miércoles, 2 de enero de 2013

Entrevistas (2)


  Entrevista para revista Otro Cielo núm. 12-abril 2011

Pablo, vamos por partes. Contame cómo descubriste la literatura (a qué edad, con qué libros, etc.), y cuando empezaste a escribir, aunque fuera sólo por hobbie.

Entré en la literatura de un modo ingenuo: tenía once años.  A esa edad decidí que quería ser escritor. Me acuerdo que en las fechas patrias nos mandaban hacer una redacción; la mitad de las veces elegían la mía y supongo que eso me motivó.
A esa edad leía historietas y los libros que me prestaban en la escuela. Y miraba las películas que daban en la televisión, y luego en el cine. También dibujaba historietas y hacía “películas” con una caja de zapatos, un par de barillitas de madera y un rollo de papel. Y escribía alguna poesía, cuentos de ciencia ficción, y una serie épica y fantástica que era una mezcla extraña con personajes que tenían nombres en latín. Había filosofía y violencia, porque por aquel entonces la serie Kun Fu, con David Carradine, me había demostrado que esa fórmula funcionaba, jajajaja.
Después vino el liceo y ahí conocí a muchos autores que me  gustaban como Bradbury, García Márquez, Cortázar, etc. Leía la revista Nueva Dimensión, y la Biblioteca Universal de Misterio y Terror que salía en los kioscos. Muchas antologías de cuentos, lo que me permitía después buscar algo más de esos autores.
En el liceo aprendí cosas interesantes, prestaba mucha atención a lo que se decía en literatura, tomaba nota mental de todo lo que me interesaba. Interioricé conceptos que mantengo hasta hoy. Años más tarde, cuando estudié periodismo y profesorado de literatura reforcé algunas de esas ideas, aunque como es lógico cuestioné otras. El surrealismo me gustó mucho, y eso también influyó.



En tu libro, próximo a salir, hay 10 cuentos. Aproximadamente cuántos relatos tenés escritos, y contame cómo fue cambiando tu forma de abordar la escritura, en temas, estilo, extensión y qué influencias te hicieron en algún momento repensar tu propia producción.

No sé cuántos relatos tengo escritos, muchos se perdieron, otros son tan viejos que no me animaría a publicarlos. Pero escribo relatos desde los once años. Quizá, con suerte,  terminando algunos inconclusos y corrigiendo otros, podría llegar a una cifra de 30 cuentos aceptables. Pero lo que pasa es que me gusta seleccionar, entonces probablemente dejaría la lista en 20. Considero que el escritor debe publicar lo mejor. Hay tipos que se creen iluminados y piensan que la humanidad debe leer sí o sí todo lo que escribieron. Hay que respetar al lector, es una idea que mantuve a lo largo de los años.
Respecto a los temas...Bueno, con la perspectiva de los años me doy cuenta que mis relatos giran en torno a una idea. Para decirlo con palabras de Breton: “La existencia está en otra parte”. Y luego, las vías de trascendencia serían: la muerte (la más obvia de todas), el sexo, el arte y la locura. Eso en términos generales.
Tengo mis ideas respecto a cómo escribir, pero es algo absolutamente personal. Pienso que cada uno debe seguir su propio camino y respetar al que hace algo diferente. Lo que funciona para una persona no necesariamente debe funcionar para otra. Hay obras geniales de diferente signo, y es bueno reconocerlas si uno tiene amplitud de criterio.
Hace un tiempo, en mi blog publiqué un artículo en el que me refería a narradores “escritores” y “artistas”. Aclaro algunas cosas: No es una separación tajante, puede darse con matices. Es solo un modelo que debe tomarse con pinzas. Segundo: no implica una diferencia de calidad entre un tipo y otro, se refiere más que nada a características y procedimientos. La escritura del artista es más visceral, arriesgada, personal. Y de repente no escribe con la misma frecuencia que lo hace el “escritor”, porque tiene que sentir la necesidad de hacerlo. Al final, por ese carácter visceral, uno descubre en el artista temas recurrentes, obsesiones; porque mientras un escritor se concentra en una novela o un cuento, el artista debe concentrarse en sí mismo; de algún modo él es su propia obra. Yo me siento más identificado con el modelo artista, y creo que eso es bastante común en mercados donde los escritores no viven de la literatura. Los que se afilian (aún sin saberlo) al modelo artista, tienen claro que la literatura no viene de la literatura, sino de la vida.  Y si  no tienen miedo de bucear en su propio inconsciente, mejor.
Eso respecto a los temas: no he notado cambios, sino al contrario, obsesiones. En lo que se refiere a estilo he mantenido una idea a lo largo de los años, aunque no siempre la concretaba con la misma habilidad, desde luego. Siempre pretendí hacer cuentos entretenidos, fluidos, y al mismo tiempo profundos y con pequeños toques de poesía en  momentos en  que lo juzgara necesario. Es una afirmación en cierto modo paradojal, porque son cosas en apariencia opuesta, y plantea la siguiente cuestión: ¿cuál es el punto de equilibrio? Considero que todos tenemos un punto de equilibrio distinto, y que eso de algún modo es lo que sirve para diferenciarnos, y por eso mismo se relaciona con el estilo. Hay cosas que siempre traté de tomar en cuenta, el orden en que las pongo no implica la importancia que les doy, y todo lo que digo no debe interesar más que como una opinión subjetiva. Estoy absolutamente en contra de “legislar” en materia de literatura. Es más, hacé de cuenta que estoy pensando en voz alta, porque seguramente olvide decir muchas cosas, pero bueno, aquí vamos...
Los relatos deben ser entretenidos. No tengo ningún derecho a mantener a un lector de reen para que después de 200 páginas él piense que la cosa comienza a ponerse interesante.
El primer lector soy yo, me desdoblo, y me pongo en la piel de los lectores. No apunto a un lector general. Escribo para los lectores que tienen gustos similares a los míos.
El estilo debe ser fluido, porque me interesa contar una historia. Los recursos poéticos no pueden ser nunca decorativos, sino funcionales. La poesía sirve para decir cosas que de otro modo no podrían decirse. Es muy útil para sugerir antes que decir, y para establecer terrenos ambiguos o nebulosos que pueden ser muy útiles para los fines que me propongo en ciertos cuentos fantásticos.
No todos los cuentos son iguales. Si escribo un cuento de aventuras, con acción, voy  a utilizar en mayor medida una escritura despojada, si en cambio quiero crear un clima determinado probablemente la narración se torne más densa y recurra a cierta poesía. En este sentido Luces del Sur y Colores Peligrosos son cuentos muy distintos, por ejemplo, pero yo siento que en ambos puse muchas cosas personales.
Prefiero los cuentos que admiten varios niveles de lectura. Me gusta la profundidad, pero hay algo que para mí es fundamental: la filosofía, el pensamiento profundo del tipo que sea, no debe estar mayoritariamente en la superficie del relato, porque lo arruinaría. En la superficie va la anécdota, la historia, que por sí sola debe ser lo suficientemente entretenida, y abajo, para los que quieren hacer una lectura más profunda, determinadas ideas o conceptos. Esto lo fui aprendiendo de a poco, cuando empecé a escribir relatos con cierto simbolismo tenía alrededor de 16 años, y obviamente era mucho más obvio, menos sutil que ahora.
Tengo un amigo que una vez, en una entrevista que le hice, me dijo que después de escribir varios libros había decidido dedicarse a la pintura. Decía que en la pintura podía encontrar la belleza, ya que la literatura no le permitía eso porque no podía desprenderla de lo humano. Es una afirmación personal, y nadie puede decir que esté bien o mal, pero, en lo que a mí respecta, yo creo que en la literatura puede encontrarse la belleza. Y me encanta la posibilidad de hacerlo. Esto nos podría arrastrar hacia un debate relativo a lo que es la belleza...Pero no pretendo llegar tan lejos. Solo puedo remitirme a determinadas imágenes o momentos que el lector puede encontrar en mis cuentos. En mi caso se relaciona mucho con lo visual.
Respecto a la extensión... mis cuentos se están haciendo más largos. Tal vez eso me lleve a escribir una novela, o más probablemente novelas cortas, no lo sé con seguridad ahora.
Pienso en la literatura como en un arte, mucho más que un oficio.

Me gustaría que habláramos puntualmente de la génesis de los cuentos que aparecieron en Otro Cielo. Que me cuentes, en la medida de lo posible y de lo que recuerdes, cómo surgieron las ideas y cómo fuiste desarrollando: La venganza de los niños,  Los festejos del fin del mundo y Luces del sur.

