sábado, 18 de junio de 2011

Colores Peligrosos















Estuvo muy buena la presentación de Colores Peligrosos. Muchas gracias a todas las personas que se hicieron presentes y me expresaron su cariño.
El libro se está vendiendo bien, y en Montevideo está casi agotado. Los poquitos ejemplares que quedan están reservados. Y hoy me entero que en Libros de la Arena está quedando un solitario ejemplar.
Pronto llegarán más ejemplares desde Buenos Aires y eso permitirá hacer una mejor distribución.
El libro ha tenido una buena acogida entre los lectores, por lo menos eso es lo que me han expresado algunos de ellos. Seguramente pronto saldrán las primeras críticas en distintos medios, mientras tanto, ya estoy trabajando en un nuevo volumen de cuentos. Pero tiempo requieren las cosas...

domingo, 22 de mayo de 2011

PRESENTACION DE COLORES PELIGROSOS


Queridos amigos: Los estoy invitando a la presentación de mi libro de relatos Colores Peligrosos, editado por Reina Negra. La cita es este sábado 28 de mayo en el Café La Diaria, a las 22 horas. Calle Soriano 770, entre Ciudadela y Florida.
La entrada es gratuita, y además de la presentación habrá música en vivo.

Colores Peligrosos es una selección de mis mejores relatos. La mayoría de estas obras ya fueron publicadas en revistas y antologías de Argentina, España, Italia y Francia; pero sin embargo todavía permanecen desconocidas para el público uruguayo.
Agradeceré mucho la presencia de todos!
Pablo Dobrinin

domingo, 8 de mayo de 2011

Otro Cielo Número 12


Ya salió el número 12 de la revista Otro Cielo!!!
Contenido:
Entrevista a Pablo Dobrinin

Minirepo: Jurij Kunaver

Cuentos de
Pablo Dobrinin
Ezequiel Vega
Javier Couto
Jorge Luis Cáceres
Silvia Flota
Azucena Galettini
Juan Manuel Candal

Notas exclusivas de la edición completa en pdf:
La exhibición de atrocidades, por Ramiro Sanchiz
Anverso y reverso, por Horacio Cavallo
Reseña de "Matadero"
La persistencia de la memoria, por Marcelo Metayer
GPS: La Gran Muralla China
La pueden bajar aquí: http://www.otrocielo.com/numactual.html

martes, 8 de marzo de 2011

Portada y Prólogo de Colores Peligrosos


Este es el dibujo de portada realizado por Augusto Montiel Belmonte. Y a continuación tiene el prólogo completo, escrito por el incomparable Elvio E. Gandolfo.
Prólogo a “Colores peligrosos”, de Pablo Dobrinin
Elvio E. Gandolfo

