribir es La Voluntad. Sin eso no se puede hacer nada. En uno de mis cuentos, un personaje, al que acusan de soberbio, dice: “La creatividad es poner el ego a trabajar, y yo siempre fui muy trabajador”. Más allá del chiste, creo que hay mucho de razón en eso, la confianza es fundamental para escribir, no se trata de soberbia, sino de voluntad. Los surrealistas no hablaban de soberbia, sino de “la expansión del yo”. Primero se necesita una actitud decidida para crear y, después sí, el trabajo humilde para que uno pueda lograr lo que se planteó.





AXXÓN: Antes me nombraste a “Blue”. Y es verdad que “Blue” tiene varias lecturas. Hasta debe tener lecturas que a vos mismo por ahí se te escapan. Y además, para mí, el cuento está lleno de símbolos. ¿Qué representan los símbolos para vos? En general digo, no en “Blue” en particular.



PD: La fuerza del símbolo proviene en buena medida del hecho de que no es arbitrario, sino que es motivado. Vale decir que hay una relación entre lo representado y la representación. Entonces, a partir de ahí, es posible trabajar con símbolos de un modo intuitivo, es decir, no necesitás tener a mano un diccionario de símbolos, simplemente te enfocás en encontrar algo que en tu psiquis represente un concepto. Es la mejor forma, para mi gusto, de utilizar símbolos, porque así te estás comprometiendo con lo que hacés, y por el contrario, si sacás los símbolos de un libro podés caer en un juego teórico, razonado, que no aporta mucho al arte. Por otro lado, también hay que tener presente que los símbolos pueden ser ambivalentes. El agua, por ejemplo, es símbolo de vida porque no podemos vivir sin ella, porque muchos dicen que la vida nació del mar, etc. Pero puede llegar a ser un símbolo de muerte, por la simple posibilidad de ahogarnos, o por aquello que decía Manrique: “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”. Y luego están los símbolos no ya de carácter cultural, sino más personales, como los que Dalí utiliza en sus pinturas: la muleta, ciertos animales, etc. Ahí ya es más difícil llegar al observador, lector o espectador según sea el caso. Con los relojes derretidos es más sencillo que con otros de sus símbolos, pero precisamente sucede esto porque hay una relación ya establecida entre el tiempo y los relojes. En principio prefiero utilizar símbolos que están en el inconsciente colectivo y llegar a ellos a través de la intuición; pero a veces utilizo un símbolo de orden más personal; en cualquier caso está claro que el significado va a depender de un contexto determinado. En mi caso, el símbolo puede ser un animal, un objeto, un número, un color, etc. Intento medir el peso de las palabras. Lo importante es que el símbolo me permite darle densidad, profundidad a un relato, y poder seguir manteniendo un lenguaje ágil, fluido; creo que ahí está buena parte de la clave de mi trabajo. No necesito extenderme en arduos razonamientos, precisamente porque el relato ya viene cargado de sentido.





AXXÓN: Casualmente por estos días estuve releyendo “Los festejos del Fin del Mundo”. Me atacó fuertemente una idea de surrealismo. Bueno, venimos de los símbolos, así que ahora te pregunto: ¿cómo te llevás con el surrealismo? Y además: ¿Bizarro y surrealista se empardan?



PD: El surrealismo fue una influencia muy importante en mi vida. Me impactó mucho una versión reducida de la antología de la poesía surrealista realizada por Pellegrini, y años más tarde conseguí la versión grande. Qué maravilla. Después salí a buscar libros de todos los autores que había en ella, imaginate, me voló la cabeza. Leí también libros de historia del surrealismo, me compré mis primeros libros de pintura, obviamente de pintores surrealistas. Fue decisivo. Me dio felicidad. Creo que, más allá de las técnicas, lo que más me llegó del surrealismo fue la posibilidad de abrir las puertas de la mente. Después de eso, crear es una fiesta.

Un día vi que mi hija adolescente tenía el libro de Pellegrini en su cuarto, y cuando le pregunté por él, me dijo que le encantaba. No sé qué le había llamado la atención para elegirlo entre todos los libros que había en la biblioteca, fue como si el libro la eligiera a ella. A veces siento que pasa eso con el surrealismo, él nos busca. Y pasan los años y sigue teniendo un gran peso.

Y respecto a la segunda pregunta, creo que sí, que se empardan perfectamente. Por lo que tienen de imaginativo, descontracturado, divertido. Además, si pienso en mi literatura bizarra, debo recordar que normalmente se dice que, entre otras cosas, el surrealismo es heredero del simbolismo, de modo que por ese lado también hay una conexión. Y las imágenes que utilizo tienen un aire surrealista muchas veces. La diferencia está en que el surrealismo apela normalmente al automatismo, a la escritura automática, etc.; yo intento controlar el proceso creativo sin perder la frescura.





AXXÓN: Por estas pampas muchos dicen que lo que vale en un cuento es la idea y no cómo está escrito. Que no importan las correcciones, que la idea siempre aparece al final. ¿Vos qué me podés decir?



PD: Cada uno puede pensar lo que quiera, no hay que dramatizar. Mi opinión personal es que es importantísimo escribir lo mejor posible, entre otras cosas para que el cuento sea creíble (dentro de eso que llamamos “la suspensión voluntaria de la incredulidad” ). Pero no todos tenemos los mismos parámetros. Algunos creen que la literatura es un oficio, yo creo que es un arte. Por eso mismo no creo que exista una única manera de hacer las cosas. Yo mismo no trabajo siempre de la misma manera, y eso me plantea un desafío constante. Nunca sé si lo que estoy escribiendo me va a gustar o no. Recién cuando estoy cerca de terminarlo me doy cuenta si utilicé las estrategias correctas. Hace poco me invitaron a participar en una revista y en una antología con sendos cuentos. Tenían que ser inéditos, y por cuestiones de tiempo me pidieron que confirmara mi participación. Si yo les decía que sí ya me reservaban un lugar. El hecho de que confíen en mí me llena de orgullo, pero a los dos les contesté lo mismo: cuando termine el cuento, si me gusta como queda, te lo mando y vemos. Hay que tener un poco de honestidad intelectual. ¿Para qué publicar un trabajo que no te convence? Al final no mandé nada.





AXXÓN: Seguramente me expresé mal. ¿Vos dejás en “crudo” todo lo que sale de esa cabecita afiebrada?



PD: No, no. Corrijo mucho. Me tomo mi tiempo, y a veces corrijo cuentos que escribí hace mucho.





AXXÓN: ¿Tenés gente amiga —o enemiga, no sé si no es mejor, je— que te lea tus cuentos antes de mandarlos a publicar? ¿Lo creés necesario? ¿Les das pelota o más o menos? Te mandé al frente, sorry.