 La venganza de los niños la escribí en el 2000, en diciembre, cerca de navidad, así que probablemente el argumento me llegó entero, y además difícilmente podría ser de otra manera porque tiene apenas una página de extensión. Pero es un relato que me dio muchas satisfacciones. Es un enano abridor de puertas. Lo utilizo para llamar la atención de los editores de revistas. Como es bien corto sé que lo van a leer, y luego si les gusta puedo enviarles otros relatos. Hasta ahora ha cumplido muy bien su función.
Los Festejos del Fin del Mundo lo escribí en 1996. Su génesis fue mucho más complicada...Un día, de 1996, cuando tenía 26 años, abro el baúl que mi padre me hizo cuando yo era niño (es enorme, cabe un muerto y tiene detalles muy buenos), y saco unas hojas de cuaderno escritas con lapicera. Eran fragmentos de un cuento que nunca llegué a concluir. Tomo las partes que me sirven, descarto las otras, junto eso con otros fragmentos más recientes y, en ese momento, se me ocurre una historia que no tenía nada que ver con la original. De pronto me maravillo de que cosas que aparentemente no tienen nada que ver comiencen a fundirse en una misma historia. Es un caos organizado, y el resultado es sorprendentemente fresco y poderoso. No era la primera vez que juntaba fragmentos dispersos, pero nunca, hasta ese momento, me había convencido tanto el resultado. Fue el primer cuento que publiqué fuera de mi país. Salió dos veces en Argentina, una en Francia y dos en Italia. Creo que lo que me inspiró ese argumento fue la lectura de El mito del Eterno Retorno, de Mircea Eliade, que había leído por aquel entonces. El sentido que las comunidades primitivas le daban a las orgías que se realizaban a fin de año, y como la orgía representaba un llamamiento al caos, para que a partir de ese caos el mundo se regenerara, y el tiempo siguiera su ciclo. Bueno, eso lo llevé, no a una celebración de fin de año, ni de estación, etc, sino del fin del mundo. Esa es una explicación, pero no toda. Ahora me doy cuenta que no podría haber escrito Los Festejos del Fin del Mundo si antes-mucho antes- cuando tenía 16 0 17 años, no hubiese escrito un relato que se llamaba: El poder de los Espejos. Era un caos organizado, con una lógica onírica, todo calculado al detalle, pero demencial...un reloj onírico si me permitís la expresión. Y recuerdo que era muy consciente de eso...la primera prueba es que le puse por título El poder de los espejos; con eso no aludía al argumento, sino a la estructura. La segunda prueba es que poco después de ese relato empecé a escribir un mini ensayo que titulé El modelo Red. Ahí exponía las claves de la escritura de ese cuento, que eran estructurales. Yo no sabía nada de nada, era un pibe que nunca había leído un texto de crítica, pero escribía sin miedo porque nadie me había enseñado a temerle a la literatura, esa es la verdad. Y por eso también podía animarme a teorizar sobre literatura, aun cuando me faltaba bastante para aprender  los trucos del oficio y del arte. En ese mini ensayo establecía que un elemento que aparecía al principio debía aparecer después, porque ahí el lector sentía que cerraba algo, me estaba refiriendo a la construcción de la trama, lo que en el análisis estructural del relato se llama funciones, solo que yo lo llevaba al terreno de lo fantástico-onírico y exponía así la forma de organizar algo aparentemente caótico, por la vía de crear una lógica interna. Y también exponía que el centro del cuento debía ser el tema, y que todas las cosas que aparecieran en el cuento debían ser como flechitas que apuntaran a ese centro. Ese relato era un ejemplo extremo, porque me había propuesto que prácticamente todos los elementos(sustantivos) que aparecían en un momento debían reaparecer. El resultado era demencial en lo argumental y conducía a soluciones de toque surrealista u onírico, pero como a nivel estructural funcionaba muy bien, esa aparente locura quedaba encauzada en un relato complejo. Ahora recuerdo que esa premisa inicial de la que hablaba terminó influyendo también en el estilo de ese cuento. Sí, cerca del final, cuando el protagonista está a punto de chocar su auto y morir, y en lugar del freno pisa el acelerador, pensé que tenía que hacer algo que transmitiera esa aceleración. Y entonces empecé a agregar frases compuestas únicamente de un artículo y un sustantivo, por ejemplo: “El padre. El miedo. La bruja. El ciego. El miedo. La perdiz. La Bruja. El perro. El padre...”etc.  Todo punto y seguido. Pensaba en espejos, en imágenes de un videoclip. Eran todas las cosas que estaban en la mente del conductor del vehículo, y que ya venían siendo mencionadas.
Ya en aquella época había tomado la costumbre de construir historias con elementos simbólicos, esto, con más o menos frecuencia, lo mantuve hasta el día de hoy. De hecho, antes de El poder de los espejos ya había escrito otros relatos de corte onírico y simbólico. Con los años, todo eso habría de repercutir en la creación de un concepto que denominé: “Cabalgar la locura”. Básicamente se refiere a la creación de cuentos fantásticos arriesgados, oníricos, etc., pero que no se agoten en lo meramente experimental, sino que además funcionen como cuentos.
Bueno, respecto a Luces del Sur...es un cuento que a mucha gente le puede resultar muy violento, y con razón. Si alguien leyera solo este cuento mío se llevaría una opinión no del todo exacta, porque he escrito cosas muy distintas, y algunas con cierta dosis de ternura inclusive. Lo que sí une a este cuento con otros es la idea del sexo como vía de trascendencia. Ese concepto aparece en varios cuentos. Desde el punto de vista estilístico intenté un acercamiento poético. Sería facilísimo hacer un cuento de un humor chabacano y pornografía con un argumento así, por eso tuve en claro desde el comienzo que, más allá de las cosas que pasaran, el estilo iba a ser muy cuidado.
No quiero adelantar más porque estaría revelando aspectos argumentales del cuento, pero, si después de leerlo alguien está interesado en su génesis, pueden ver el siguiente artículo que escribí en mi blog: http://pablodobrinin.blogspot.com/2010/02/sexo-bizarro.html
Ahí me refiero en detalle a Luces del Sur, y otros cuentos como Los Festejos del Fin del Mundo y Blue.

Se puede decir que, a esta altura, tu mayor influencia sos vos mismo. Creo que esa madurez artística, en cualquier disciplina, sucede mucho después del momento en que el escritor o artista cree. ¿Cuándo recordás vos haber identificado que habías dado ese salto, que más allá de tus influencias y tus lecturas, Pablo Dobrinin escribía con una voz personal y diferente?

Probablemente por la época que escribí Los Festejos del Fin del Mundo. Si bien venía haciendo cosas personales desde diez años antes que eso, creo que el primer ejemplo aceptable es precisamente Los Festejos... Porque a los 16 yo escribía cosas que no se parecían en nada a lo que leía. Fijate que el surrealismo lo descubrí cuando tenía veintipico. Al día de hoy pienso que no debo publicar esos cuentos que escribí en la adolescencia, porque están muy lejos de la calidad que me impongo. De todos modos fueron cosas importantes para mí, no para otras personas, sino para mí.

Contame un poco de tu investigación sobre Piria. ¿Pensás escribir algún tipo de libro, ensayo o lo que sea con el material que juntaste en algún momento?

Escribí esa investigación en el marco de una serie de ensayos sobre ciencia ficción uruguaya, que se publicó en Axxón. Pueden verlo aquí: http://axxon.com.ar/rev/164/c-164ensayo1.htm
Todavía no tengo nada decidido, si hay alguna propuesta lo veré. Lo que pasa es que cada vez estoy más lejos de los ensayos y más concentrado en escribir relatos. Como la mayoría, yo no vivo de la literatura y el tiempo que tengo para escribir es muy limitado, y si tengo que elegir prefiero crear relatos. Eso es lo que me da más felicidad.

¿Sos de leer también más cuento, o novela? ¿Cuántas veces intentaste con la novela, aún si fueron intentos fallidos?

Un par de veces, y no me convencieron los resultados. Leo más cuento, desde luego.

¿Es más difícil para el escritor perfeccionista abandonarse a los altibajos lógicos de la extensión novelística?

Candal, usted además de todo lo que hace debería ser psicólogo, jaja, entiende muy bien a la gente. Hay algo de eso, sí. Otro tema es que al escribir lo primero que me impongo es no aburrirme, porque si no es muy difícil que el lector no se aburra. Y cuanto más largo es un texto más posibilidades hay de que yo me aburra o de que la gente lo largue antes de terminarlo. Ultimamente estoy sintiendo que la novela corta (o el cuento largo) es una forma que a mí-en lo personal- me resulta atractiva. Porque no me aburre, y me permite  desarrollar  una trama elaborada. Pero convengamos en que, con cualquier extensión, es posible hacer desde algo malo hasta algo genial.

Si bien no hay novelas perfectas, muchos dicen que sí hay cuentos perfectos. ¿Vos encontrás algunos en la literatura en general?
He visto muchos cuentos perfectos, desde el punto de vista estilístico, que me resultan aburridos, olvidables. Y sin embargo, más allá de los cuentos, la literatura general está llena de obras geniales que no son perfectas, como el Quijote, La Divina Comedia, Los Cantos de Maldoror, etc., etc. Pero, bueno, me parece excelente el ritmo en un cuento como El ahogado más hermoso del mundo, de García Marquez, o podemos admirar la perfección de una joyita como Continuidad de los parques, de Cortázar. Pero hay tantas cosas que me gustan-y que le gustan a mucha gente- y que sin embargo están lejos de la perfección... La perfección puede servir para ganar un concurso, pero es la magia creadora la que perdura durante generaciones.

¿Cómo es verte traducido a otros idiomas? ¿Pudiste tener algún feedback de la gente que te leyó en otros países?
El feedback más común es el de las publicaciones online. Por eso no sé mucho, pero desde una página italiana me comentaron que mis cuentos habían gustado, incluso yo mismo vi que alguien había puesto Luces del Sur en una lista de cuentos favoritos. Sin embargo no sé nada de las publicaciones impresas, ni francesas ni italianas. Es la paradoja de las publicaciones online: todos los escritores quieren publicar en papel, pero son las publicaciones digitales las que llegan a más lectores. Pero a mí lo que me preocupa es escribir de un modo que yo quede conforme, el tema de publicar viene después. Además no me condiciono por las publicaciones; primero escribo lo que me gusta y después busco una revista en la que pueda encajar, nunca al revés. Creo que es lo más honesto, para nosotros mismos y para los lectores.

A Cortázar (y muchos otros) le decían que la literatura fantástica es escapismo puro. Sin embargo yo creo que la literatura que rompe las reglas del realismo y el costumbrismo es la única realmente capaz de denotar elementos de realidad, aumentados por el prisma de la metáfora. ¿ Cómo lo ves vos, y en particular en tu obra?
Sí, de acuerdo. Toda mi obra es una exploración de realidades. Interiores y exteriores.

