domingo, 12 de mayo de 2013

entrevista sobre El bosque que crece por las noches







Un Paseo por el Bosque

Sandra Ávila me entrevistó para el sitio Libros Nocturnidad y alevosía :http://www.luisbarga.net/2013/05/cuentos-el-bosque-que-crece-por-las.html. La entrevista fue a propósito del relato El Bosque que crece por las noches (publicado en marzo de 2013 en el número 17 de la revista Próxima, con ilustraciones de Fraga).

De la realidad a la ficción

–¿Cómo nació la idea de escribir El bosque que crece por las noches?

–El bosque que crece por las noches es una de mis historias favoritas. En ella trabajé la idea del bosque como símbolo del inconsciente, y utilicé algunos conceptos surrealistas –el azar objetivo– como coartadas para favorecer la anécdota. Más allá de esto, está inspirada en una historia real que me contó hace como veinte años su protagonista, una muchacha que conocí en el Instituto de Profesores Artigas cuando ambos estudiábamos Literatura. Mi amiga visitaba a un señor mayor en su casa, y éste le mostraba antigüedades y objetos curiosos. Ella encontraba esos encuentros semanales muy estimulantes, casi como una fiesta, hasta que un día el hombre interpretó mal sus intenciones y con torpeza procuró que aquella amistad se transformara en algo más. Eso supuso una rotura brusca y desagradable de la relación. Luego él le pidió disculpas. Tras algunas vacilaciones, ella se las aceptó y volvió a visitarlo un par de veces más, pero ya no fue lo mismo.
El personaje del relato que escribí se parece mucho a aquella muchacha que conocí durante el primer año de Literatura. Era delgada, de pelo largo y negro, le gustaba el surrealismo y Lautréamont, y tenía una personalidad fresca y encantadora. Desde entonces no la he vuelto a ver, pero aun conservo en mi biblioteca un fanzine realizado por ella.
La presencia de los eucaliptos tiene que ver con recuerdos de la infancia. Cuando era niño viví algún tiempo en Playa Pascual y estaba lleno de montes. Había pocas casas y muchos árboles. Recuerdo incluso haber recolectado hongos, visitado alguna casa abandonada y jugado con un primo en eso montes. Hoy en día la mayoría de ellos desaparecieron, y podría llegar a pensar que por eso me tomé revancha y construí un relato lleno de árboles.  Pero tal vez lo hice porque cuando yo era muy chico, las calles que recorría inevitablemente estaban flanqueadas de eucaliptos y esa era la realidad que conocía.

El bosque como símbolo

¿Cuánto tiempo te llevó?

–Bueno, si hablo de la escritura puntual, fueron algunos meses de trabajo, pero si me refiero al proceso mental que la originó debo hablar de tres o cuatro años. La génesis de El Bosque que crece por las noches tiene que ver en gran medida con el modo en que mi mente procesa los cuentos. Los símbolos y los temas se instalan en mi mente y empiezan a dar vueltas, y cuando me doy cuenta tengo tres o cuatro historias en las que aparecen ideas de fondo similares, si bien los argumentos son bien distintos. En este caso lo que venía dando vueltas era lógicamente el bosque. El bosque como símbolo del inconsciente. El inconsciente en sí mismo no es ni bueno ni malo, y esa es una de las características que para mi gusto lo hacen interesante. Había intentado liberar esas ideas en varios cuentos; algunos los terminé y otros fueron quedando como cuentos inconcluso o proyectos. Entre ellos (había más) estaba: un cuento sobre un bosque que crece por las noches y que alguien dibuja en un cuaderno, y otro sobre un hombre que realizaba una serie de fotografías titulada El triunfo de la naturaleza. El triunfo de la naturaleza es una serie de fotografías que en algún momento pensé hacer, porque llegando a mi ciudad yo veía –hasta el día de hoy se puede ver– muchas máquinas abandonadas entre los yuyos y las flores, y también muchos autos convertidos en chatarra, siempre entre la naturaleza, los pastos, las plantas. Y cada vez que veía eso lo interpretaba como un símbolo. Finalmente junté los distintos argumentos en un mismo cuento. Fue una solución arriesgada porque es peligroso volcar tanto contenido en una misma obra, pero el resultado me dejó muy satisfecho. Lo que pasa es que las dos historias se anudan perfectamente: la naturaleza triunfa cuando se ingresa en el bosque, es decir en el inconsciente. Al terminarlo me di cuenta de que había utilizado una estructura similar a la de El regreso de los pájaros: dos personas (cada una con su propia historia) que tienen una conexión especial y terminan compartiendo un mismo destino.
Elegante y fluido

–¿Cómo definirías tu estilo de escritura? (lirica, prosa poética, onírica).