PD: Sí, hubo gente que leía mis relatos y me daba una opinión. En el liceo eran las profesoras de literatura, desgraciadamente no me acuerdo los nombres de todas ellas, pero recuerdo estos nombres: María del Carmen Rocha y Elena Taboada. Luego, amigos como Enrique Abelenda, o críticos como Rodolfo Fattoruso y Elvio Gandolfo. Últimamente editores como Juan Manuel Candal y Laura Ponce; gente que aprecio mucho por su talento, creatividad, y que me enorgullece tenerlos como amigos. Me gusta intercambiar ideas con los editores, los escucho y estoy abierto a hacer alguna corrección, siempre y cuando no me implique reformular todo un cuento, en ese caso prefiero enviar otra cosa. Pero es algo útil, es muy común que uno cometa errores de todo tipo y cuatro o seis ojos ven más que dos. Me gusta que los editores opinen y hagan sugerencias. También aprecio mucho la opinión del editor Luis Pestarini que entiende muy bien la literatura; la de Federico de los Santos, escritor y crítico; la de Ibero Laventure, poeta y periodista radial, la de Jacques Fuentealba, destacado escritor y traductor; y la de Ramiro Sanchiz que, además de ser un gran escritor, viene haciendo una labor crítica muy importante desde las páginas de La Diaria al difundir a autores uruguayos de los que otros medios no se ocupan, o se ocupan mal.





AXXÓN: ¿Te imaginás una Axxón sin Eduardo Carletti?



PD: Recuerdo que hace unos años, en una charla con Elvio Gandolfo, tocamos el tema de la desaparición de algunas revistas. Y él me decía que a veces las revistas desaparecían, no por una cuestión económica, sino por el simple hecho de que faltaba la persona que las hacía. ¿Qué pasaría hoy en día, por ejemplo, si Laura Ponce se cansara de sacar Próxima, o Luis Pestarini se cansara de Cuásar? ¿Alguien tomaría la posta? Estamos hablando de publicaciones que se financian bien, así que no es sólo un tema económico. Pero volviendo a tu pregunta concreta, creo que es difícil imaginar a Axxón sin Eduardo Carletti, pero es necesario. Porque Eduardo ha construido algo que va más allá de una persona o varias: ha construido una institución. Eso es Axxón. Así como un club de fútbol no puede desaparecer con un plantel de jugadores o una dirigencia determinada, así también Axxón está obligada a perpetuarse. Axxón es la publicación más importante en la historia de la literatura de ficción de habla hispana. Tanto por la cantidad y calidad del material incluido, como por el alcance que tiene. Es un material fabuloso y gratuito para todos aquellos lectores, investigadores, docentes, críticos, etc., que se interesan por la literatura; y no nos olvidemos de las obras plásticas, y la divulgación científica, de cine, etc. Vos sabés que he publicado en unos cuantos medios y en unos cuantos países; y te puedo asegurar, sin sombra de duda, que ninguna publicación tiene la repercusión que tiene Axxón. Ensayos que publiqué en Axxón los “levantaron” para varios sitios de Internet, y también cuentos, que alguna gente subió a Taringa y hasta —reíte si querés— un sitio dedicado a videos y literatura porno. He recibido mails de docentes e investigadores de varios países pidiéndome información sobre determinados temas relativos a los ensayos, y colaboré así con el trabajo que hacían… Cuando quiero que alguien vea mi trabajo, ya sea escritores, lectores, o editores que están en otro país, les copio el enlace para que me lean en Axxón. Siempre atrás de todo está Axxón. Y Todo lo que se hizo y se hace demuestra una generosidad y un espíritu excepcionales, porque es una publicación sin fines de lucro, hecha día a día a pulmón. Cuesta siquiera imaginar todo el esfuerzo que se puso en esa obra monumental. Y esa fue la visión de Carletti. De todos modos, me consta que Carletti no está solo, tiene mucha gente (o no tanta como sería lo ideal), trabajando, silenciosamente muchas veces, haciendo un humilde y sacrificado trabajo, pedaleando continuamente para que la bicicleta no se caiga, para que día a día Axxón siga existiendo. Yo creo que el mejor homenaje que se le podría hacer a Carletti y a todos los que de alguna u otra forma colaboraron con Axxón, es mantenerla viva por siempre. El problema es que al no ser una empresa comercial, necesariamente tiene que manejarse con colaboradores; y es difícil encontrarlos porque la gente normalmente tiene poco tiempo, debido a sus trabajos sobre todo. Pero siempre hay gente que tiene un tiempito, o jóvenes que tienen un trabajo de medio turno o no trabajan, o alguno retirado, o alguno que está en una posición que le permite tomarse un momento del día para algo así. Hay mucha gente idónea capaz de colaborar en el armado de una página, en la traducción de un cuento o una noticia, en la ilustración de un relato, o ayudando a pagar el hosting. Sería muy importante que toda la gente, que cree en la honestidad y comprende la importancia de este proyecto, se acercara a colaborar en la medida de sus posibilidades, con entusiasmo, sin miedo, porque si algo ha caracterizado a Axxón todos estos años, es justamente ese espíritu de puertas abiertas. Es fundamental apoyar a Carletti en esta labor, porque se lo merece, y además porque Axxón es patrimonio de todos.





AXXÓN: Volviendo a lo de los símbolos: ¿hay alguno que sea un hilo conductor en tus cuentos? ¿Es consciente eso?



PD: Sí, es más, a veces siento que son los símbolos los que van pautando lo que escribo. Pienso en imágenes, eso me lleva a pensar en argumentos, pero después me doy cuenta de que hay símbolos que se repiten. No sé si hay uno que sea más determinante que otros; además como hay cuentos que nunca terminé, o no me decidí todavía a publicar, o simplemente estoy trabajando en ellos, etc., eso hace que me resulte un poco complicado medirlo en términos cuantitativos. Pero bueno, dejame pensar…El fuego como un elemento que permite la trascendencia en “La escalera del fuego” y “El Regreso de los Pájaros”. La espiral, también como trascendencia, en “Los festejos del Fin del Mundo” y “El Desierto”. El vuelo, también como trascendencia… en casi todos. Sí, definitivamente es el vuelo el que más se repite. Sí, me hiciste pensar, y sí, es eso. Es más, en un cuento que todavía no salió, había escrito “la descubrió al alzar un poco la vista”, y una amiga editora y gran escritora, Laura Ponce, me preguntó si me estaba refiriendo a que el personaje volaba, porque eso, me dijo, no sería nada raro en mis cuentos. Y tiene razón. El vuelo o la elevación. Eso tiene que ver con la trascendencia, la transfiguración, el estar más cerca de lo sagrado, de los mundos invisibles, la espiritualidad. Ahora que lo pienso, mi sueño más recurrente es volar. O levitar. Pero bueno, a pesar de esta característica espiritual de mis relatos, no soy un tipo interesado en ninguna religión ni en nada que se le parezca. Alguna gente me ha querido llevar a sus religiones o grupos, pero yo prefiero sentirme libre. Algunas veces me ha parecido que realizaba viajes astrales —cuando creía dormir simplemente—, y una vez, semi-despierto, sentí que un cuerpo sutil se desprendía de mi cuerpo y que ascendía hacia un dibujo geométrico. Fue algo muy curioso, pero no me he querido involucrar demasiado con eso. Como librero siempre he tenido acceso a libros de esoterismo pero me interesan, no para mi formación, sino más que nada para comprender cierta forma de pensar. Debo confesar que me considero demasiado mundano y, aunque para alguna gente esto pueda sonar a herejía, nunca me interesó asumir un compromiso espiritual. Por ejemplo, si pudiese controlar el viaje astral a voluntad, no lo utilizaría para conocer los otros planos, sino para ir a ver a gente querida que está en este. Por otro lado, me gustaría desprenderme un momento de cierta matriz que parece estar prefigurando mis creaciones y, simplemente, escribir buenos relatos. A veces me parece que empiezo así y poco después, en una habitación de mi mente, se bajan ciertas palancas, se aprietan determinados botones, y entonces lo que termino de escribir no es más que la pieza de un rompecabezas iniciado hace tiempo. Pero en ocasiones lo hago, me libero un poco de esos contenidos espirituales. En “El Regreso del Capitán Rayo” pude hacerlo. Y tengo un cuento nuevo, casi novela corta, que también es una aventura de ese tipo. Casualmente los dos son relatos estilo pulp. Quizá por eso me gusta el pulp, porque busca entretener, divertir. Aunque a veces tampoco me escapo, je, porque puede pasar que un relato encarado como pulp se refiera a temas espirituales. Esto me sucedió cuando toqué el tema del arte en un pulp. El arte te acerca a “mundos sutiles”, y precisamente yo me referí a ese tema en el cuento “Colores Peligrosos”, que es uno de los relatos que más quiero.