¿Sos consciente al escribir de que muchos cuentos generan diferentes niveles de lectura, es algo que buscás, o se va dando solo y recién tiempo después te das cuenta, cuando te lo  dicen, o en lecturas muy posteriores?
En general soy bastante consciente. Mi preocupación pasa más por el lado de no ser obvio en determinados momentos. Digamos que el relato te llega inmediatamente, pero después, si te ponés a analizarlo, encontrás simbolos y conceptos que están por debajo. A esta altura lo tengo integrado al proceso creativo. Es más, a veces me ha pasado que estoy escribiendo un cuento y me doy cuenta de que no me gusta...o no me entusiasma lo suficiente, y el motivo suele ser la falta de densidad; algo demasiado lineal. Supongo que también tiene que ver con un modo de pensar. Intento llegar a los símbolos de un modo intuitivo, y después, recién después, si me funcionan a ese nivel, es posible que tome un diccionario de símbolos y vea en qué medida me estoy acercando a una tradición interpretativa. Esto me ha pasado muchísima veces, y no es casualidad, porque precisamente, una de las características del símbolo es que es motivado, es decir, no es arbitrario, hay una conexión entre lo representado y la imagen que construimos para representarlo. Entonces está bueno abandonarse al inconsciente y encontrar ahí las imágenes y respuestas. El hecho de acercarnos de un modo tan natural a esa tradición de interpretación, a los mitos, a los arquetipos, a los símbolos, etc., es ya algo muy gratificante. Uno siente que se conecta con cosas a las que pertenece.

Contanos que es el pulp, para los que no saben, y qué buscaste hacer en los dos cuentos de tu libro que toman esta especie de género. ¿Es más fácil o más difícil meterse con lo bizarro y sus límites tan flexibles?

El pulp se refiere a relatos que se comenzaron a publicar a partir sobre todo de la segunda década del siglo XX en Estados Unidos. Pulp viene de “pulpa”, porque eran revistas que se imprimían en papel barato o “pulpa de papel”. Apuntaban a un público masivo y se centraban en aventuras de distintos géneros como ciencia ficción, terror, románticas, policiales, etc. Muchos autores consagrados se iniciaron en ellas.
Cuando decimos pulp, para referirnos a un relato escrito hoy en día, en realidad- y en eso estamos todos de acuerdo- es que tiene un “estilo pulp”. A algunos autores les gusta escribir sátiras de los pulp, pero a mí eso no me motiva. Me parece mucho más interesante intentar hacer un pulp: una aventura bien contada, y punto. Algo entretenido para los lectores, y para mí mismo, yo me divierto mucho con eso. Hay algo ingenuo en esas aventuras, una ingenuidad buscada desde luego, que a mí me motiva. Para mí, escribir ese tipo de aventuras implica conectarme con ciertas zonas más puras, donde la ingenuidad es algo natural y lejos de estar mal vista es lo que le da un sabor especial. Desde otro punto de vista escribir estilo pulp me impone, como escritor, una disciplina. Porque el pulp para mí es transparente, no te podés esconder atrás de un estilo, tenés que contar una historia, y ser entretenido. Y son los lectores los que van a decir me gusta o no me gusta. Más allá de eso, los dos relatos estilo pulp que aparecen en mi libro: El regreso del Capitán Rayo y Colores Peligrosos (que da título) tienen, a pesar del tono ligero, un contenido. En el primero hay una evocación de la infancia y los héroes; y en el segundo una reflexión sobre el Arte, e incluso sobre la violencia y  las conductas humanas a la hora de alinearse a determinados grupos. Pero lo fundamental es que lo hago porque me divierto. Sé perfectamente que ese tipo de relatos difícilmente obtenga por parte de los críticos la misma consideración que otros relatos míos, pero no me importa. Los hago porque en cierto sentido sigo siendo un niño y me gusta jugar. Para mí la Literatura se relaciona con muchas cosas, pero la primera es la felicidad.

Tenés un cuento en el que aparece un gato que es tomado por una suerte de Mesías de las artes plásticas. ¿Cómo hace un autor (sin revelar demasiado los giros argumentales) para saber qué cosas son válidas explosiones de la imaginación y en qué momento se fue totalmente de tema y quedó un pastiche?

A veces puedo parecer medio demencial, je. Pero yo no lo siento así. Primero porque tengo atrás una tradición que arranca con los mitos, las leyendas, los cuentos “maravillosos” o “infantiles”, etc, y que después sigue con cosas muy raras como pueden ser los relatos con ciertos toques surealistas, etc. Más cerca podemos pensar en Levrero o Felisberto Hernández. De modo que desde esa perspectiva no me siento desamparado. Y la otra razón importante es que construyo una lógica interna para el relato. Siempre dejo una llave para el lector, y con eso incluso puedo resultar más accesible que estos autores que te nombré.

En tus cuentos aparece mucho la referencia al artista plástico, al músico, al creador. Notoriamente, no he leído, que recuerde ahora, cuentos tuyos en los que el protagonista sea un novelista, por ejemplo. En tu libro tenés hasta un cineasta. ¿Qué te atrae tanto de la pintura y la música para que sean elementos recurrentes en tu trabajo?

Básicamente porque el arte es una vía de trascendencia.
Y hay más cuentos, que no salen en Colores peligrosos, sobre esos tópicos. En España publiqué en un antología preparada por Domingo Santos un cuento titulado La Isla, que se refiere a un pintor. En Argentina en la revista Próxima salió hace poco un relato largo sobre un pintor, que se llama “La visión del Paraiso”. Ahora mismo estoy corrigiendo un par de relatos: uno sobre un músico, y otro sobre un pintor expresionista. Más allá de lo lúdico, el arte es una forma de conocer. Nos conecta con nosotros mismos, y, en un sentido religioso, puede llegar a conectarnos con la divinidad. Si no fuera por el hecho de que habría quedado un libro demasiado costoso, podríamos haber incluído estos cuentos. Desde el punto de vista temático no habrían hecho otra cosa que reforzar el título de la obra: Colores Peligrosos. A lo mejor en diez o quince años, jaja.

¿Hay un cuento con el que sueñes (no me refiero a un argumento necesariamente, puede ser una forma, un clima, algo que no hayas sabido poner en palabras aún en tu ficción) que sientas que aún no has podido alcanzar?

Si, he soñado muchas veces con escenarios que se repiten. Lugares que nunca vi, pero a los que vuelvo. Y por lo general lo hago volando, extendiendo los brazos, sin alas, sin ninguna máquina, etc. He visto o estado en montes, alguna ciudad...pero lo mejor fue cuando vi un lugar maravilloso que parecía como una serie de templos en una montaña o una meseta. Un lugar precioso, con edificios de reminiscencias griegas o romanas.  Los templos o edificios que vi en esa meseta eran en un paraje grande, espacioso y lo gracioso es que en el sueño yo estaba absolutamente convencido de que era real y que tenía que llevar a mis amigos ahí, porque tenían que ver aquello. Una vez estaba en un parque genial y yo pensaba: “Cuando Paula y Luis vengan a Montevideo los voy a traer acá. ¡Les va a encantar! Otra vez estuve en un templo que era anaranjado y muy brillante, con ese color transparente y luminoso que solo pueden tener los sueños. En algunos sueños he visto colores maravillosos. Una vez un par de mujeres, muy estilizadas, vestidas con túnicas estampadas. Y también vi unas cortinas estampadas, que me hacían acordar a Klimt, pero tenían una cualidad que las hacía mejores. Lo interesante de algunos sueños es que uno tiene la sensación de comprender cosas de un modo distinto a como lo hace en la vida diaria. Uno se siente parte de lo que observa, y esa percepción lo cambia todo.
Una vez soñé con un cuadro, una pintura de girasoles, pero no se parecía en nada a Van Gogh, porque era una cosa más geométrica, más cercana a lo abstracto, y tenía mucho rojo, y una luz y una vida impresionante. Bastaba verlo para enamorarse de ese cuadro. Y entonces cuando me desperté me dije que había sido muy extraño, porque a mi me gustaban las pinturas realistas. Pero a partir de ahí comencé a tener una visión distinta del arte. Y ese cambio de postura-esa ampliación de la visión, mejor dicho- aparece en uno de mis últimos relatos: Colores Peligrosos, precisamente el que da título al libro.

¿Por qué no la poesía? ¿Sos de leer poesía?

Sí, bastante. Me gusta mucho Breton, Maiakovski, Eluard, Desnos, Aragón, Leiris, Ginsberg, etc. Escribí poesía en una época, o en varias. Cosas con muchas imágenes, raras,  o bien más transparentes pero depresivas. Ahora no tengo ganas de escribir poesía, porque en mi caso me conecta con zonas tristes o melancólicas de mi personalidad.

Tenés seguidores por la cantidad increíble e inmensa de revistas, sitios y antologías en las que te han publicado. ¿Cómo se lleva la presión de toda esa gente que estaba esperando la aparición de un libro tuyo?
Jaaaja, Candal, usted me va a ser sonrojar, jaja. En realidad lo único que puedo decir- y quiero aprovechar esta oportunidad para hacerlo- es que estoy inifinitamente agradecido a todas las personas que me apoyaron y me dieron una oportunidad. Editores, traductores, críticos, escritores y lectores. Estoy muy agradecido. La gente que siempre me apoyó creo que ahora también lo va a hacer porque de última ya saben más o menos de qué va la cosa. Lo que me interesa ahora es llegar a gente que no leyó los cuentos de las revistas y las antologías pero que sí puede encontrarse con el libro. Me gustaría que me den la posibilidad de presentarles este libro de cuentos que implica una selección de muchos años de trabajo.

Por último, ¿cuáles son tus planes literarios una vez que “Colores Peligrosos” esté publicado y a la venta y haya que pensar en lo siguiente? ¿Qué podemos esperar de Pablo Dobrinin en este 2011 y más allá?