Estas líneas tendrían que ser, a esta altura, el prólogo al tercer o cuarto libro de Pablo Dobrinin. Incluso podrían ser mi segundo o tercer prólogo a uno de sus libros. El hecho de que sea en cambio el primero (tanto el libro como el prólogo), tiene más ventajas que desventajas. Gracias al famoso mecanismo de la así llamada “amansadora editorial” (al que fueron sometidos otros autores uruguayos que dejaron constancia, como Felipe Polleri), el primero, segundo, y tal vez tercer libro de Dobrinin quedaron inéditos.
Ahora aparece este primero y el efecto no puede ser más contundente. No tiene desperdicio. Los relatos se van sumando, distintos, con densidades varias, hasta construir uno de los primeros libros más sólidos aparecidos en los últimos años en el Río de la Plata. Su aparición, además, alegrará a quienes vienen siguiendo su nombre en publicaciones periódicas varias (en castellano, en francés, en italiano), a quienes hayan entrado en su muy peculiar blog, incluso a quienes hayan leído su extenso trabajo sobre la ciencia ficción y fantasía uruguaya online. Si sus dos o tres primeros libros podrían haber demorado en conseguir un público, este ya tiene un mínimo asegurado. El público crecerá ahora, aumentado por el boca a boca.
Nos conocimos hace una buena cantidad de años, a través de la librería donde él trabajaba, y pronto me pasó una cantidad de narraciones. Ya había algunos de los excelentes títulos de este libro. Por ejemplo “La venganza de los niños”, esa viñeta memorable, o “El regreso del Capitán Rayo”, ese relato esquinado, que usa de taquito los rasgos de la ciencia ficción para alzar entre líneas un muy entretenido y emotivo homenaje a la adolescencia y el pasado desaparecido, y a través del homenaje, al coraje personal en seguir manteniéndolos vivos. Es, en el sentido profundo de la palabra, un cuento de aventuras, donde el filo probable de la ironía queda ablandado y complicado por algo que no sería erróneo llamar “buena onda”.
El modo en que los cuentos y novelas cortas (en este caso “El regreso de los pájaros” o “Colores peligrosos”) muestran ese concepto de la “buena onda”, tan desmonetizado en los ambientes de la “intelligentzia”, aumenta su desmarque de las tendencias convencionales por la manera en que abarcan también “el espíritu” o “las otras dimensiones”. En algunos casos se cruzan, como ocurre en “Luces del Sur”, uno de los grandes relatos del libro, donde el erotismo decadente y hasta revulsivo parte de una situación de carencia (sin trabajo, sin mujer, sin lugar donde vivir) y culmina en una relación cuerpo a cuerpo de un nieto y una abuela. La actitud del que narra disuelve, sin dejar de reconocerlo, el componente del asco, por una parte. Por la otra, en un relato montevideano clásico podría tratarse de una sola vez, explicada hasta el hartazgo. Aquí, en cambio, la situación se repite mucho, y eleva a quienes ejercen esa energía insondable de la sobra, de la vejez deforme, del requecho, del deseo de hundirse alegremente en ella, y aprovecharla, en vez de rechazarla. Gracias a eso, aparece un costado final, de ascenso práctico y metafísico a la vez.
En el caso de “Colores peligrosos” Dobrinin usa otro tipo de herramientas. Decide armar una ciudad medio fantástica y medio real, donde las cosas abstractas (en especial el arte idem) tienen peso figurativo concreto, dividen la trama urbana en dos, y despliegan una guerra desatada. El que narra acá sigue teniendo los rasgos inquisitivos, aventureros, espirituales de otros relatos, pero la división entre bueno y malo, blanco y negro, se bifurca. El personaje animal odiado es reconocido sin embargo como un talento, un artista. Pero los impulsos propios (la violencia, la venganza, la herida afectiva) llevan a complicar la imagen cómoda de sí mismo.
Envuelto en ese tipo de relatos, aparece “La película de Artaud”, casi un texto experimental difícil, por el carácter inclasificable y esquivo del creador francés original. Más sutil y curiosa es la figura también real del pintor ruso Isaac Levitan, no solo promotora del relato donde figura su nombre, sino también de varios de los cuadros incluidos en el blog de Dobrinin. Pero sobre todo gestor, por su mero vigor o latido, de uno de esos escapes inexplicables y a la vez directos de la literatura fantástica.
Cualquier escritor más o menos competente de cualquier edad puede hacerse cargo de un relato más o menos legible de ciencia ficción. Pero cuando se trata del latido (mucho más que de la fantasía) de la literatura fantástica, el desafío se vuelve más difícil. Porque exige del que escribe una participación que incluye la experiencia, lo aprendido sobre los otros planos de lo real. En esos casos la parafernalia técnica o verbal pasa a segundo plano: se vuelve sencilla y calma para retratar ese salto al otro lado que está en tanto relato de Algernoon Blackwood, de Borges, de Arthur Machen, del primer Julio Cortázar. Ese aplomo para contar lo que parece incontable, para hacer que reverdezcan lo que parecen lugares comunes (el escape, la sensación de destino cumplido, el peso trascendente del pasado personal) aparece en su expresión más plena en “El regreso de los pájaros”.
Cuando acepté prologar el libro de Pablo Dobrinin, decidí releerlo completo, por las dudas. Pero mientras lo leía los cuentos volvían a proyectarse como la primera vez, nitidos y nuevos. Me admiraron la seguridad descriptiva, el sentido del humor más bien sonriente que agresivo, el coraje para enfrentar determinada temática “peligrosa” (en Uruguay, básicamente por lo que puedan pensar “los demás”). Querido lector (que de semejante o hermano mío no tienes nada), este libro te sorprenderá, te encantará al viejo estilo, o te hará pasar a sitios desconocidos. Siempre hacia adelante, con esa actitud de la primera persona de Dobrinin, que se analiza a sí mismo con rigor, que medita, pero todo mientras sigue su recorrido sin detenerse, con curiosidad, con deseo, con aventura y riesgo.