AXXÓN: ¿Qué te interesa transmitirle a tus lectores?



PD: Entretenimiento, ideas, placer, belleza, arte… Casi nada, ¿verdad? Pero eso es justamente lo que para mí lo hace interesante, apostar a cosas importantes. Me interesa ofrecer una obra que además de tener calidad sea entretenida.





AXXÓN: Ya sé que lo deberían decir otros, pero ¿creés que lo estás logrando?



PD: Sí, tenés razón, eso lo deberían decir otros. Pero sé que a unas cuantas personas les gustó mucho el libro, y también sé que algunos, después de leerlo, compraron otro para regalar. Eso es muy emocionante, te da fuerzas, o cuando vienen y te dicen que te leyeron y recuerdan con cariño algún cuento. Y también hay gente que no le gusta lo que hago, es normal que suceda así. Después está el otro tema: si yo quedo conforme. Eso es difícil explicarlo, porque necesito la perspectiva del tiempo en muchos casos. Lo que sí te puedo decir es que a veces paso años atrás de un argumento o un concepto, y pruebo distintas cosas y muchas veces no quedo conforme, y son cuentos que voy amontonando en una carpeta de cuentos inconclusos, en espera de una idea que los salve.





AXXÓN: Dos preguntas en una: ¿Estás de acuerdo con el tamiz de las editoriales? ¿Qué opinás de la autoedición?



PD: El tema es simple: si no te gustan las editoriales que hay o lo que te ofrecen, o el material que publican, hacé tu propia editorial y punto. Y si te querés autoeditar y creés que es una buena salida, hacelo, no hay que tener vergüenza, eso no va en desmedro de la calidad. Ahora, sobre todo en Argentina, con la posibilidad de la edición a demanda, es más fácil. Muchísimo más fácil que antes. Ahora podés editar pocos ejemplares a un precio razonable, antes no podías hacer menos de quinientos o mil. Hay veces en que la gente, para tener lo que quiere, debe hacerlo ella misma. En definitiva, lo que te quiero decir es que no hay que quejarse. ¿Qué sentido tiene que uno se queje del tamiz de las editoriales? Atrás de la editorial hay un tipo que decide incluir lo que le gusta o lo que le puede dar un rédito económico, y ese tipo no está obligado a hacer lo que nos convenga a nosotros. Hay que esforzarse por escribir lo mejor posible y dejarse de lloriqueos. A mí en Uruguay nunca me dieron bolilla y terminé editando en Argentina. Después de eso, sí, recibí invitaciones para editar en mi país, pero antes me pasaba todo mal. Me dejaban el libro durmiendo en una pila, o sencillamente no lo leían, o lo rechazaban y cuando pedía una entrevista de cinco minutos, una secretaria me informaba que el señor editor no daba entrevistas a los autores… Iba a una editorial chica porque ellos decían que tenían un perfil distinto, que apoyaban a los autores nuevos, etc., y cuando les llevaba mi libro, me decían que justo la colección se había cerrado (después me enteraba de que, en realidad, estaban editando a los alumnos de un taller específico). Y en aquella época yo me deprimía, escribía unos poemas que eran un bajón, o una novela que también era un bajón, y andaba siempre mal. Quiero recordar que en aquella época, cuando más lo necesitaba, recibí el apoyo de gente como Elvio Gandolfo y Rodolfo Fattoruso, que me insistieron para que siguiera peleando porque decían que lo mío valía. Y un día descubrí Internet, y muchos de esos cuentos que no eran buenos para Uruguay, fueron muy bien recibidos en revistas impresas y antologías impresas de Argentina, Italia, Francia, España y Eslovenia; y también en publicaciones digitales. Así que ya no me quejo ni me deprimo, ni nada que se le parezca. Al contrario, agradezco mucho a las editoriales de mi país que me ayudaron a progresar.





AXXÓN: En tu caso, ¿qué significa “sentido del humor”?



PD: El humor es parte de nuestra cultura. En el Río de la Plata el humor es una tentación constante. Está en los medios, en la calle, en cualquier charla con amigos. Disfruto casi todo el humor, desde algo muy tierno hasta el humor negro. Liniers y Salas me gustan mucho, y son bien diferentes. Pero si me pongo a elegir, en materia de humor escrito me quedo con el humor de Groucho, Wilde, Twain, Bierce, etc. Prefiero el humor inteligente, ingenioso, elegante. Creo también que es posible incluir momentos o detalles humorísticos en una obra que no sea humorística. El personaje del “gracioso” era muy recurrente en obras teatrales que no eran comedias; y las películas de aventuras, por ponerte un par de ejemplos, tienen casi siempre algún momento de humor. A mí me gusta articular cosas distintas, que son distintas pero no irreconciliables. La línea entre el ingenio y el humor puede llegar a ser difusa. Pero yo pienso siempre en historias, mi punto de partida es contar una historia, no hacer reír. En determinado momento puedo colocar alguna frase o situación graciosa, pero siempre que sea funcional respecto al cuento. Con el humor me pasa lo mismo que con las imágenes, las comparaciones o las metáforas, siento que no puede ser un mero detalle decorativo.





AXXÓN: Bien. Yo creo que sin humor hay chatura. En fin… Hablando de fin, ¿qué esperás del futuro?



PD: En el futuro cercano la editorial argentina Melón me va a editar una plaqueta de poesía titulada Montevideo. Es un conjunto de poemas con una importante influencia del surrealismo. En la misma colección sale también una plaqueta de mi compatriota Ramiro Sanchiz, así que probablemente la presentación la hagamos juntos.

Actualmente estoy trabajando en un nuevo libro de relatos; no me he planteado ninguna fecha para terminarlo, quiero disfrutarlo.

Después, espero publicar algunos relatos en revistas o antologías; eso se verá porque es un tema muy dinámico: hay proyectos que se cancelan y otros que nacen.

Pensando más a futuro me gustaría adaptar algunos cuentos para cómic, teatro o cine, aunque esto último es muy difícil por los costos de producción… Pero sería genial.