En principio terminar algunos relatos inconclusos y seguramente empezar otros. Y también una novela o novela corta, pero si  después el resultado no me convence del todo no voy a intentar publicarla. Por eso no me gusta disponer esto o aquello, porque aunque desde el punto de vista técnico escriba una obra correcta puede pasar que no me guste. Porque como dije antes, para mí la literatura es mucho más que un oficio, es un arte.

Entrevistas (1)


Entrevista de Giampietro Stocco a Pablo Dobrinin:
Realizada para el sitio The Uchronicles, enero del 2007. Forma parte de una serie de entrevistas a los autores que integraron la antología Schegge di futuro- Una selezione di fantascienza latino-americana (pdf, antología preparada por Gianluca Turconi, publicado en Letture Fantastiche).
Posteriormente apareció en español en la revista en línea Sinergia, dirigida por Sergio Gaut vel Hartman.



1) "Los festejos del fin del mundo" es un cuento breve que a mí
personalmente me ha evocado un cuadro de De Chirico o de Salvador Dalí:
¿cuánto hay de surrealismo en tu estilo?
- Me gusta mucho De Chirico, sobre todo en su etapa "metafísica", que fue la que deslumbró a los surrealistas. Dalí también, y Magritte, Max Ernst, Remedios Varo, Picabia, etc.  
El surrealismo ha sido muy importante para mí. Tengo muchos libros de ensayo sobre el surrealismo, y también obras de Breton, Artaud, Tzara, Eluard y Prevert, además de algunas antologías, entre las que se destaca por lejos la de un poeta argentino llamado Aldo Pellegrini, que puso toda su sensibilidad al servicio de un trabajo maravilloso.    
 Todo eso ha influido en mí, desde luego. Pero en lo que respecta a la idea central de dicho cuento, ella se me ocurrió luego de haber leído a antropólogos como Mircea Eliade, que estudiaron el significado que algunas comunidades le otorgaban a las celebraciones de fin de año. Tiene que ver con ideas como la carnavalización, la orgía como un llamamiento al caos para provocar la posterior regeneración del mundo, el tiempo mítico, el eterno retorno, etc. A menudo, lo que intento es hacer una historia con contenidos profundos, pero tratando de que esos contenidos no se vean groseramente en la superficie del relato, porque eso perjudicaría la lectura del mismo.     
2) Al mismo tiempo algunas de las imágenes son paradójicas, grotescas, como
los monstruos de Bosch. ¿Más que ciencia-ficción cultivas el fantástico,
entonces?
-Empecé a escribir a los once años, imitando el estilo de los cuentistas clásicos: Poe, Quiroga, Kipling, Chejov, Saki, Maupasant, etc., pero a eso de los dieciséis o diecisiete me di cuenta que el lenguaje tenía un poder secreto con el que uno podía explorar diferentes territorios. Sin darme cuenta de lo que hacía, escribí relatos que hoy diríamos que tienen mucho de surrealismo. Desde entonces, me he movido alternativamente hacia uno y otro extremo del péndulo. Luego me deslumbró García Márquez, Roberto Arlt, Cortázar, Borges, y después recién de haber disfrutado todo eso, me metí de lleno en los autores de ciencia ficción, sobre todo con la revista española Nueva Dimensión. Mis autores favoritos son Ballard, por el componente surrealista, Zelazny por su frescura y Bradbury por el uso poético que hace del lenguaje. Luego hay una multitud de obras puntuales que me quedaron grabadas: "La mujer del bosque" de Abraham Merrit, "Los poderes de Xanadú" de Theodore Sturgeon, "Un anillo alrededor del sol" de Clifford Simak, "Alas Nocturnas" de Robert Silverberg, "Un ojo en el cielo" de Philip K. Dick; bueno, la lista sería muy extensa, pero ya vas viendo por donde van mis gustos.  También quiero mencionar a dos autores que lograron imponerse sobre los estereotipos: el polaco Stanislav Lem y sobre todo el español Alfonso Álvarez Villar, que en su última etapa realizó una obra genial que aún no ha sido convenientemente valorada. Estudié tres años de profesorado de literatura, lo que me puso en contacto con los clásicos. Y también hice periodismo, que me aportó lo suyo. Todo deja algo en nosotros, y nos enseña alguna cosa.  Finalmente, la suma de todas esas lecturas, más mis gustos personales,  me ha llevado a desarrollar un concepto que he definido como "Cabalgar la Locura". Tiene que ver con el desarrollo de una literatura visceral, profundamente imaginativa y rica en contenidos, pero que no se agote en lo experimental. Lo interesante es lograr un producto que sea sumamente atrevido desde el punto de vista creativo, pero que al mismo tiempo funcione muy bien como un cuento. Es decir, que tenga una estructura ajustada a las necesidades, un correcto manejo de los tiempos, de la intensidad, que no pierda de vista el tema, que utilice el lenguaje de forma apropiada, y que cuente una historia, es decir, que no se agote en una reflexión intimista. Volviendo al surrealismo...el surrealismo, por lo menos el surrealismo estricto, de "receta", no me sirve a mí para crear un cuento, ya que el surrealismo se basa en la escritura automática, en el "recorta y pega" de los diarios, en los "cadáveres exquisitos" o en las transcripciones de los sueños. Con eso sólo es difícil hacer un relato, en el sentido cabal del término, pero, y aquí viene lo interesante, se puede aprovechar. Todas esas técnicas que mencioné se pueden utilizar como base, o como disparadores para un relato. Entonces el resultado puede ser de una frescura interesantísima. Pero más allá de estas técnicas o recursos, el surrealismo puede sernos útil como ejemplo. Si tenemos una actitud creativa aventurera, si simplemente nos sumergimos en nosotros mismos y nos abandonamos al placer de crear, habremos dado un paso muy importante. Hemos visto como un estudiante de música lucha con su instrumento por arrancarle las notas que se le resisten. Bueno, imaginemos que ese mismo estudiante podría transformarse en un artista, recorriendo el pentagrama de su imaginación. Pero para "Cabalgar la Locura" no alcanza con liberar las alas de la creatividad, hay que formarse. Dalí dijo una vez algo muy interesante, que la lección más importante se la había dado su primer profesor de pintura, cuando él era sólo un muchacho: le enseñó que debía pintar sin salirse de la línea. Suena a una broma de Dalí, pero no es nada de eso. Con esas palabras, lo que quería decirnos era que más allá de la creatividad que pongamos en juego, no debemos descuidar los aspectos técnicos, los fundamentos. Por eso es bueno leer a los clásicos, leer poesía, y todo lo que nos pueda enriquecer como artistas, no solamente determinados géneros o subgéneros. Dalí fue uno de los que logró "Cabalgar la Locura", no es una tarea sencilla, pero siempre va a ser un intenso placer intentarlo. Tal vez descubramos nuestros miedos, nuestras perversiones, nuestros sueños, pero valdrá la pena si por encima de todo logramos que se imponga la belleza. En esa aventura creativa puedo inclinarme hacia lo fantástico, el terror o  la ciencia ficción, aunque lo normal es que se produzca una mezcla de géneros. Pero sinceramente no es un tema que me preocupe. La buena literatura siempre va a ser más importante que cualquier género o subgénero, y a eso es a lo que debemos apuntar.
3) Tú vives en Uruguay: ¿qué tipo de aproximación a la literatura fantástica
hay en tu país?
-Actualmente hay de todo, fantástico clásico, ciencia ficción, fantasy, fantástico con elementos surrealistas, etc. Como ningún escritor de estos géneros vive de su arte, eso ha permitido que se expresen en la forma que les resulte más cómoda, sin tener que estar pensando en el dinero que podrían obtener por una obra. En lo que se refiere al caso específico de la ciencia ficción uruguaya, yo escribí su historia, que por ahora se viene publicando en entregas en la revista Axxón. Allí doy cuenta de las novelas, libros de relatos, de ensayos, de poesía, antologías, etc., todo lo que tenga que ver con ciencia ficción uruguaya.  Ha sido un trabajo de muchos años, que lo hice sin ningún fin de lucro, sólo con el afán de contribuir al conocimiento, a la difusión y al desarrollo de este género en mi país. Así que si a alguien le interesa leer o publicar algo de lo que allí escribo, no tiene más que comunicarse conmigo a mi e-mail: pablodobrinin@hotmail.com. 
4) Fantástico, ciencia-ficción, fantasy: en Italia más de uno mira mal a
estos géneros, definiéndolos políticamente como "de derecha": ¿cuál es tu
pensamiento al respecto?
-Esa afirmación sólo puede ser fruto de la ignorancia. Es gente que no ha leído literatura fantástica, ni ciencia ficción, obviamente, o que ha visto del fantasy sólo sus eventuales aspectos bélicos, sin darse cuenta que es mucho más importante el trasfondo mítico. No podemos pasarnos toda la vida defendiendo a estos géneros, sobre los que hay abundante bibliografía, y que ya se estudian en universidades y distintas instituciones educativas por gente idónea. Es mejor que aprovechemos ese tiempo para crear obras y disfrutarlas.  
5) Por qué has aceptado formar parte de una antología destinada a un
público italiano, publicada como ebook?
-Bueno, no me perdería por nada del mundo una oportunidad como esta. Estamos en este mundo para expresarnos, para conocer gente y hacer amigos. Para disfrutar de la creación y sumar nuestras propias creaciones. Para todo eso sirve esta antología y este proyecto. Pero hay algo más que me parece importantísimo. Me pareció notable la forma en la que Gianluca Turconi concibió esta antología, y te voy a explicar por qué. Un amigo que tengo en Francia, me dijo una vez que para publicar en ese país, uno debía interiorizarse de sus gustos literarios. Cuando le pregunté qué era lo que hacían en Francia me dijo que los temas principales eran la clonación y la realidad virtual. En lo estilístico-me explicó-ellos estaban intentando parecerse a los estadounidenses. Quiero aclararte que este amigo, que además es traductor, me dijo todo esto porque me aprecia, y quería ayudarme. Incluso valoró mi obra, pero simplemente me señaló que lo mío no encajaba en este momento en Francia. Bien, yo escuché todo esto y le agradecí por haberme informado, pero no por eso cambié mi estilo. Me dije a mi mismo: el día que me aprecien, en el sitio que sea, va a ser por mi singularidad, y no por mis facultades imitativas. A los pocos meses de esa conversación empecé a navegar en internet. Ya hace dos años que navego, desde entonces he conseguido publicar varios cuentos en revistas de Uruguay, Argentina, y en antologías de España, Francia y ahora por suerte también en Italia.  Por eso valoro esta antología, porque aquí puedo mostrarme como soy. Luego habrá gente a la que le guste y otra a la que no, pero eso es inevitable. Para mí lo importante es la autenticidad. 
6) ¿Qué piensas, si la conoces, de la ciencia-ficción italiana?
 -Trabajo en una librería, y la verdad es que no llegan obras de ciencia ficción italiana. Lo más cercano es Buzzatti y Calvino, de los que sí hay libros, pero eso no es ciencia ficción. En cambio, sí llegan libros de autores como Oriana Fallaci, Antonio Tabucchi, Umberto Eco, Alessandro Baricco, Susanna Tamaro, o Andrea Camilleri, que aquí se lee bastante. Me da la impresión entonces que no es un tema de países, sino de géneros. Es una situación lamentable, que no solamente ocurre con la ciencia ficción italiana, sino con toda la ciencia ficción europea, a excepción de la británica. Un ejemplo: el autor francés más conocido en Uruguay, más vendido, ¿saben cuál es? Julio Verne. Me imagino que el mismo desconocimiento ocurre en Europa con respecto a la ciencia ficción latinoamericana. Por eso es importante el trabajo que hacen las revistas, como por ejemplo la publicación electrónica Axxón, difundiendo la ciencia ficción de todo el mundo. Hoy por hoy, estimo que Axxón es lo más importante que está ocurriendo en el mundo de la literatura de ficción. Se necesitan más antologías, editoriales, colecciones , revistas, y traductores. América y Europa tienen muchísimo en común, pero esto es algo que se olvida muy fácilmente. Países como el mío, Uruguay, se han formado sobre la base de inmigrantes europeos.¿Por qué  entonces a veces parece que estuviéramos tan lejos, tan separados los unos de otros? Obviamente hay un enorme trabajo por hacer. Uno echa de menos lo que fue Europa en otro tiempo para la cultura, con sus maravillosas vanguardias, su empuje, y su personalidad. Estoy convencido de que la globalización debe servir para comunicarnos mejor, pero no para anular nuestra identidad.               
7) ¿Cuáles son tus modelos literarios?
 - Por todo lo que te he expresado, no creo en los modelos. Todos los autores que te mencioné son muy buenos para contribuir a la formación de un escritor, pero no me gusta pensar en ellos como modelos. Sería paradójico creer que un escritor que nos impresiona por su originalidad pueda servirnos de modelo. Diría que son amigos que te encuentras a lo largo del camino. Nadie  puede servirnos de guía cuando se trata de recorrer nuestros paisajes interiores. Hay algo de viaje iniciático en el camino del artista. Es una aventura personal.           
8) ¿Has pensado alguna vez en escribir una obra más larga que un cuento?