–No todos los cuentos son iguales ni me los planteo de igual modo, pero en general intento que el estilo sea fluido y elegante al mismo tiempo. No me avergüenza decir que valoro el concepto de belleza. En este cuento en particular quedé bastante satisfecho con el estilo, creo que es dinámico y agradable, no te deja indiferente. Soy de la idea de que los recursos poéticos deben utilizarse con mucho sentido del equilibrio y de la oportunidad. También me sirven para trazar líneas subterráneas. Por ejemplo, en un fragmento la pareja avanza hacia una casa abandonada que está cercada por un pastizal, y entonces, para indicar el tamaño de los pastos digo que eran altos como un niño. Lo expreso así no solo para indicar la altura, sino para mostrar que el viaje es también hacia uno mismo. Luego, para mostrar la dificultar que supone avanzar entre esos pastos, escribo: “Era como caminar dentro del agua”. Es mucho más que una comparación de densidades, porque el agua remite a las emociones, a uno mismo, etc. Es un regreso en sentido espiritual. La casa también es un símbolo del ser. Entrar en la casa lo utilicé como un paso previo a entrar en el bosque. El ofidio que encuentran en un auto abandonado tampoco es casual, está asociado al conocimiento que llegará más adelante.
Para mí lo fundamental es llegar a las soluciones narrativas a través de la intuición, y luego redondear conceptos utilizando la razón; pero primero apuesto siempre a la intuición, porque es lo que le va a dar la frescura al relato.

Nuevo libro

–¿Qué tienen en común o de distinto Colores Peligrosos y El bosque que crece por las noches?
–El bosque que crece por las noches perfectamente podría haber estado en el libro Colores Peligrosos, así que hay mucho en común. En todo caso es un cuento especial para mí porque abrí algunos caminos que me interesaba transitar. Hay un estilo de dibujo que parte de ilustraciones típicas de libros infantiles pero introduce luego elementos tenebrosos; bueno, yo intenté algo por el estilo, pero llevado al lenguaje. No es exactamente eso, pero sí me sirvió para pensar y elaborar otras cosas. Y después me interesa el relato por la estructura, que por momentos se parece al montaje cinematográfico; eso fue algo deliberado porque me di cuenta de que así le daba la fluidez que pretendía. Pero, volviendo a tu pregunta, ya tengo casi pronto un nuevo libro de relatos y, aunque los argumentos sean bien distintos, va en la misma línea que Colores Peligrosos. El bosque que crece por las noches va a ser parte del nuevo libro.

domingo, 14 de abril de 2013

El Bosque que crece por las noches

La revista argentina Próxima, en su número 17 correspondiente a marzo de
2013, publicó mi relato El Bosque que crece por las noches. La ilustración de tapa es de Roz, las ilustraciones del cuento son de Fraga.