AXXÓN: Para adaptar cuentos a cómic lo tenés al Majestuoso César Carper. Por ahí te da bola y se copa —a mí me pateó un par de veces, (¡Pero sigue siendo mi amigo, ojo!)—. Ahora bien, ironías aparte: ¿cómo te imaginás esa adaptación?



PD: Si vos lo recomendás debe ser bueno, así que lo tomaré en cuenta, aunque de todas formas, como te decía, es un proyecto a futuro. Primero quiero hacer otras cosas que tengo pendientes; terminar algunos cuentos, principalmente. Hace como diez años edité con unos dibujantes uruguayos una revista de cómics que llegó a sacar nueve números. Se llamaba Balazo, y ahí más que nada hacía reportajes, pero también hice algunos guiones. Eso me relacionó con el mundillo del cómic y me permitió conocer a grandes dibujantes. De todos modos, en aquella época yo no llegué a adaptar ningún cuento mío, que es lo que más me hubiese gustado. Un amigo dibujante, Ernesto Cantonet, hizo sí una adaptación de “El Regreso del Capitán Rayo”, pero nunca se llegó a publicar, porque iba a quedar muy extensa. No sé si la llegó a terminar. Pero creo que en general mi literatura es muy visual y se presta bien para hacer adaptaciones al cómic o al cine. ¿Cómo me lo imagino? Bien…Cuando pienso en “Blue” inmediatamente me viene a la mente la imagen interior del palacio, con sus piletas, sus banquetes, y sobre todo las gordas inmensas y sus orgías. Creo que esos elementos rinden mucho desde el punto de vista visual. “Colores peligrosos” sería también un gran candidato para una adaptación. Algo muy colorido, mucho arte, muchos colores y mucha frescura. Luces del Sur, si lo pensara en cómic, me gustaría algo tipo Alberto Breccia, algo pictórico, delirante, fragmentado. “La Visión del Paraíso” es otra aventura, y creo que también rinde visualmente; en ese cuento mi imagen favorita es la lluvia de mujeres azules.





AXXÓN: Che, en uno de los correos que nos intercambiamos, a propósito de la presente, me tiraste una idea que me quedó picando en el área. Vos hablaste de “nostalgia anticipada”. Una idea sencilla, pero muy fuerte. ¿Cómo aplicarías esta idea en un cuento?



PD: Sí, te decía que en el momento en que estoy haciendo algo, o poco después, me gusta pensar en el futuro de esas acciones, y me imagino la perspectiva que tendré después. Y entonces es como si tuviese ese sentimiento de nostalgia pero de un modo anticipado. Por ejemplo, mientras participo de la movida de las revistas de ciencia ficción y fantasía, me siento feliz en el momento actual, pero también puedo imaginar la felicidad que experimentaré dentro de veinte o treinta años, cuando me encuentre con un amigo o amiga en la mesa de un bar y recordemos todo ese tiempo con una mezcla de melancolía y ternura. A veces la gente no valora lo que está viviendo, no se da cuenta que tiene muchos motivos para ser feliz; yo trato de disfrutar las cosas, y también disfruto de esa “nostalgia anticipada”; eso también tiene que ver con valorar lo que nos pasa. Soy muy feliz escribiendo y participando de las revistas y las antologías, y conociendo escritores y editores de otros países, es algo muy lindo. No he pensado en la “nostalgia anticipada” como tema de un cuento, pero puedo decirte que algo parecido a eso —ver el mundo desde otra perspectiva— seguramente influyó en mí cuando estaba escribiendo “El Regreso de los Pájaros”. En ese trabajo, durante el proceso creativo, me sentí particularmente permeable, sensible a la propia ciudad en la que me estaba moviendo. Sentía una felicidad sosegada, melancólica, una cosa muy extraña que muchas veces, mientras iba en el ómnibus o caminado, hacía que me sintiera como en una nube. Más allá de eso, últimamente he notado que el tema del tiempo ha estado en mi cabeza y se ha metido en varios cuentos. Incluso en uno de ellos me referí a una experiencia personal… Fui a visitar a un amigo a la casa, y en determinado momento fui al fondo y vi que las macetas del patio, que antes estaban llenas de flores, ahora no tenían ninguna, y encima estaban herrumbradas. Y todo tenía un aire de abandono muy significativo. La madre de mi amigo había fallecido y era ella la que se ocupaba de las plantas. Lo que me sucedió es que al ver esas simples plantas abandonadas, yo comprendí lo que significaba el tiempo. Puedo pensar en el tiempo pero en ese momento lo que hice fue interiorizar el concepto. Me di cuenta de que todas las cosas están cargadas de tiempo. Sentí la fugacidad del ser humano. Los objetos que están en nuestra casa, la propia casa, y hasta nosotros mismos, vamos a desaparecer. Esa también es una buena razón para valorar cada día de nuestra vida, para no postergar, para darnos cuenta de que la felicidad no está sólo al final del camino, sino en cada momento.





AXXÓN: Llegó el final. No me queda más que agradecerte en nombre de la Redacción de Axxón (y en especial en el mío propio) tu buena voluntad y las ganas que le pusiste a esta entrevista. Un abrazo grande. Son tuyas las últimas palabras.



PD: Solo tengo palabras de agradecimiento, para Eduardo Carletti por haberme invitado, para toda la gente —visible e invisible— que hace posible la existencia de Axxón, y en especial para vos por el trabajo a conciencia que hiciste. De periodista a periodista quiero felicitarte porque realizaste una gran labor. Me sentí muy cómodo en todo momento, y eso fue determinante para que me aflojara y contara cosas que por ahí no estaba en mis planes contar. Por otra parte, si bien partías de determinadas preguntas, siempre estuviste atento a mis respuestas para poder hacer nuevas preguntas, y eso enriqueció mucho la entrevista. Un abrazo grande y hasta siempre.





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Axxón 230 – mayo de 2012

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Entrevistas (2)


  Entrevista para revista Otro Cielo núm. 12-abril 2011

Pablo, vamos por partes. Contame cómo descubriste la literatura (a qué edad, con qué libros, etc.), y cuando empezaste a escribir, aunque fuera sólo por hobbie.

Entré en la literatura de un modo ingenuo: tenía once años.  A esa edad decidí que quería ser escritor. Me acuerdo que en las fechas patrias nos mandaban hacer una redacción; la mitad de las veces elegían la mía y supongo que eso me motivó.
A esa edad leía historietas y los libros que me prestaban en la escuela. Y miraba las películas que daban en la televisión, y luego en el cine. También dibujaba historietas y hacía “películas” con una caja de zapatos, un par de barillitas de madera y un rollo de papel. Y escribía alguna poesía, cuentos de ciencia ficción, y una serie épica y fantástica que era una mezcla extraña con personajes que tenían nombres en latín. Había filosofía y violencia, porque por aquel entonces la serie Kun Fu, con David Carradine, me había demostrado que esa fórmula funcionaba, jajajaja.
Después vino el liceo y ahí conocí a muchos autores que me  gustaban como Bradbury, García Márquez, Cortázar, etc. Leía la revista Nueva Dimensión, y la Biblioteca Universal de Misterio y Terror que salía en los kioscos. Muchas antologías de cuentos, lo que me permitía después buscar algo más de esos autores.
En el liceo aprendí cosas interesantes, prestaba mucha atención a lo que se decía en literatura, tomaba nota mental de todo lo que me interesaba. Interioricé conceptos que mantengo hasta hoy. Años más tarde, cuando estudié periodismo y profesorado de literatura reforcé algunas de esas ideas, aunque como es lógico cuestioné otras. El surrealismo me gustó mucho, y eso también influyó.