-Sí. Tengo una novela inédita que se llama Onírica, que es una suerte de manifiesto, con algo de novela contracultural y generacional, entre otras cosas, con muchos elementos surrealistas.  Y también una novela de fantasy que ya la reescribí como cuatro o cinco veces, pero todavía no me convence. Hace poco empecé a escribirla de nuevo, desde cero. Ahora creo que estoy más cerca de conseguirlo, porque siento que por fin he logrado despertar el alma de la historia. Me gusta, me atrapa el argumento que allí manejo, pero necesito mucho tiempo para dedicarme a ella. Por ahora sigo trabajando en cuentos. Me gustaría poder editar un libro de relatos para este año o el siguiente, así que voy a moverme en ese sentido. 
9) ¿Qué significa la ciencia-ficción para ti?
Bueno, podría recordar una definición de Asimov, de Judith Merril, o de cualquier otro autor, o referirme a las voces de alerta que la ciencia ficción ha dado en nuestra sociedad, etc., pero creo que no apunta a eso tu pregunta. Así que voy recordar algo más personal. Hace ya unos cuantos años, en plena calle,  me puse a charlar con una persona a la que no había visto más de cuatro o cinco veces. En determinado momento de la conversación descubrimos que teníamos la misma afición: a ambos nos encantaba la ciencia ficción. A la hora de estar hablando me invitó a pasar a su casa, me mostró sus libros, y me reseñó los argumentos de algunas obras que le habían impactado. Yo le hablé también de las obras que me gustaban, y realmente la pasamos muy bien, estuvimos horas charlando sobre otras realidades. Cuando salí de su casa ya era de noche, y el cielo estaba tachonado de estrellas. Eran las mismas estrellas del día anterior, pero al contemplarlas en ese momento yo sentí que tenían algo distinto. Por eso me gusta la ciencia ficción, porque ayuda a despertar el sentimiento de la maravilla que duerme en nosotros.           
10) La situación de Uruguay, un país pequeño con apenas tres millones y medio de habitantes, es muy particular, ya que ha desarrollado una identidad cultural muy notable. ¿Qué hacen los escritores uruguayos para diferenciarse, o eso no les importa en absoluto?
 -Las diferencias deben surgir naturalmente, inevitablemente, no se pueden inventar, porque de otra manera serían un engaño que no se podría sostener.  
Hace un tiempo, alrededor de 1996, tuve la idea de redactar en unos manifiestos mi concepto de "Cabalgar la Locura", y los agregué luego a mi novela "Onírica". De forma paralela, y sin saber lo que yo había hecho, mi amigo Bayeto había creado un concepto al que bautizó como "Onirismo Pragmático". Al cotejarlos, comprendimos que había muchas coincidencias entre ambos conceptos, sin embargo, por una u otra razón, nunca nos sentamos para redactar unos  manifiestos que supusieran la síntesis de ambos, lo que tal vez nos hubiera ayudado a tener un poco de publicidad extra. Pero lo importante, es que más allá de los acuerdos, es obvio que ambos estamos haciendo una ciencia ficción o fantasía con una fuerte carga onírica, y repartiéndola por países sudamericanos y europeos. También hay algunas novelas, escritas por gente que ha incursionado en la cf., que tienen una importante carga onírica, como "Apuntes encontrados en una vieja Cray" de Ana Solari y " Guía para un universo" de Natalia Mardero. También podemos contar algunos cuentos de gente como Ramiro Sanchíz, Pablo Rodríguez y Rosa González. O sea que efectivamente hay algo en el aire. De manera que podríamos decir que-aunque hay de todo por estos lados-lo más representativo de Uruguay es algo que al menos provisoriamente podríamos llamar : "Ciencia Ficción Onírica".
11) Conectado con lo anterior o como una misma pregunta: ha desarrollado el Uruguay una literatura fantástica con rasgos propios?
-Sí, aunque lógicamente se trata de un proceso. Es algo que nunca termina, y eso es lo interesante. Entre 1868-1869 Isidore Ducasse, nacido en Montevideo en 1846, y conocido como "el Conde de Lautréamont", escribía sus célebres Cantos de Maldoror. Fue una verdadera  bomba de tiempo. Tuvieron que pasar muchos años para que los surrealistas franceses, en el período de entre guerras, liderados por André Breton, redescubrieran esta joyita, que aun hoy sigue inspirando a mucha gente. No es exactamente narrativa, pero por momentos parece contar cierta historia. Es una obra de una poética salvaje. Es en cierto sentido inclasificable, Rubén Darío calificó a su autor como"raro", término que aún se utiliza en Uruguay. Los surrealistas por su parte vieron en los Cantos un antecedente formidable de todo lo que iban a hacer ellos después. "Todo está ahí" decía el propio Breton. A mi también me ha impactado, desde luego. Recuerdo que hace unos años yo escribía en una revista uruguaya de ciencia ficción, surrealismo y otros temas: " Lautréamont...No importa que la idiotez haya secuestrado tu arte, la poesía respira por las heridas. Tu despreciaste la altanería del maestro y construiste la gramática del deseo. Domador de monstruos, jinete de la locura. Con tu voz oscura como los sueños  del primer río del mundo,  nos guiaste hacia las puertas... Aun hoy, la noche mira a través de tus ojos". Pueden tener la certeza de que esa misma admiración que yo sentía y siento por Lautréamont, es compartida por muchos escritores en Uruguay. Y actualmente en mi país, ningún crítico se atrevería a negar el valor de los Cantos. Pero en su momento no fue apreciado, como era de suponerse. 
   Luego vendría Horacio Quiroga, con cuentos realistas, pero alternando con algunos relatos fantásticos, y hasta una novela corta de ciencia ficción como "El Hombre artificial". Pero no hubo una continuidad en otros escritores, algo que permitiera pensar en ese momento que se estaba gestando un proceso en la ciencia ficción o siquiera en la literatura fantástica uruguaya. Pero Quiroga fue importantísimo en otro sentido. Si Lautréamont puede representar  el paradigma de una poética inagotable, que nos invita a saltar al vacío, Quiroga encarna el método y la mesura. Tras beber en los cuentistas clásicos como Poe, Kipling, etc, Quiroga desarrolla en su famoso "Decálogo del perfecto cuentista"  (y también en sus cuentos más logrados) algo que podría ser interpretado como una síntesis de las "verdades" que se hoy en día se enseñan en los talleres literarios.  Para algunos críticos,  como Rómulo Cosse, el  realismo hegemónico comienza a trastocarse a partir de 1940, como una respuesta a los cambios sociales. El realismo persiste, pero comienza a desarrollarse una tendencia rupturista en expansión. Allí-entre los que cultivaron con mayor  o menor asiduidad lo fantástico-tenemos a autores como Felisberto Hernández, Armonía Somers, Mario Levrero, Tarik Carson, Héctor Galmés, etc. Los cambios no son sólo temáticos, sino también estilísticos. Tenemos entonces variantes estructurales y sintácticas, alternancia de narradores, falta de certezas, una ruptura del realismo, de las explicaciones racionales, un manejo más libre del lenguaje, intertextualidad, etc. De alguna manera, el modelo de sociedad armónica se resquebraja a partir de las guerras mundiales, y de la crisis de valores, como sucedió en el resto del mundo, y esa ruptura, esa distancia que se toma respecto a la confianza en el progreso, se traslada también a la literatura. Esto sucede no solamente con los escritores que se acercaron a lo fantástico, sino también con el resto. De hecho, y para ser más exactos, esa ruptura del realismo hegemónico, comienza para muchos en 1939, con la aparición de "El pozo" de Onetti. En Uruguay específicamente, entre esos cambios sociales que se reflejan en la literatura, habría que considerar la crisis económica que se inicia a partir de los años cincuenta y la dictadura militar que va del 73 al 85.  
Mi opinión personal es que la literatura uruguaya de ficción se ha construido a partir de estos dos paradigmas: Lautréamont-Quiroga. Aunque vale la pena recordar que los Cantos de Maldoror no es exactamente narrativa, y se ha dicho mil veces que es una obra que se resiste a todo intento de clasificación, pero ha influído en los narradores. Precisamente, por su condición de "plasma disolvente" como la calificó Breton, es que constituye un paradigma. El paradigma Quiroga persiste lo más campante, el paradigma Lautréamont cobra más fuerza a partir de 1940, pero como era lógico esperar, entre ambos se desarrolla un diálogo permanente. Los escritores uruguayos han tenido entonces la maravillosa posibilidad de desplazarse alternativamente de uno a otro paradigma, teniendo la certeza de que ambos son considerados literatura. Por otra parte, en Uruguay, el género no realista, a veces dividido por los estudiosos en "raro", "maravilloso", o "fantástico", no fue sistemáticamente negado por la crítica, como pudo haber ocurrido en otros países. Simplemente era visto como literatura. Nunca hubo colecciones que le pusieran etiquetas a la ficción, separándola en ciencia ficción, fantástico, o lo que fuera. De hecho, palabras como ciencia ficción o fantasy, apenas eran mencionadas. Con el tiempo vendría después el desarrollo de la ciencia ficción. Aquí ya nos encontramos con autores como Carlos María Federici o Gabriel Mainero, verdaderos pioneros en ese sentido. Ya sobre ellos pesa otro tipo de influencias, la de autores como Asimov, Clarke, Bradbury, etc. Vale decir, están muy lejos del paradigma Lautréamont. Federici y Mainero, parecen escribir a partir de la ciencia ficción, sobre todo anglosajona, y no de la sociedad que los rodea. El cuento más conocido de Federici, "Primera necesidad", publicado en multitud de antologías internacionales, no transcurre  en Montevideo, sino en...Nueva York! Esto ocurre al principio, porque después, el propio Federici se animará a colocar un héroe latinoamericano en un cuento como "El Nexo de Maeterlinck", si bien el suyo es un país inventado : "Maraguay". Más decidido,  Mainero, con su relato "El plumero", propondrá su idea de "ciencia ficción nativista", basada en el empleo de mitos locales. Estos dos autores tienen además otro concepto del relato, distinto a la literatura fantástica que surge después de 1940. No se cierran sobre sí mismos, en cuentos introspectivos o en meros planteos de situaciones, se preocupan de contar una historia, en desarrollar una acción, por eso asumen una escritura más lineal. Y lógicamente también recurren al repertorio de temas e íconos de la ciencia ficción. Eso es lo que les permite conectarse con la corriente general del género, apareciendo en antologías de  distintos países, o en revistas de España o Italia. Eso no quita que un autor como Levrero, precisamente por su originalidad, haya sido invitado a participar en varias antologías de ciencia ficción, con un cuento divertidísimo como "Caza de Conejos" que puede ser cualquier cosa menos realismo o ciencia ficción. Volviendo a Federici y Mainero, hay que decir que para ellos, fue particularmente importante la revista española Nueva Dimensión, aunque hubo muchas otras. Federici comenzó a publicar en ella a partir del número 3.
Si bien por un lado la falta de etiquetas fue positiva desde el momento en que no marginaba a los autores, por  otro lado fue perjudicial a la hora de intentar comercializar y difundir sus obras. Por eso fue necesario que los autores se proyectasen hacia afuera, creándose la paradoja de que a veces eran más conocidos en el exterior que en su propio país. Un escritor extraordinario como Tarik Carson,  fue en Argentina redescubierto como autor de ciencia ficción. Lo interesante, es que Carson es un autor distinto, que arrastra otro tipo de influencias. Según sus propias palabras, recién en 1984 conoce a los autores que "florecieron a partir de Hugo Gernsback". La ciencia ficción de este autor, más que preocuparse de los cambios tecnológicos, hace una extrapolación crítica y sarcástica  de la sociedad actual. Bueno, decía que estos autores -Federici, Mainero y Carson-pueden ser considerados los pioneros de la ciencia ficción uruguaya. ¿Qué pasó después, cuál fue el siguiente paso? Después de la dictadura militar uruguaya (1973-1985), surge un intento natural por expresarse, lo que provoca un gran empuje de revistas y publicaciones de todo tipo, generalmente políticas. Entre esas publicaciones surge la primera revista uruguaya de ciencia ficción: "Diaspar" (1988 a 1995). Tenemos a autores como Roberto Bayeto, Pablo Rodríguez, Claudio Pastrana, Héctor Álvarez, Ramiro Sanchíz, Rosa González, Cristina Chagas, y yo mismo. Esta publicación duró sólo tres números, pero fue muy germinal, por los cientos de reuniones que se realizaron, y a partir de ahí, algunos de estos autores se lanzaron a publicar en mercados extranjeros.    
 Hoy en día hay autores uruguayos publicando en Axxón, como Tatiana Carsen o Enrique Endriago, entre otros;  algunos de ellos radicados en Argentina. Y queda feo que me mencione, pero actualmente, los que más estamos publicando fuera de Uruguay somos Bayeto y yo. Diría que lo nuestro se podría definir, como adelantaba, con el rótulo de "Ciencia Ficción Onírica". Una ciencia ficción también con ingredientes míticos y antropológicos, y capaz de contemplar variantes estructurales y estilísticas. Entre los temas menciono: la búsqueda de conocimiento, la alienidad, la  muerte, la crítica social, las realidades múltiples, la evolución, el arte, etc. A menudo, presentamos también imágenes no precisamente realistas de Montevideo o Uruguay. Y el paradigma Lautréamont vuelve así a presentarse, aunque enriquecido con los conceptos de "Cabalgar la Locura" y el "Onirismo Pragmático".
           