sábado, 13 de abril de 2013

Reseña



A corazón abierto

Editorial Yaugurú  ha editado dos libros breves que tienen por tema al corazón: “El corazón discurre” de Gabriel Weiss y “Bitácora del corazón roto” de “caf.-”.  La edición evidencia el buen gusto que el Maca le aporta al diseño y ambos cuentan con estupendas portadas, aunque, a juzgar por la escasa exhibición que esta editorial tiene en la mayoría de las librerías, los libreros consideran que lo más bonito son los lomos. Pero vayamos a los textos…
Corazón de poeta
El corazón discurre, Gabriel Weiss, 62 páginas, ilustración de tapa: Luis Eduardo Aute, prólogo de Washington Benavides, Yaugurú, Montevideo, 2011.
Gabriel Weiss (Montevideo, 1961) es profesor de literatura, este es su primer libro.
El poemario parte del concepto que la tradición clásica le daba al corazón. En el canto I de La Ilíada de Homero, leemos: “Tal dijo. Acongojóse el Pelida y dentro del velludo pecho, su corazón discurrió dos cosas…”. El corazón discurre, es decir que piensa, es la sede de la inteligencia, por eso el dibujo de Aute muestra un corazón en el lugar donde debería estar el cerebro. El corazón, de acuerdo con René Guénon, también simboliza el centro del ser. El centro representa la eternidad, es el “motor inmóvil” en torno al cual se desarrolla el tiempo. Precisamente, en el libro de Weiss, el mundo gira en torno al corazón del poeta. Y desde esa eternidad que propone el discurrir del corazón, el pasado, el presente y el futuro se viven desde el ahora. El corazón siempre “es”.
El libro, vívido como los resplandores de una tormenta, está formado por versos libres que empiezan de la siguiente manera: “Mi corazón es…”, a lo que sigue una enumeración: “…Nerón contemplando/Roma envuelta en llamas/ es la estepa soviética/ y es Odín soplando furiosas pesadillas/es la voz de Lou Reed cantando/Romeo y Julieta en la calle Austria”. Este esquema se repite a lo largo de todo el libro. El uso del gerundio y del verbo “ser” hacen sentir el impacto actual de todas las acciones. Si como creemos, la obra de una artista lleva implícita una visión del universo, hay que admitir que estamos frente a un ejemplo extremo. De algún modo, el libro plantea la realización máxima que puede concebir un poeta: que ese universo pase por su obra. La historia, la mitología, los recuerdos personales, y las raíces familiares se resuelven en una experiencia totalizadora que devuelve al individuo el sentimiento de pertenencia a lo único e indivisible: “camino abajo camino arriba/mi corazón es siempre uno y el mismo”. La unicidad se advierte también en unos versos explícitos como: “Mi corazón”… “es una grieta por donde/se filtran los días por venir/es un pozo donde emiten/sus últimos destellos/ los días que pasaron”.
A veces hay una correspondencia entre el sentir del alma y el discurrir del corazón. (Mi corazón)… “es una lámpara de aceite/ que alumbra débilmente mi alma”; “Mientras tanto mi alma se sacude/como una camisa colgada de un alambre”. Es de agradecer que los versos no sean simples enumeraciones, ya que, como vemos, se ponen en juego variados recursos poéticos; metáforas, imágenes, comparaciones, personificaciones, etc., que nos deparan bellas sorpresas. “Mi corazón”, señala el poeta de un modo elegante, “es un jazmín que ha florecido/mientras marzo se extingue/ como el fuego en un bosque”.
Corazón herido
Bitácora del corazón roto, “caf.-”, 6º páginas, ilustración de tapa: Alfonso Lourido, Yaugurú, Montevideo, 2012.
“Caf.-” (Montevideo, 1975) es el pseudónimo de Christian Arán; en el 2007 publicó su primera novela: 14 mAh. “Bitácora…” es su segundo libro.
Aquí el sentido del corazón tiene que ver con el que le otorgamos habitualmente; remite a lo afectivo. El relato es no lineal y está estructurado en pequeños capítulos que se leen como microrrelatos y que a veces, con ligeras variaciones, se repiten a los largo del libro. El orden de las partes es intercambiable, y uno puede abrir el libro en cualquier página, porque lo que importa es la huella que esos textos pueden dejar en nosotros. Es una obra que navega entre el humor negro, el absurdo, una cuota de surrealismo controlado y la alegoría. Hay personajes que se repiten, con historias que se alternan: un hombre que se pasea con los pedacitos de su corazón en el bolsillo, un hada que se complace en destruir el corazón de un querubín, un falso mesías que en el escenario de un teatro sostiene en alto su corazón sangrante, un capitán de barco y su tripulación, un masoquista que genera encuentros lujuriosos, y hasta un escritor. Todos los personajes podrían ser el mismo, los límites son difusos. La estructura es espiralada y ofrece muchas posibilidades creativas. Lo que subyace a todas estas historias, es una ciudad en la que los colores están prohibidos. Así, la obra de “caf.-” funciona como una metáfora del dolor (representado por el corazón”) al que un individuo se expone en una ciudad gris que intenta anularlo. En ese mundo gris “la vida va en círculos”. Seguramente el lector se sienta tentado de asociarlo con su propia ciudad. Es sintomático que en este medio el promotor del placer sea precisamente “el masoquista”. El texto está escrito con corrección y avanza a golpes de ingenio.
Libros infinitos
Hay obras que se presentan como piezas de relojería; cada parte es insustituible y está en el lugar exacto. Otras en cambio se parecen más a sistemas abiertos. Los dos libros de Yaugurú, convenientemente breves, pertenecen a este último tipo: podrían acortarse e incluso prolongarse indefinidamente. Ambos, de algún modo, se sitúan más allá del tiempo y sugieren posibilidades infinitas. El propio Weiss contaba en una entrevista que había trabajado en su libro durante años, pero el mismo día de llevarlo a la imprenta no pudo resistir la tentación de agregar unos versos.
                                                                                            Pablo Dobrinin
                                     (publicado en La Diaria el 4/4/2013)