En tu libro, próximo a salir, hay 10 cuentos. Aproximadamente cuántos relatos tenés escritos, y contame cómo fue cambiando tu forma de abordar la escritura, en temas, estilo, extensión y qué influencias te hicieron en algún momento repensar tu propia producción.

No sé cuántos relatos tengo escritos, muchos se perdieron, otros son tan viejos que no me animaría a publicarlos. Pero escribo relatos desde los once años. Quizá, con suerte,  terminando algunos inconclusos y corrigiendo otros, podría llegar a una cifra de 30 cuentos aceptables. Pero lo que pasa es que me gusta seleccionar, entonces probablemente dejaría la lista en 20. Considero que el escritor debe publicar lo mejor. Hay tipos que se creen iluminados y piensan que la humanidad debe leer sí o sí todo lo que escribieron. Hay que respetar al lector, es una idea que mantuve a lo largo de los años.
Respecto a los temas...Bueno, con la perspectiva de los años me doy cuenta que mis relatos giran en torno a una idea. Para decirlo con palabras de Breton: “La existencia está en otra parte”. Y luego, las vías de trascendencia serían: la muerte (la más obvia de todas), el sexo, el arte y la locura. Eso en términos generales.
Tengo mis ideas respecto a cómo escribir, pero es algo absolutamente personal. Pienso que cada uno debe seguir su propio camino y respetar al que hace algo diferente. Lo que funciona para una persona no necesariamente debe funcionar para otra. Hay obras geniales de diferente signo, y es bueno reconocerlas si uno tiene amplitud de criterio.
Hace un tiempo, en mi blog publiqué un artículo en el que me refería a narradores “escritores” y “artistas”. Aclaro algunas cosas: No es una separación tajante, puede darse con matices. Es solo un modelo que debe tomarse con pinzas. Segundo: no implica una diferencia de calidad entre un tipo y otro, se refiere más que nada a características y procedimientos. La escritura del artista es más visceral, arriesgada, personal. Y de repente no escribe con la misma frecuencia que lo hace el “escritor”, porque tiene que sentir la necesidad de hacerlo. Al final, por ese carácter visceral, uno descubre en el artista temas recurrentes, obsesiones; porque mientras un escritor se concentra en una novela o un cuento, el artista debe concentrarse en sí mismo; de algún modo él es su propia obra. Yo me siento más identificado con el modelo artista, y creo que eso es bastante común en mercados donde los escritores no viven de la literatura. Los que se afilian (aún sin saberlo) al modelo artista, tienen claro que la literatura no viene de la literatura, sino de la vida.  Y si  no tienen miedo de bucear en su propio inconsciente, mejor.
Eso respecto a los temas: no he notado cambios, sino al contrario, obsesiones. En lo que se refiere a estilo he mantenido una idea a lo largo de los años, aunque no siempre la concretaba con la misma habilidad, desde luego. Siempre pretendí hacer cuentos entretenidos, fluidos, y al mismo tiempo profundos y con pequeños toques de poesía en  momentos en  que lo juzgara necesario. Es una afirmación en cierto modo paradojal, porque son cosas en apariencia opuesta, y plantea la siguiente cuestión: ¿cuál es el punto de equilibrio? Considero que todos tenemos un punto de equilibrio distinto, y que eso de algún modo es lo que sirve para diferenciarnos, y por eso mismo se relaciona con el estilo. Hay cosas que siempre traté de tomar en cuenta, el orden en que las pongo no implica la importancia que les doy, y todo lo que digo no debe interesar más que como una opinión subjetiva. Estoy absolutamente en contra de “legislar” en materia de literatura. Es más, hacé de cuenta que estoy pensando en voz alta, porque seguramente olvide decir muchas cosas, pero bueno, aquí vamos...
Los relatos deben ser entretenidos. No tengo ningún derecho a mantener a un lector de reen para que después de 200 páginas él piense que la cosa comienza a ponerse interesante.
El primer lector soy yo, me desdoblo, y me pongo en la piel de los lectores. No apunto a un lector general. Escribo para los lectores que tienen gustos similares a los míos.
El estilo debe ser fluido, porque me interesa contar una historia. Los recursos poéticos no pueden ser nunca decorativos, sino funcionales. La poesía sirve para decir cosas que de otro modo no podrían decirse. Es muy útil para sugerir antes que decir, y para establecer terrenos ambiguos o nebulosos que pueden ser muy útiles para los fines que me propongo en ciertos cuentos fantásticos.
No todos los cuentos son iguales. Si escribo un cuento de aventuras, con acción, voy  a utilizar en mayor medida una escritura despojada, si en cambio quiero crear un clima determinado probablemente la narración se torne más densa y recurra a cierta poesía. En este sentido Luces del Sur y Colores Peligrosos son cuentos muy distintos, por ejemplo, pero yo siento que en ambos puse muchas cosas personales.
Prefiero los cuentos que admiten varios niveles de lectura. Me gusta la profundidad, pero hay algo que para mí es fundamental: la filosofía, el pensamiento profundo del tipo que sea, no debe estar mayoritariamente en la superficie del relato, porque lo arruinaría. En la superficie va la anécdota, la historia, que por sí sola debe ser lo suficientemente entretenida, y abajo, para los que quieren hacer una lectura más profunda, determinadas ideas o conceptos. Esto lo fui aprendiendo de a poco, cuando empecé a escribir relatos con cierto simbolismo tenía alrededor de 16 años, y obviamente era mucho más obvio, menos sutil que ahora.
Tengo un amigo que una vez, en una entrevista que le hice, me dijo que después de escribir varios libros había decidido dedicarse a la pintura. Decía que en la pintura podía encontrar la belleza, ya que la literatura no le permitía eso porque no podía desprenderla de lo humano. Es una afirmación personal, y nadie puede decir que esté bien o mal, pero, en lo que a mí respecta, yo creo que en la literatura puede encontrarse la belleza. Y me encanta la posibilidad de hacerlo. Esto nos podría arrastrar hacia un debate relativo a lo que es la belleza...Pero no pretendo llegar tan lejos. Solo puedo remitirme a determinadas imágenes o momentos que el lector puede encontrar en mis cuentos. En mi caso se relaciona mucho con lo visual.
Respecto a la extensión... mis cuentos se están haciendo más largos. Tal vez eso me lleve a escribir una novela, o más probablemente novelas cortas, no lo sé con seguridad ahora.
Pienso en la literatura como en un arte, mucho más que un oficio.

Me gustaría que habláramos puntualmente de la génesis de los cuentos que aparecieron en Otro Cielo. Que me cuentes, en la medida de lo posible y de lo que recuerdes, cómo surgieron las ideas y cómo fuiste desarrollando: La venganza de los niños,  Los festejos del fin del mundo y Luces del sur.