12) ¿Cómo ves los intentos de difusión de la literatura fantástica a nivel continental y mundial desde la perspectiva de un país como Uruguay?
- Creo que no hay quejarse. Hoy más que nunca es hora de trabajar. Las publicaciones electrónicas dan unas posibilidades que antes no había. Luego, una vez que estas publicaciones logren un gran número de lectores, podrán lanzarse a la edición en papel. A punto de comenzar ese proceso está la propia Axxón, según tengo entendido.
            En estos momentos, Axxón está a la cabeza de todas las publicaciones a nivel incluso mundial, porque no existe ninguna revista que publique tanto material de ficción y de ensayo, de una cantidad tan importante de países. Y es bueno que así sea, porque la gente que dirige esta revista, pone el acento en la calidad literaria de los textos, y no en la pertenencia a tal o cual género.
            El hecho de que Carson haya podido expresarse en revistas de ciencia ficción argentina, habla muy bien de dichas publicaciones, porque demuestran su apertura mental. Son capaces de acoger,  sin ningún complejo de culpa, a autores que no siguen los pasos de los escritores anglosajones, cosa que no ocurre en otros sitios. Yo creo que esto sucede, por la sencilla razón de que en Argentina, también en Uruguay, digamos entonces en el río de la Plata, existieron autores que cultivaron una literatura fantástica de una extraordinaria calidad: Quiroga, Borges, Cortázar, Bioy Casares, Felisberto Hernández,  y Levrero, por sólo mencionar a los más importantes, que actuaron como espejos para el resto de los escritores. Y también porque existen críticos literarios e investigadores especializados en lo fantástico, de un nivel excelente, gente como Pablo Capanna, Elvio Gandolfo y Sergio Gaut vel Hartman, entre otros. Algunos  publicaban mucho en "El Péndulo", una revista que fue considerada por el especialista Sam J. Lundwall como la mejor revista de ciencia ficción del mundo. Esas cosas no suceden por casualidad.
            Lo importante entonces, para el desarrollo no sólo de las literaturas nacionales, sino también de las regionales o continentales, es que existan buenos escritores, y que además se pueda contar con críticos e historiadores que apuntalen esos procesos. El papel de la crítica no debe subestimarse. A veces se plantea la dicotomía escritor-crítico, afirmando que los segundos son escritores frustrados. Eso es una tontería que se derrumba tan pronto caemos en la cuenta que existieron escritores notables que también realizaron trabajos críticos, caso de Borges o Cortázar, por sólo mencionar a dos de los más importantes. Y además, los críticos no deben ser necesariamente torpes, ya hemos visto que los hay de un nivel excelente.
            Ya me cansé de esperar que los editores de mi país hagan algo al respecto. Así que la alternativa que veo es hacer  en un futuro una revista electrónica y también seguir apuntando al exterior. Hay un puñado muy interesante de escritores que se ha apartado del género por falta de motivación y de oportunidades, y me consta que algo similar ocurre en otros sitios. Pienso que con una publicación digital los tendríamos a todos de nuevo, y podríamos darle oportunidades a los nuevos escritores.  Por lo pronto, estoy tratando de convencer a algunos autores de que no se queden tan estáticos, y comprueben por ellos mismos que "ahí afuera" hay un mundo dispuesto a recibirlos. También es fundamental hacer vínculos entre asociaciones, revistas y países; realizar proyectos conjuntos, etc. Las posibilidades que brinda internet me entusiasman mucho. 
Hoy en día, hay una cantidad interesantísma de escritores, no sólo en América latina y Europa, sino también en otras  regiones del globo. Y por lo que sucede con Axxón, que ya ha llegado a los cinco millones de visitas, es obvio que también hay mucha gente que se interesa en este tipo de literatura. Creo que ha llegado la hora de aprovechar el momento excepcional que estamos viviendo para la cultura, y conseguir que todas esas fuerzas dispersas se cristalicen en proyectos concretos. Tengo algunas ideas al respecto, que sería bueno cotejar con la de otras personas. Pero es un tema tan amplio que sería mejor tratar en otro momento.                         



miércoles, 28 de noviembre de 2012

La huída inútil de Violeto Parson


Reseña publicada en La Diaria el 26 de noviembre de 2012.