martes, 19 de marzo de 2013

Oscar Larroca



El Cuerpo Abierto
Oscar Larroca XVI Premio Figari, autores varios, Museo Figari, DNC, MEC / BCU, 96 páginas, Uruguay, 2012.


La publicación de libros de arte  suele estar regida por una ley no escrita bastante perversa. Salvo excepciones, a menos que un artista esté muerto o haya entrado en la tercera edad, nadie se acuerda de él. El arte pictórico es ejemplar en este aspecto. No solo no se editan libros sobre un artista determinado, sino que los libros que se han escrito sobre la historia de la pintura uruguaya, han resultado indiferentes a las nuevas generaciones. Una vez un librero me comentó que cuando un turista le pedía alguna publicación que le permitiera conocer a los pintores nacionales, a él le daba vergüenza. Parecería que después Blanes, Figari, Barradas, Torres García, Cúneo, Gurvich, Espínola Gómez,  y poco más, el arte ha desaparecido. Esto no solo es nocivo para un pintor en particular, sino para la comprensión del fenómeno artístico considerado como expresión de un tiempo y una sociedad. Lo que está pasando uno puede encontrarlo a lo sumo en exposiciones, galerías y concursos, pero escasamente en los libros. Un incidente político puede tener, en cuestión meses, un libro que lo documente, pero un artista debe esperar años, demasiados años, y a veces ni siquiera la muerte basta para rescatarlo del olvido.


Por eso mismo la labor que está emprendiendo el Museo Figari en asociación con el Banco M.E.C. y el B.R.O.U., es más que bienvenida. Entre los libros que integran su catálogo se encuentran  varios sobre la obra de Pedro Figari y uno sobre su hermano Juan Carlos Figari Castro. Pero, además de esto, y acá viene lo más interesante, a partir del 2010 el museo comienza a editar a los ganadores del Premio Figari, que distingue a artistas actuales. En el 2010 la ganadora fue la fotógrafa Diana Mines, en el 2011 Oscar Larroca, y en el 2012 el artista plástico Marco Maggi.

El jurado de la edición número XVI del Premio Figari, compuesto por Jorge Abbondanza, Águeda Dicancro y Tatiana Oroño, decidió premiar a Larroca en consideración a la solidez de su labor artística y docente en treinta años de trayectoria.
El libro “Oscar Larroca XVI Premio Figari”, catálogo de la muestra realizada en el propio museo,  incluye numerosas reproducciones a todo color y recoge textos de Mario Bergara, Hugo Achugar, Pablo Thiago Rocca, Magalí Sánchez Vera, Pedro da Cruz, Jorge Abbondanza, Águeda Dicancro y Tatiana Oroño.