domingo, 27 de febrero de 2011

Colores Peligrosos

Este es el video promocional de mi libro de relatos COLORES PELIGROSOS Las ilustraciones son de Augusto Montiel Belmonte La editorial es Reina Negra

sábado, 22 de enero de 2011

En Marzo...


En Marzo llega: El libro de cuentos Bizarros que estabas esperando...

domingo, 12 de diciembre de 2010

La Película de Artaud






...aprende las voces terribles que anudan la vida con la muerte, y luego, para los sordos, da un paso al frente, transmite el mensaje, hace una reverencia, saluda y se va.

...como un diente flotando en el aire muerto. Los labios finos y apretados, la mirada desconfiada. Con esa cara de luna en retroceso y esas manos tan humanas y vacías, avanza imperfecto Antonin Artaud. Con un efecto de film en blanco y negro, con el ruido del proyector, lleno de rayas y soledad. Antonin Artaud gira, se pone de cabeza, se desdobla, y pronuncia las palabras que leyó en las letrinas de los sueños.

A lo largo de su existencia, Antonin Artaud participó como actor en numerosas películas. Pero es preciso aclarar que sólo lo hizo con el propósito de ganarse el pan. Nunca se sintió plenamente conforme con sus papeles y casi siempre estuvo ajeno a esas obras. Por eso hemos creado esta película, en la que Antonin Artaud se representa a si mismo. Es lo justo. Es lo menos que podemos hacer por un hombre de su talento. Se lo debemos: por todo lo que nos enseñó a propósito de la poesía, el teatro, y la vida misma.

Nada es fácil. Siempre hay un precio. Antonin Artaud y el jardín del dolor. La primera vez que saltó hacia esa luz blanca pensó que era la muerte. Pero debió volver a ella, conducido por los enfermeros del Hospital de Rodez. Y ahora tenemos aquí esa luz blanca, en todo su cuerpo y toda su alma. Antonin Artaud, sumergido, atrapado en una flor de luces crispadas. Vuelve a saltar, sin entender la razón (porque no existe ninguna), con todo su dolor y su miedo.

..su cara blanca como una luna de río, así de fría y callada.
Pero ahora avanza imperfecto Antonin Artaud. Con un efecto de film en blanco y negro, con el ruido del proyector, lleno de rayas y soledad. Antonin Artaud sube la montaña. Avanza imperfecto pero empecinado. Sube, sube, hasta sentir las voces del aire, del viento y de la hierba.
Es hermosa la vista en el país de los Tarahumaras; dejemos aquí un rato a Antonin Artaud. Para que reafirme su posición de que nuestro mundo no es el real. Para que tenga la ilusión de que puede recuperar algo que se ha perdido hace muchísimo tiempo. O simplemente para que descanse de la Civilización.

Volvemos a los enfermeros, los médicos, los electro-choques. Eso debe funcionar muy bien. Con cada electro-choque aparece una luz blanca, que está acompañada de un efecto sonoro. Es algo impactante. Después de cada electro-choque dejamos de filmar el cuerpo exhausto de Antonin Artaud y pasamos a otro momento. La luz blanca es una suerte de nexo entre las distintas escenas.