 La venganza de los niños la escribí en el 2000, en diciembre, cerca de navidad, así que probablemente el argumento me llegó entero, y además difícilmente podría ser de otra manera porque tiene apenas una página de extensión. Pero es un relato que me dio muchas satisfacciones. Es un enano abridor de puertas. Lo utilizo para llamar la atención de los editores de revistas. Como es bien corto sé que lo van a leer, y luego si les gusta puedo enviarles otros relatos. Hasta ahora ha cumplido muy bien su función.
Los Festejos del Fin del Mundo lo escribí en 1996. Su génesis fue mucho más complicada...Un día, de 1996, cuando tenía 26 años, abro el baúl que mi padre me hizo cuando yo era niño (es enorme, cabe un muerto y tiene detalles muy buenos), y saco unas hojas de cuaderno escritas con lapicera. Eran fragmentos de un cuento que nunca llegué a concluir. Tomo las partes que me sirven, descarto las otras, junto eso con otros fragmentos más recientes y, en ese momento, se me ocurre una historia que no tenía nada que ver con la original. De pronto me maravillo de que cosas que aparentemente no tienen nada que ver comiencen a fundirse en una misma historia. Es un caos organizado, y el resultado es sorprendentemente fresco y poderoso. No era la primera vez que juntaba fragmentos dispersos, pero nunca, hasta ese momento, me había convencido tanto el resultado. Fue el primer cuento que publiqué fuera de mi país. Salió dos veces en Argentina, una en Francia y dos en Italia. Creo que lo que me inspiró ese argumento fue la lectura de El mito del Eterno Retorno, de Mircea Eliade, que había leído por aquel entonces. El sentido que las comunidades primitivas le daban a las orgías que se realizaban a fin de año, y como la orgía representaba un llamamiento al caos, para que a partir de ese caos el mundo se regenerara, y el tiempo siguiera su ciclo. Bueno, eso lo llevé, no a una celebración de fin de año, ni de estación, etc, sino del fin del mundo. Esa es una explicación, pero no toda. Ahora me doy cuenta que no podría haber escrito Los Festejos del Fin del Mundo si antes-mucho antes- cuando tenía 16 0 17 años, no hubiese escrito un relato que se llamaba: El poder de los Espejos. Era un caos organizado, con una lógica onírica, todo calculado al detalle, pero demencial...un reloj onírico si me permitís la expresión. Y recuerdo que era muy consciente de eso...la primera prueba es que le puse por título El poder de los espejos; con eso no aludía al argumento, sino a la estructura. La segunda prueba es que poco después de ese relato empecé a escribir un mini ensayo que titulé El modelo Red. Ahí exponía las claves de la escritura de ese cuento, que eran estructurales. Yo no sabía nada de nada, era un pibe que nunca había leído un texto de crítica, pero escribía sin miedo porque nadie me había enseñado a temerle a la literatura, esa es la verdad. Y por eso también podía animarme a teorizar sobre literatura, aun cuando me faltaba bastante para aprender  los trucos del oficio y del arte. En ese mini ensayo establecía que un elemento que aparecía al principio debía aparecer después, porque ahí el lector sentía que cerraba algo, me estaba refiriendo a la construcción de la trama, lo que en el análisis estructural del relato se llama funciones, solo que yo lo llevaba al terreno de lo fantástico-onírico y exponía así la forma de organizar algo aparentemente caótico, por la vía de crear una lógica interna. Y también exponía que el centro del cuento debía ser el tema, y que todas las cosas que aparecieran en el cuento debían ser como flechitas que apuntaran a ese centro. Ese relato era un ejemplo extremo, porque me había propuesto que prácticamente todos los elementos(sustantivos) que aparecían en un momento debían reaparecer. El resultado era demencial en lo argumental y conducía a soluciones de toque surrealista u onírico, pero como a nivel estructural funcionaba muy bien, esa aparente locura quedaba encauzada en un relato complejo. Ahora recuerdo que esa premisa inicial de la que hablaba terminó influyendo también en el estilo de ese cuento. Sí, cerca del final, cuando el protagonista está a punto de chocar su auto y morir, y en lugar del freno pisa el acelerador, pensé que tenía que hacer algo que transmitiera esa aceleración. Y entonces empecé a agregar frases compuestas únicamente de un artículo y un sustantivo, por ejemplo: “El padre. El miedo. La bruja. El ciego. El miedo. La perdiz. La Bruja. El perro. El padre...”etc.  Todo punto y seguido. Pensaba en espejos, en imágenes de un videoclip. Eran todas las cosas que estaban en la mente del conductor del vehículo, y que ya venían siendo mencionadas.
Ya en aquella época había tomado la costumbre de construir historias con elementos simbólicos, esto, con más o menos frecuencia, lo mantuve hasta el día de hoy. De hecho, antes de El poder de los espejos ya había escrito otros relatos de corte onírico y simbólico. Con los años, todo eso habría de repercutir en la creación de un concepto que denominé: “Cabalgar la locura”. Básicamente se refiere a la creación de cuentos fantásticos arriesgados, oníricos, etc., pero que no se agoten en lo meramente experimental, sino que además funcionen como cuentos.
Bueno, respecto a Luces del Sur...es un cuento que a mucha gente le puede resultar muy violento, y con razón. Si alguien leyera solo este cuento mío se llevaría una opinión no del todo exacta, porque he escrito cosas muy distintas, y algunas con cierta dosis de ternura inclusive. Lo que sí une a este cuento con otros es la idea del sexo como vía de trascendencia. Ese concepto aparece en varios cuentos. Desde el punto de vista estilístico intenté un acercamiento poético. Sería facilísimo hacer un cuento de un humor chabacano y pornografía con un argumento así, por eso tuve en claro desde el comienzo que, más allá de las cosas que pasaran, el estilo iba a ser muy cuidado.
No quiero adelantar más porque estaría revelando aspectos argumentales del cuento, pero, si después de leerlo alguien está interesado en su génesis, pueden ver el siguiente artículo que escribí en mi blog: http://pablodobrinin.blogspot.com/2010/02/sexo-bizarro.html
Ahí me refiero en detalle a Luces del Sur, y otros cuentos como Los Festejos del Fin del Mundo y Blue.

Se puede decir que, a esta altura, tu mayor influencia sos vos mismo. Creo que esa madurez artística, en cualquier disciplina, sucede mucho después del momento en que el escritor o artista cree. ¿Cuándo recordás vos haber identificado que habías dado ese salto, que más allá de tus influencias y tus lecturas, Pablo Dobrinin escribía con una voz personal y diferente?

Probablemente por la época que escribí Los Festejos del Fin del Mundo. Si bien venía haciendo cosas personales desde diez años antes que eso, creo que el primer ejemplo aceptable es precisamente Los Festejos... Porque a los 16 yo escribía cosas que no se parecían en nada a lo que leía. Fijate que el surrealismo lo descubrí cuando tenía veintipico. Al día de hoy pienso que no debo publicar esos cuentos que escribí en la adolescencia, porque están muy lejos de la calidad que me impongo. De todos modos fueron cosas importantes para mí, no para otras personas, sino para mí.