Cambio Cromático


La huída inútil de Violeto Parson, Pablo Silva Olazábal, 157 páginas, Ediciones Dixi, Montevideo, 2011.




Pablo Silva Olazábal (Fray Bentos, 1964), es el autor de buenos libros de relatos como “La revolución postergada”(2005) y “Entrar en el juego (2006), y del imprescindible reportaje “Conversaciones con Mario Levrero” (2008, reeditado en Chile en 2012). También, este licenciado en ciencias de la comunicación, se ha hecho muy conocido en el mundillo literario por ser el conductor de La máquina de Pensar, un programa de Radio Uruguay que desde marzo del 2010 se dedica a difundir la labor de escritores y poetas.

La novela que hoy nos ocupa ganó la única mención de honor en el Concurso Literario Municipal de Montevideo, edición 2010, donde fueron jurados Sylvia Lago, Hugo Fontana y Guillermo Álvarez Castro.

Narra la historia de un hombre que despierta maltrecho en una habitación, y descubre que no recuerda nada de su pasado, salvo su nombre: Violeto Parson. Luego inicia un peregrinaje sin rumbo, que le depara encuentros con gente desconocida, malentendidos, e incluso una golpiza a manos de un salvaje capataz que se dedica a estafar a los trabajadores. Casi por inercia llega a una estancia, trabaja de peón hasta que le sobrevienen varios desmayos, y posteriormente, tras desatar (sin advertirlo) una tragedia de proporciones, abandona el lugar.

La historia flota sagazmente entre el realismo, el clima enrarecido del fantástico, la parodia y la alegoría. Tiene ecos de Levrero y de Onetti. Del primero por cierta atmósfera onírica y esa sensación constante del personaje de estar como desprendido del mundo, y del segundo más que nada por los puntos de contacto que podríamos establecer con El astillero. La estancia, que tiene el engañoso nombre de La Tentación, es -como en la obra de Onetti- una empresa venida a menos, en la que todos los involucrados participan de un simulacro que permite seguir creyendo que el tiempo no ha transcurrido y que se sigue viviendo en la prosperidad de antaño. Esta inmovilidad existencial marca precisamente la lucha de Violeto.

Es una obra de aprendizaje dividida en dos partes, y escrita de un modo minucioso, lo que no impide que la lectura sea muy ágil en todo momento. Desde la narración morosa de los procesos interiores hasta la acción trepidante del final, el autor controla el ritmo de una prosa convincente, madura y plena de hallazgos. Tiene frases exactas y descripciones inspiradas como las del siguiente párrafo: “Giró y contempló las casas que allá en lo alto se perfilaban con la definición de sombras chinas. Una nube se desprendió hasta desmigajarse por completo y la luna brilló como un clavo luminoso en el cielo. La línea de sombra retrocedió por completo, como si alguien hubiera partido y separado la tierra en dos pedazos”. Como contrapartida, los diálogos son esquivos, ambiguos en ocasiones, lo que contribuye a reforzar la incomunicación de los personajes y crear una sensación de estar parado sobre un piso que en cualquier momento puede derrumbarse.

Más allá de la anécdota puntual hay un interesante trabajo con ciertos conceptos que se deslizan subrepticiamente (lo que habla bien del oficio del escritor), que atraviesan y enriquecen la novela.

Al principio compara la pérdida de la conciencia con un “sueño tan oscuro como el vientre de una ballena”. Esto es un punto a favor del autor, porque en esta novela los tropos no son meramente descriptivos, sino que añaden sentido. Así como Jonás había sido despojado de su familia y sus bienes, y debe permanecer en la ballena antes de emerger a una nueva vida, Violeto Parson ha perdido su memoria, y se encuentra, en un sentido espiritual, tan desnudo como el personaje bíblico. Despierta en un rancho que se inunda, y luego va a una estancia donde llueve casi a diario (lo que perjudica las tierras y las cosechas). Esta propiedad, dicho sea de paso, sufre los efectos de una represa que fue catastrófica para la economía del lugar. De hecho, casi todo el valle se encuentra bajo la línea del agua. El agua sigue siendo un espacio de tribulación y de encierro. Como el cuerpo del protagonista es un territorio donde transcurre buena parte la historia, el narrador utiliza de forma recurrente las imágenes y las comparaciones en un intento por mostrarnos aquello que por definición es intransferible: el dolor y las sensaciones personales. “Es como estar acostado en una balsa, sin hacer nada…” Y más adelante expresa: “simplemente no hago nada y me dejo ir sobre la cama, en este cuarto, a la deriva”. A pesar de que estas imágenes del agua aparecen una y otra vez, hay que destacar que, buena parte del tiempo, el clima en el que se mueve el personaje es de un calor opresivo. De modo que el agua funciona como la imagen de un lugar que si bien le proporciona un modo de existencia, lo mantiene prisionero. Sigue más adelante con otro simil que recuerda al de la ballena: “…me hundo en un sueño pesado y oleoso como las entrañas de un tiburón”.

Al término de la segunda parte, Violeto sufre un desmayo, lo que supone un momento de quiebre en la obra, que es contado con estas palabras: “Cuando no pudo más boqueó como un pez fuera del agua, pero pronto pasó a otro momento, el de quedarse quieto, estático, en una lucha silenciosa y dura contra los músculos torácicos, que se rebelaban contra la brutal idea de que todo había acabado”. En el inicio de la segunda parte Violeto comienza a construir el difícil camino de autoafirmación, por eso, en un hábil giro, se produce un cambio de narrador, de tercera a primera persona. “Por sobre todas las cosas”, afirma, “debía vencer la nada que me ataba a ese momento”.

Cerca del final de la novela, el personaje abandona la estancia con visible desencanto; en el camino se encuentra con un niño que se dedica a cazar serpientes y se queda charlando con él. Esta pausa es funcional a la historia, porque mientras tanto va a ocurrir algo que será determinante para la conclusión, pero también tiene que ver con ese entramado subterráneo y simbólico de la obra. El niño destaca que el valor de las serpientes radica en su piel. Precisamente, la simbología de la serpiente se relaciona con el cambio de piel. Es un símbolo de evolución, de trasmutación. De este modo, esa mención a las serpientes nos pone en la pista del desenlace de la historia.

Al cabo de la aventura, el protagonista regresa al mismo sitio geográfico de donde había partido. Esto podría sugerir la amenaza de una estructura circular, la idea de que este hombre está condenado a repetir los mismos movimientos. Sin embargo, no es esto lo que sucede, porque al término de este viaje iniciático, el personaje ya no es el mismo. Aprende que de nada sirve huir y que la búsqueda continúa. Efectivamente, Violeto Parson ha cambiado, y de algún modo el lector intuye que ya no va a recostarse en la enfermedad o la falta de carácter para tomar decisiones. Aunque a muchos haya sorprendido -y me consta que así fue- que el personaje tuviese el nombre que le eligió el autor, hay que reconocer que fue una decisión acertada: el violeta es el color de la transmutación.



Pablo Dobrinin

Los Viajes

A partir de hoy, comenzaré a publicar algunas reseñas, entrevistas y ensayos que han aparecido en diversos medios.
Hoy comienzo con una reseña de Los Viajes, de Ramiro Sanchiz, publicada en La Diaria el 19 de noviembre de 2012.


Otro nombre para la rosa


Los Viajes, Ramiro Sanchiz, 110 páginas, Melón editora, Buenos Aires, 2012.


Federico Stahl -escritor, músico y poeta- es un personaje que aparece, desde que fuera creado en el 2006, en distintas ucronías de Sanchiz como parte de un gran plan en el que cada una de las narraciones puede ser considerada el fragmento de una obra total. Al decir del catedrático español Jesús Montoya, que ha estudiado al autor uruguayo, “su obra está atravesada por la borgiana intuición de senderos que se bifurcan en universos paralelos, que se abren en cada uno de sus relatos y se cierran a su término.” “Todo ello protagonizado por Federico Stahl, una suerte de alter-ego del autor que muta levemente en cada una”. Esta faraónica creación, aun en proceso, y que no tiene precedentes en nuestra literatura, incluye hasta el momento las siguientes novelas: 0.1 lineal (Editorial Anidia, 2008, España), Perséfone (Estuario editora, 2009), Vampiros porteños, sombras solitarias (Editorial Meninas Cartoneras, 2010, España), Nadie recuerda a Mlejnas (Editorial Reina Negra, 2011, Bs. As.), La vista desde el puente (Estuario editora, 2011, Uruguay) y Trashpunk (Ediciones CEC, 2012, Argentina); además los libros de relatos: Del otro lado (La Propia Cartonera, 2010, Uruguay), Algunos de los otros (Premios Fondos Concursables 2009-Trilce, 2010, Uruguay) y Los otros libros (La Propia Cartonera, 2012).