En esta publicación el lector podrá encontrar una biografía del autor, una entrevista y una introducción a  sus técnicas y motivos, dando cuenta de sus trabajos en dibujo, pintura, fotografía, performance, body art, etc.
En la “Cronología” de Larroca, elaborada por Magalí Sánchez Viera, el lector asiste a sus difíciles comienzos, que de algún modo también ejemplifican las cotidianas paradojas de muchos otros artistas. Así, en 1981, dando muestras de un talento insólito para sus 18 años de edad, es premiado en concursos de Cinemateca Uruguaya y Galeria Latina, al tiempo que expone en sitios de prestigio como el Teatro Solís y viaja a la Bienal de San Pablo. En ese mismo año, Larroca se gana la vida vendiendo palanganas de plástico puerta por puerta. Este y muchos otros apuntes ilustran los azarosos comienzos y su militancia en el arte y la política, hasta llegar a tiempos más dulces como las becas que obtiene para estudiar en la Sorbona, los numerosos premios, su trabajo docente, la publicación de sendos libros de ensayo -sobre el erotismo en el arte y sobre su amigo y mentor Manuel Espínola Gómez-,  y finalmente el reconocimiento de sus pares, del público y de la prensa. No podía faltar la mención a la célebre muestra de 1986 que fuera censurada por el intendente Jorge Luis Elizalde bajo el pretexto de que agredía la sensibilidad y la “moral media” de los espectadores. Episodio que, más allá de las intenciones del intendente, sirvió para desatar encendidas polémicas, promover gestos de solidaridad hacia el artista, y otorgarle una visibilidad extraordinaria en los medios.

Oscar Larroca recoge influencias del cómic, las series televisivas, la cultura popular, los libros de anatomía y sus cortes quirúrgicos, las carátulas de discos de rock de los 70, etc. Tiene una postura crítica en sus trabajos, no solo frente a la dictadura (visible en dibujos como “Once años de un día cualquiera”) sino frente a la sociedad de consumo en general. Reniega de la objetividad y, a pesar de un trazo a menudo hiperrealista, su obra muestra las facetas que el ser humano o el sistema se empeñan en ocultar. Suele apelar a la fragmentación y a lo simbólico, y le preocupa el mensaje y su eventual manipulación. En “Bienvenidos a la máquina” (acetato y fotografía) vemos un pie dividido en 18 imágenes. En algunas de ellas las partes del pie se ven normales, en una el dedo mayor muestra una rotura, en otra hay símbolos sobre la piel como una pipa que nos recuerda precisamente a Magritte y a los problemas de la representatividad.

Un ejemplo del uso inteligente que el pintor hace de la violencia es “Anacrónica muerte…la de Lorenzo”, primer premio en el concurso “Almanaque INCA 1988”. En este grafito el famoso personaje de cómic de “Lorenzo y Pepita” aparece atado con cuerdas, tiene los ojos vendados y está sangrando (la sangre es lo único en color). El fin de la infancia, el lado oscuro de un modelo y hasta las torturas aplicadas por un régimen pueden ser modos de interpretarlo. Pero lo fundamental es que las obras de este artista trascienden las coyunturas históricas, ya que su mirada, más que política, es ética.

Si bien la propuesta de Larroca es muy rica, la mayoría de su trabajo pasa por el cuerpo. El cuerpo considerado como texto, como territorio. Una piedra de Rosetta para acercarnos a su universo creativo es la serie fotográfica “Siete platos”. En ella vemos las piernas y la vagina de una mujer, y un plato blanco frente a esta última. Lo que va cambiando en la serie es el contenido del plato; en el primero aparece un trozo de torta, en el segundo una costilla cruda de vaca, en el tercero hay sobras, en el cuarto hay un huevo de gallina, en el quinto el plato está roto, el sexto plato es un espejo, el séptimo no tiene nada y la mujer aparece con una bombacha blanca. De ese modo, queda claro que Larroca utiliza el cuerpo como vehículo expresivo. El cuerpo puede estar ligado al placer, pero también al consumo, al descarte, a la reproducción, a la violencia, a la identificación, o a la censura.
Por otra parte, tampoco el erotismo debe ser tomado a la ligera. Ni siquiera en un grafito sobre papel titulado “La cena”, en el que una mujer acerca su lengua a una forma fálica. En contraste con el rostro hiperrealista de la mujer, el falo solo exhibe su contorno, dando a entender que el tema no pasa por el sexo, sino por la representación del deseo. Para Larroca, como también lo fue para los surrealistas, el erotismo debe ser comprendido en su dimensión moral, como un arma contra la hipocresía y la esclavitud del pensamiento.

                                                                                Pablo Dobrinin
                                                                (publicado en La Diaria en marzo del 2013).







miércoles, 2 de enero de 2013

Entrevistas (5)


Entrevista realizada por Juan Manuel Candal para el blog de entrevistas a escritores Buenos Muchachos.