Contame un poco de tu investigación sobre Piria. ¿Pensás escribir algún tipo de libro, ensayo o lo que sea con el material que juntaste en algún momento?

Escribí esa investigación en el marco de una serie de ensayos sobre ciencia ficción uruguaya, que se publicó en Axxón. Pueden verlo aquí: http://axxon.com.ar/rev/164/c-164ensayo1.htm
Todavía no tengo nada decidido, si hay alguna propuesta lo veré. Lo que pasa es que cada vez estoy más lejos de los ensayos y más concentrado en escribir relatos. Como la mayoría, yo no vivo de la literatura y el tiempo que tengo para escribir es muy limitado, y si tengo que elegir prefiero crear relatos. Eso es lo que me da más felicidad.

¿Sos de leer también más cuento, o novela? ¿Cuántas veces intentaste con la novela, aún si fueron intentos fallidos?

Un par de veces, y no me convencieron los resultados. Leo más cuento, desde luego.

¿Es más difícil para el escritor perfeccionista abandonarse a los altibajos lógicos de la extensión novelística?

Candal, usted además de todo lo que hace debería ser psicólogo, jaja, entiende muy bien a la gente. Hay algo de eso, sí. Otro tema es que al escribir lo primero que me impongo es no aburrirme, porque si no es muy difícil que el lector no se aburra. Y cuanto más largo es un texto más posibilidades hay de que yo me aburra o de que la gente lo largue antes de terminarlo. Ultimamente estoy sintiendo que la novela corta (o el cuento largo) es una forma que a mí-en lo personal- me resulta atractiva. Porque no me aburre, y me permite  desarrollar  una trama elaborada. Pero convengamos en que, con cualquier extensión, es posible hacer desde algo malo hasta algo genial.

Si bien no hay novelas perfectas, muchos dicen que sí hay cuentos perfectos. ¿Vos encontrás algunos en la literatura en general?
He visto muchos cuentos perfectos, desde el punto de vista estilístico, que me resultan aburridos, olvidables. Y sin embargo, más allá de los cuentos, la literatura general está llena de obras geniales que no son perfectas, como el Quijote, La Divina Comedia, Los Cantos de Maldoror, etc., etc. Pero, bueno, me parece excelente el ritmo en un cuento como El ahogado más hermoso del mundo, de García Marquez, o podemos admirar la perfección de una joyita como Continuidad de los parques, de Cortázar. Pero hay tantas cosas que me gustan-y que le gustan a mucha gente- y que sin embargo están lejos de la perfección... La perfección puede servir para ganar un concurso, pero es la magia creadora la que perdura durante generaciones.

¿Cómo es verte traducido a otros idiomas? ¿Pudiste tener algún feedback de la gente que te leyó en otros países?
El feedback más común es el de las publicaciones online. Por eso no sé mucho, pero desde una página italiana me comentaron que mis cuentos habían gustado, incluso yo mismo vi que alguien había puesto Luces del Sur en una lista de cuentos favoritos. Sin embargo no sé nada de las publicaciones impresas, ni francesas ni italianas. Es la paradoja de las publicaciones online: todos los escritores quieren publicar en papel, pero son las publicaciones digitales las que llegan a más lectores. Pero a mí lo que me preocupa es escribir de un modo que yo quede conforme, el tema de publicar viene después. Además no me condiciono por las publicaciones; primero escribo lo que me gusta y después busco una revista en la que pueda encajar, nunca al revés. Creo que es lo más honesto, para nosotros mismos y para los lectores.

A Cortázar (y muchos otros) le decían que la literatura fantástica es escapismo puro. Sin embargo yo creo que la literatura que rompe las reglas del realismo y el costumbrismo es la única realmente capaz de denotar elementos de realidad, aumentados por el prisma de la metáfora. ¿ Cómo lo ves vos, y en particular en tu obra?
Sí, de acuerdo. Toda mi obra es una exploración de realidades. Interiores y exteriores.

¿Sos consciente al escribir de que muchos cuentos generan diferentes niveles de lectura, es algo que buscás, o se va dando solo y recién tiempo después te das cuenta, cuando te lo  dicen, o en lecturas muy posteriores?
En general soy bastante consciente. Mi preocupación pasa más por el lado de no ser obvio en determinados momentos. Digamos que el relato te llega inmediatamente, pero después, si te ponés a analizarlo, encontrás simbolos y conceptos que están por debajo. A esta altura lo tengo integrado al proceso creativo. Es más, a veces me ha pasado que estoy escribiendo un cuento y me doy cuenta de que no me gusta...o no me entusiasma lo suficiente, y el motivo suele ser la falta de densidad; algo demasiado lineal. Supongo que también tiene que ver con un modo de pensar. Intento llegar a los símbolos de un modo intuitivo, y después, recién después, si me funcionan a ese nivel, es posible que tome un diccionario de símbolos y vea en qué medida me estoy acercando a una tradición interpretativa. Esto me ha pasado muchísima veces, y no es casualidad, porque precisamente, una de las características del símbolo es que es motivado, es decir, no es arbitrario, hay una conexión entre lo representado y la imagen que construimos para representarlo. Entonces está bueno abandonarse al inconsciente y encontrar ahí las imágenes y respuestas. El hecho de acercarnos de un modo tan natural a esa tradición de interpretación, a los mitos, a los arquetipos, a los símbolos, etc., es ya algo muy gratificante. Uno siente que se conecta con cosas a las que pertenece.

Contanos que es el pulp, para los que no saben, y qué buscaste hacer en los dos cuentos de tu libro que toman esta especie de género. ¿Es más fácil o más difícil meterse con lo bizarro y sus límites tan flexibles?

El pulp se refiere a relatos que se comenzaron a publicar a partir sobre todo de la segunda década del siglo XX en Estados Unidos. Pulp viene de “pulpa”, porque eran revistas que se imprimían en papel barato o “pulpa de papel”. Apuntaban a un público masivo y se centraban en aventuras de distintos géneros como ciencia ficción, terror, románticas, policiales, etc. Muchos autores consagrados se iniciaron en ellas.
Cuando decimos pulp, para referirnos a un relato escrito hoy en día, en realidad- y en eso estamos todos de acuerdo- es que tiene un “estilo pulp”. A algunos autores les gusta escribir sátiras de los pulp, pero a mí eso no me motiva. Me parece mucho más interesante intentar hacer un pulp: una aventura bien contada, y punto. Algo entretenido para los lectores, y para mí mismo, yo me divierto mucho con eso. Hay algo ingenuo en esas aventuras, una ingenuidad buscada desde luego, que a mí me motiva. Para mí, escribir ese tipo de aventuras implica conectarme con ciertas zonas más puras, donde la ingenuidad es algo natural y lejos de estar mal vista es lo que le da un sabor especial. Desde otro punto de vista escribir estilo pulp me impone, como escritor, una disciplina. Porque el pulp para mí es transparente, no te podés esconder atrás de un estilo, tenés que contar una historia, y ser entretenido. Y son los lectores los que van a decir me gusta o no me gusta. Más allá de eso, los dos relatos estilo pulp que aparecen en mi libro: El regreso del Capitán Rayo y Colores Peligrosos (que da título) tienen, a pesar del tono ligero, un contenido. En el primero hay una evocación de la infancia y los héroes; y en el segundo una reflexión sobre el Arte, e incluso sobre la violencia y  las conductas humanas a la hora de alinearse a determinados grupos. Pero lo fundamental es que lo hago porque me divierto. Sé perfectamente que ese tipo de relatos difícilmente obtenga por parte de los críticos la misma consideración que otros relatos míos, pero no me importa. Los hago porque en cierto sentido sigo siendo un niño y me gusta jugar. Para mí la Literatura se relaciona con muchas cosas, pero la primera es la felicidad.