Bañera burbujeante.


En Los Viajes, un ingeniero, que reside en un precario departamento del Palacio Salvo (un sitio rodeado por un halo de misterio, y sobre el que circulan siniestras historias de monstruos lovecraftianos), construye una máquina dotada de inteligencia artificial. Con el fin de comunicarse con ella, convence a Federico Stahl para participar de un experimento que incluye un tanque de aislamiento sensorial instalado en una bañera, drogas de diseño y un bizarro sistema de realidad virtual generado por viejas computadoras conectadas a la red. Como resultado, el sujeto del experimento tiene visiones epifánicas que lo llevan a considerar el sentido de su papel en el universo, o mejor dicho del multiverso, ya que existen muchos Federico Stalh en mundos alternativos. Las drogas que le proporciona la máquina lo hacen afirmar cosas como: “todo estaba en mí, y yo estaba en todos. A cada momento y en todas partes”. Esa IA, que alcanza su conciencia propagándose por internet, le ayuda a comprender la reconciliación de los opuestos y obtener un conocimiento de sí mismo que no puede expresar con palabras.
Tras el experimento, el protagonista narrador abandona el Palacio Salvo y mientras camina por la ciudad, comienza a notar que los colores del ocaso se derraman de un modo inusual sobre el paisaje, hasta el punto de desdibujar la ciudad de Montevideo. Así, Stahl se traslada a un universo-burbuja (que se identifica con un balneario llamado Punta de piedra), en el que no envejece, vive sin dificultades económicas, y puede convivir con amigos o amores que en el mundo “real” habían fallecido. Sin embargo, no tarda en sentir la falsedad de este paraíso artificial, y comienza a buscar una salida. Los cuestionamientos se suceden sin pausa, hasta el punto de no poder discernir si efectivamente se encuentra en esa playa, o si por el contrario, todavía continúa conectado a una máquina de realidad virtual. En su infatigable intento por regresar al mundo real (si es que tal cosa efectivamente existe), llega a la conclusión de que Punta de Piedra es un punto de confluencia entre distintas realidades. Con la ayuda de un Tratado y un diario dejados por otras versiones de Federico Stahl, intentará escapar de este sitio poblado de fantasmas del pasado o de su propia mente.

Alquimia y multiversos



Los Viajes es una nouvelle muy bien escrita, imaginativa y sobre todo riquísima en cuanto a significados. Para comprenderlo, basta con esbozar algunas de las posibles lecturas.

Como novela de ciencia ficción podríamos inscribirla dentro del ciberpunk, con su cóctel de antihéroes, y realidad virtual, pero también debemos considerar a los universos paralelos, las realidades alternativas interconectadas y las ucronías. Hay una extraordinaria descripción de los procesos mentales que se hacen visibles gracias a la pericia del autor, y los aspectos cientificistas van muy bien de la mano con consideraciones de tipo teosófico y filosófico. Así, por ejemplo, las reflexiones que realiza el creador de la mencionada computadora inteligente son muy ilustrativas. Para el viejo, la inteligencia es un proceso que describe como “la posibilidad de iterar, de dar saltos cuánticos, es decir, entre dimensiones”. También postula que la inteligencia es colectiva y no individual como se suele creer. “Todos somos nodos de una red, o momentos de una conciencia escindida y volcada en todos en subcompartimientos”. “El universo es una gigantesca mente, de la cual todos somos neuronas”. “Y esa “sobremente” es una computadora cuántica que procesa lo que llamamos realidad” “Los antiguos la reverenciaron como Dios”.

El propio pueblito de pescadores en el que se desarrolla casi toda la acción está cargado de símbolos y de significados que redimensionan la anécdota. Punta de Piedra ocupa un área circular del que no se puede huir, porque cuando uno llega a un límite termina regresando al principio como si se desplazara por una cinta de Moebius. El círculo, al decir de Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos, suele corresponderse con un “retorno a la unidad tras la multiplicidad”, lo que en este caso es muy significativo, tratándose de un lugar que funciona como punto de confluencia de distintos universos y versiones del protagonista. Mide 5 kilómetros de diámetro, es un gigantesco arenal, y al noroeste limita con el mar y al noreste con un barranco infranqueable. El número 5 (de nuevo Cirlot) es el símbolo del hombre, lo que nos indica que es un espacio a la medida del individuo que lo habita. Las dunas, la arena, etc., representan el desierto mítico que debe recorrer antes de alcanzar su objetivo. El barranco (único frontera natural según se señala) representa el límite de sus posibilidades humanas: más allá no puede ir, saber o conocer, por eso la altura del barranco es de 300 metros (múltiplo de 3, símbolo de la divinidad).

El propio nombre “Punta de Piedra” tampoco puede ser tomado a la ligera. La piedra es un símbolo del ser y de la cohesión, y la piedra filosofal representa la unión de los contrarios, es símbolo de la totalidad. Según Evola, no hay diferencia entre el descubrimiento de la piedra filosofal y el nacimiento eterno. Recordemos de paso que en este lugar el personaje no envejece, y que la importancia de la alquimia es inherente a la propia anécdota. De hecho, el Tratado de las puertas y los pasajes-que debería proporcionarle un medio de escape- es descrito como un libro de “alquimia de otro mundo”. Los alquimistas, explica el autor del tratado, “habían sido los sobrevivientes medievales de una orden antiquísima cuyos miembros recorrían el mundo en busca de ciertos secretos (…) rastreando los elementos necesarios para crear una máquina que disolviera la simulación y devolviera a los humanos a la realidad”.

El mar, que integra el espacio geográfico, aparece en su función regeneradora, ya que devuelve a la vida a la novia de Federico. Agustina, que había muerto años atrás, es regresada por el mar, y con una rosa (que no se marchita) en su mano derecha. Esa rosa (símbolo del logro absoluto en alquimia) será clave para intentar el regreso al “mundo real”.

Otra de las posibilidades es considerar las peripecias de Federico para abandonar un mundo en el que está seguro y tiene sus necesidades satisfechas, como un intento de cumplir con una fase de crecimiento. En ese sentido, podríamos hablar de un rito de pasaje o viaje iniciático, lo que nos permitiría considerar también una lectura antropológica.

Todo es ilusión



Como se advierte, estamos en presencia de una obra que admite muchas lecturas, desde la ciencia ficción, la física, la filosofía, la psicología (gestalt incluida), la alquimia… Y aun hay más. Podríamos intentar un abordaje del artista como creador, por ejemplo, o una relectura de algunos temas de Borges o de Dick (a los que se menciona puntualmente), y también, porque no, una lectura acaso más obvia, que interprete Los Viajes como una extrapolación del hombre contemporáneo, que se sumerge en un ilusión permanente donde el tópico realidad-apariencia adquiere tonos de incertidumbre metafísica.

En definitiva, lo más importante es que estamos frente a una obra total, probablemente una de las novelas más ambiciosas de los últimos años, que cautiva la imaginación de los lectores y se erige como un desafío para los exégetas.

Pablo Dobrinin







viernes, 9 de noviembre de 2012

Nueva reseña de Colores Peligrosos

La Revista en línea Tela de Rayón, acaba de publica una reseña realizada por Juan Pablo Cozzi de mi libro Colores Peligrosos.
Quiero dar las gracias a la revista y muy especialmente al escritor y crítico que se encargó de la misma.
http://www.teladerayon.com/Articulos/Articulo.aspx?id=56672

Colores Peligrosos, de Pablo Dobrinin


8.11.2012

Dobrinin ha logrado conquistar la poética del despliegue, eso que tiene el libro como objeto: para leer es siempre necesario abrir.

La literatura, como el color, entra por los ojos. Reinventa e interpreta la acústica del lenguaje a partir del contraste entre lo vacío y lo no-vacío.


Los colores son el modo en que nuestra percepción identifica las refracciones de la luz; delimitan, por lo tanto, particulares formas de ser de las cosas. Algo que Pablo Dobrinin demuestra saber cuando colorea sus cuentos como quien monta una escena pictórica.

Trabajando a conciencia la estructura simbólica de cada uno de sus cuentos, Dobrinin crea una narrativa inteligente y poética que me propone siempre un desborde: algo que extralimita el texto y su trama, implicándome en un entramado mucho más complejo cuantos más símbolos logren captar mis receptores lumínicos.

Los diez cuentos recopilados en Colores Peligrosos tienen, al menos, cuatro elementos en común: el sexo, la muerte, la pintura (y por extensión, la creación artística) y la trascendencia.

El tratamiento del sexo, como el mismo autor sostiene, es interpretado como vía de conocimiento, quizás por eso engendra momentos de una erótica oscura y fantástica que deja al alcance de la vista (y de las manos) esa punta de ovillo que permite destejer para buscar lo medular. Donde hay sexo siempre está pasando algo más, pero nunca algo de más.

Asimismo, la muerte, como la trascendencia, no son menos importantes ni menos eróticas,porque provocan desde la aproximación a ese otro lado, siempre sugerido, de la existencia. Un revés que no puede sino transmitirse en términos poéticos.

La creación artística, representada en la mayoría de los cuentos a través de las artes plásticas, es recurrentemente abordada como un universo a desplegar. Un intersticio desde el cual accedo al reino de lo fantástico, que es otro modo de hablar de la existencia.

Tal como lo expresa Elvio Gandolfo en el prólogo, Colores Peligrosos es el primer libro de un autor que tiene una larga trayectoria en publicaciones digitales en varios idiomas. Editado en 2011 por Reina Negra (La Plata - Argentina) y a la espera de una reedición en Uruguay, Dobrinin ha logrado conquistar la poética del despliegue, eso que tiene el libro como objeto: para leer es siempre necesario abrir.





Por Juan Pablo Cozzi