...atrapado por las corrientes del dolor que surcan el espacio. Sin saber que busca un consuelo que tal vez nunca llegará, ahí va Antonin Artaud, con las blancas manos abiertas como estrellas, con los cabellos duros y descoloridos, con la cara irreprochable del verdadero padecimiento, ahí va Antonin Artaud, como un misterio al margen de la Historia. Atrapado por las corrientes del dolor que surcan el espacio, sin saber cuál es la meta de ese viaje tan frío, avanza imperfecto Antonin Artaud, mientras suena una música de cráneos golpeados con un fémur.

Es Antonin Artaud. Puedes reconocerlo por esos ojos que miran la parte de atrás de las cosas, y por esas manos que se mueven constantemente, pero inútiles. Es Antonin Artaud. Puedes reconocerlo por ese extraño modo de caminar. Parece que tuviera una pequeña cojera. No me importa si Antonin Artaud cojeaba o no cojeaba. Necesitamos mostrar que es un hombre enfermo, así que en esta película él debe cojear, aunque tenga que partirle una pierna.

No olvidemos a su novia. Génica. La única mujer a quien amó, según afirman sus biógrafos. Esta es la idea que tengo: Antonin Artaud sueña con una mujer que le crece por las noches, se insinúa, se aleja, regresa...Se mete en todas las habitaciones de su mente, inclusive en aquellas que él ni siquiera sospechaba que existían. Y luego, por las mañanas, Antonin Artaud se despierta con una sensación de vacío, y un olor a flores que no son de este mundo.
Después Antonin Artaud conoce a Génica. Al principio él cree que es la misma mujer de sus sueños, pero luego se da cuenta de su error. Antonin Artaud se había enamorado de una mujer ideal, que habita en otra dimensión distinta a la nuestra. Es lógico, porque ninguna mujer de este mundo puede llegar hasta Antonin Artaud, que está excluido de la vida. Génica le dice que deje la droga, que abandone el opio, y él insiste en que es esencial para su existencia. La relación no funciona. Se dejan de ver. Él se considera traicionado.

Antonin Artaud se encuentra frente a un teatro. Paga la entrada e ingresa. Está lleno de espectadores. Camina hacia el escenario, que está iluminado con una luz íntima. Allí encuentra a Génica, acostada en una cama antigua, rodeada de tules. Él se inclina hacia ella, con intención de besarla. En el momento en que los labios se tocan, Antonin Artaud siente un dolor agudo en el costado. Ella se incorpora, sonríe, y deja ver el puñal que tiene en una mano. Antonin Artaud se mira la herida, gira para que veamos su rostro, y cae muerto al piso. La sangre mana de su cuerpo. El público se para y la sala estalla en aplausos. Maravilla.

Podemos imaginar un encuentro entre Antonin Artaud y el montevideano, el conde de Lautréamont. Antonin Artaud ve al señor conde. El conde está vestido con un sobretodo verde, sentado a un piano de cola, sobre un risco, nada menos. Entonces el conde empieza a aporrear las teclas con sus manos enfermas, y de la boca del piano salen pájaros de colores que se devoran entre sí. Luego Antonin Artaud y el conde se dan la mano. Y Antonin Artaud come un pájaro bajo la luz de la luna.

Una lujosa mansión. Un jardín de rosas, esculturas, escaleras de mármol, sirvientes, muebles muy finos, una enorme araña colgando del techo. Una docena de comensales, vestidos con smoking, están sentados a la mesa. Apenas empiezan a a comer, la puerta de casa de abre con estrépito e irrumpen André Breton, Paul Eluard, Robert Desnos, Benjamín Péret y Antonin Artaud. Parecen dispuestos a todo. Llegan hasta la mesa y le tiran los platos a la cara a los distinguidos caballeros. Hay un gran desorden, golpes de puño, un baile arcano sobre la mesa, y una proclama en una lengua desconocida. En el momento de mayor descontrol entra una mujer vestida como un pájaro, tocando un bombo. El anti-clímax lo proporciona el propio Antonin Artaud: se corta una mano y la coloca en una bandeja. Robert Desnos, que se ha quedado dormido, está colgado como un murciélago de la lámpara, y recita versos en voz baja.