Tenés un cuento en el que aparece un gato que es tomado por una suerte de Mesías de las artes plásticas. ¿Cómo hace un autor (sin revelar demasiado los giros argumentales) para saber qué cosas son válidas explosiones de la imaginación y en qué momento se fue totalmente de tema y quedó un pastiche?

A veces puedo parecer medio demencial, je. Pero yo no lo siento así. Primero porque tengo atrás una tradición que arranca con los mitos, las leyendas, los cuentos “maravillosos” o “infantiles”, etc, y que después sigue con cosas muy raras como pueden ser los relatos con ciertos toques surealistas, etc. Más cerca podemos pensar en Levrero o Felisberto Hernández. De modo que desde esa perspectiva no me siento desamparado. Y la otra razón importante es que construyo una lógica interna para el relato. Siempre dejo una llave para el lector, y con eso incluso puedo resultar más accesible que estos autores que te nombré.

En tus cuentos aparece mucho la referencia al artista plástico, al músico, al creador. Notoriamente, no he leído, que recuerde ahora, cuentos tuyos en los que el protagonista sea un novelista, por ejemplo. En tu libro tenés hasta un cineasta. ¿Qué te atrae tanto de la pintura y la música para que sean elementos recurrentes en tu trabajo?

Básicamente porque el arte es una vía de trascendencia.
Y hay más cuentos, que no salen en Colores peligrosos, sobre esos tópicos. En España publiqué en un antología preparada por Domingo Santos un cuento titulado La Isla, que se refiere a un pintor. En Argentina en la revista Próxima salió hace poco un relato largo sobre un pintor, que se llama “La visión del Paraiso”. Ahora mismo estoy corrigiendo un par de relatos: uno sobre un músico, y otro sobre un pintor expresionista. Más allá de lo lúdico, el arte es una forma de conocer. Nos conecta con nosotros mismos, y, en un sentido religioso, puede llegar a conectarnos con la divinidad. Si no fuera por el hecho de que habría quedado un libro demasiado costoso, podríamos haber incluído estos cuentos. Desde el punto de vista temático no habrían hecho otra cosa que reforzar el título de la obra: Colores Peligrosos. A lo mejor en diez o quince años, jaja.

¿Hay un cuento con el que sueñes (no me refiero a un argumento necesariamente, puede ser una forma, un clima, algo que no hayas sabido poner en palabras aún en tu ficción) que sientas que aún no has podido alcanzar?

Si, he soñado muchas veces con escenarios que se repiten. Lugares que nunca vi, pero a los que vuelvo. Y por lo general lo hago volando, extendiendo los brazos, sin alas, sin ninguna máquina, etc. He visto o estado en montes, alguna ciudad...pero lo mejor fue cuando vi un lugar maravilloso que parecía como una serie de templos en una montaña o una meseta. Un lugar precioso, con edificios de reminiscencias griegas o romanas.  Los templos o edificios que vi en esa meseta eran en un paraje grande, espacioso y lo gracioso es que en el sueño yo estaba absolutamente convencido de que era real y que tenía que llevar a mis amigos ahí, porque tenían que ver aquello. Una vez estaba en un parque genial y yo pensaba: “Cuando Paula y Luis vengan a Montevideo los voy a traer acá. ¡Les va a encantar! Otra vez estuve en un templo que era anaranjado y muy brillante, con ese color transparente y luminoso que solo pueden tener los sueños. En algunos sueños he visto colores maravillosos. Una vez un par de mujeres, muy estilizadas, vestidas con túnicas estampadas. Y también vi unas cortinas estampadas, que me hacían acordar a Klimt, pero tenían una cualidad que las hacía mejores. Lo interesante de algunos sueños es que uno tiene la sensación de comprender cosas de un modo distinto a como lo hace en la vida diaria. Uno se siente parte de lo que observa, y esa percepción lo cambia todo.
Una vez soñé con un cuadro, una pintura de girasoles, pero no se parecía en nada a Van Gogh, porque era una cosa más geométrica, más cercana a lo abstracto, y tenía mucho rojo, y una luz y una vida impresionante. Bastaba verlo para enamorarse de ese cuadro. Y entonces cuando me desperté me dije que había sido muy extraño, porque a mi me gustaban las pinturas realistas. Pero a partir de ahí comencé a tener una visión distinta del arte. Y ese cambio de postura-esa ampliación de la visión, mejor dicho- aparece en uno de mis últimos relatos: Colores Peligrosos, precisamente el que da título al libro.

¿Por qué no la poesía? ¿Sos de leer poesía?

Sí, bastante. Me gusta mucho Breton, Maiakovski, Eluard, Desnos, Aragón, Leiris, Ginsberg, etc. Escribí poesía en una época, o en varias. Cosas con muchas imágenes, raras,  o bien más transparentes pero depresivas. Ahora no tengo ganas de escribir poesía, porque en mi caso me conecta con zonas tristes o melancólicas de mi personalidad.

Tenés seguidores por la cantidad increíble e inmensa de revistas, sitios y antologías en las que te han publicado. ¿Cómo se lleva la presión de toda esa gente que estaba esperando la aparición de un libro tuyo?
Jaaaja, Candal, usted me va a ser sonrojar, jaja. En realidad lo único que puedo decir- y quiero aprovechar esta oportunidad para hacerlo- es que estoy inifinitamente agradecido a todas las personas que me apoyaron y me dieron una oportunidad. Editores, traductores, críticos, escritores y lectores. Estoy muy agradecido. La gente que siempre me apoyó creo que ahora también lo va a hacer porque de última ya saben más o menos de qué va la cosa. Lo que me interesa ahora es llegar a gente que no leyó los cuentos de las revistas y las antologías pero que sí puede encontrarse con el libro. Me gustaría que me den la posibilidad de presentarles este libro de cuentos que implica una selección de muchos años de trabajo.

Por último, ¿cuáles son tus planes literarios una vez que “Colores Peligrosos” esté publicado y a la venta y haya que pensar en lo siguiente? ¿Qué podemos esperar de Pablo Dobrinin en este 2011 y más allá?

En principio terminar algunos relatos inconclusos y seguramente empezar otros. Y también una novela o novela corta, pero si  después el resultado no me convence del todo no voy a intentar publicarla. Por eso no me gusta disponer esto o aquello, porque aunque desde el punto de vista técnico escriba una obra correcta puede pasar que no me guste. Porque como dije antes, para mí la literatura es mucho más que un oficio, es un arte.