Entrevista realizada por Juan Manuel Candal, agosto del 2012.
1/ ¿Cuál es la literatura del siglo XXI?

Hay una tendencia hacia la disolución o fusión de los géneros, hacia la disolución de la estructura, pero también sobreviven los formatos clásicos. Todo permanece y  de alguna forma se puede  aprovechar, reciclar, etc. Hay una suma, no un descarte, y eso es lo que para mi gusto define estos tiempos .  Desde esa perspectiva estamos viviendo una época excelente.

2/ Un autor hoy. Un libro. Una frase.

Me gustó La Rosa encarnada, de Paula Ruggeri. Es un delicioso libro de poemas que utiliza, en gran medida, la mística caballeresca como metáfora. A través de pequeñas leyendas e historias contadas en verso, la autora nos demuestra que los temas medievales, épicos (e incluso bíblicos), lejos de restringir las posibilidades expresivas, son un puente ideal para abordar sentimientos profundos que están más allá de cualquier época o región. Es un libro vital, ante todo porque su autora cree en el poder transformador de la poesía, lo que le permite afirmar cosas como: "Yo escribí la historia".
Un verso de ese libro: Mi patria está en la punta de mi espada. Hay otro que también me parece impactante: Nadie más que una mujer puede escribir el cielo.
En narrativa me gustó Nadie recuerda a Mlejnas, del inefable Ramiro Sanchiz. Un ejemplo de literatura actual, con un ritmo que siempre elogié.

3/ ¿Qué ritual o método te ayuda a escribir? ¿Varía entre cuentos y novelas?

Prefiero el silencio, nada más. A veces me tienta la música, pero me concentro mejor en silencio. La música puede hacernos creer que logramos un clima determinado en el relato, cuando en verdad lo que sucede es que ese clima lo está dando la propia música. Por eso, la única forma de saber si está saliendo lo que quiero, es leerlo sin que nada me perturbe. La realidad del cuento debe ser la única importante.
4/ ¿Qué sentiste al publicar un cuento por primera vez? ¿Y tu primera novela?
Una gran alegría, siempre es una gran alegría. De algún modo publicar te puede dar confianza . Pero lo importante es escribir algo que valga la pena, y  no publicar cualquier cosa.

5/ ¿Cuánto material –cuentos, novelas sin terminar, etc.- están condenadas a no abandonar la PC?

Bastante, pero está bien que así sea. A veces utilizo cosas viejas, las fundo con otras, etc. De dos o tres cuentos puedo hacer uno. Eso puede llegar a convertirse en algo muy creativo, lleno de ideas. Me gusta hacer eso, siempre y cuando pueda mantener la armonía. Aunque estoy abierto a todas las expresiones debo reconocer que en el fondo soy un escritor clásico.
6/ ¿Qué te falta para ser el escritor que querrías ser?
Escribir más. Seguir produciendo, siento que estoy haciendo lo que quiero, y que sólo necesito sumar más relatos.

7/ ¿Cuánto sabés de una novela o un cuento antes de empezar a escribirlo?

Intento saber bastante,  pero por lo general me gana la impaciencia y comienzo antes de tener absolutamente todo delineado. Lo que me importa es el resultado final y no tengo reparos en hacer cambios. Eso sí, cuando hago un cambio, tengo que ver cómo repercute esa acción en la totalidad. La literatura es un arte no un paseo.
8/ ¿Qué separa a un buen escritor de uno mediocre y de uno excelente?
La capacidad de crear la vida en el relato. Hacer arte. Ir más allá del oficio. Los caminos pueden ser muchos.

9/ ¿Qué libro querrías escribir pero hoy te resulta imposible?

Cómo me convertí en millonario.

10/ ¿Qué autores encontrás con preocupaciones o miradas sobre el mundo parecidas a la tuya?

No, la verdad que no encontré. Pero mejor así, porque si no sería aburrido, además quizá eso me hubiese hecho desistir de escribir. Si alguien dice lo que yo voy a decir, ¿para qué debería molestarme? Mark Twain lo dijo con su inapreciable humor: ¿Qué sentido tiene pasarse seis meses escribiendo una novela cuando podemos conseguirla en una tienda por dos dólares?