Antonin Artaud y Vincent Van Gogh se encuentran en el filo luminoso de una flor. Hablan entre sí. Pero nadie puede entender lo que dicen. Cada vez que se comunican la película se queda sin audio. Sí, porque de alguna manera debemos sugerir que ellos están separados de este mundo. Solo vemos a dos personas que se miran, hacen algún gesto y mueven los labios.

El doctor Ferdière está a cargo del hospital de Rodez. Es una relación muy especial, porque el médico intenta proteger a Antonin Artaud, lo estimula a escribir, lo invita a comer a su propia mesa, lo trata como a un amigo, pero no deja de aplicarle electro-choques. Ferdière es una síntesis del bien y del mal, como las dos caras de una moneda. Por eso Antonin Artaud lo mira y le dice: doctor, usted es un gran actor en el Teatro de la Crueldad.

Antonin Artaud se considera el portador de una misión divina, sostiene que la humanidad debe volver al cristianismo de las catacumbas. Asiste a misa con el capellán del manicomio, y es apreciado por los buenos ciudadanos. Pero sólo por un tiempo. Después Antonin Artaud se observa en un espejo. Afirma que ha sido víctima de una posesión. Se disgusta, se enfurece, y con sus propias manos se arranca la piel a tirones, para que salga la luz.

Sería tonto no explotar al Antonin Artaud profeta, al autor de las Nouvelles Révelations de l´Etre. Antonin Artaud predice que las masas volverán a caer bajo el yugo, y que sobrevendrá una gran destrucción producida por el fuego. Quiero escenas de destrucción, una música que sea un llamado al caos, un soberbio desfile militar, y una multitudinaria orgía. Heliogábalo puede pasar al principio, y volver después, con una vestimenta más actual.

Es imperioso que tomen bien el rostro de Antonin Artaud. Y sobre todo sus ojos. Los espectadores tienen que ser capaces de ver que en esos ojos hay una flor pisoteada, una vaca muerta, un temblor del Cielo y de la Tierra, un olor a libros destruidos por la humedad, un reflujo de odio silencioso, y un montón de palabras que no pueden escribirse ni escucharse.

Un poco más de electro-choques. Luz Blanca. Seductora como una flor. Bella como una leche envenenada. Siempre la Luz Blanca. Es lo mejor que podemos hacer.

Es momento de mostrar el exceso de lluvia en el estanque de los corazones, las cosas que aparecen quemadas o rotas, las manchas que deja la soledad, el hollín de sueño entre los dedos, las rayas amarillas del tiempo, la paz del humo, las palabras atrapadas en el momento de despertarse, la mano que dibuja en el aire, la cama que remonta el río del tiempo, el agua que el balde recoge en las profundidades del aljibe, los trenes fantasmales que a su paso iluminan los campos dormidos...

Hay una llanura infinita. Antonin Artaud está solo. Suena una música que es como una puerta abierta al mar. Antonin Artaud no dice ninguna palabra. Pero se mueve y se mueve. Un espantapájaros liberado. Se mueve. Gira. Baila. Un enamorado de la vida y de la muerte. Baila. Es el triunfo de Antonin Artaud. Se expresa. Es su cuerpo el que habla y el que dice todo aquello que no se puede decir con palabras. Canta con su cuerpo. Y Antonin Artaud deja de estar perdido en la llanura y se transforma en lo único importante. Con esa imagen de fondo comienzan a "caer" los créditos de la película...y fin.

Bien. Ya todos saben lo que vamos a hacer...así que no perdamos más tiempo. Traigan a Antonin Artaud y empecemos con esto.
Ahora.
No me importa si no quiere levantarse. Desátenlo y tráiganlo.
Limpien su rostro. La sangre de sus labios. No está tan mal, después de todo. La Policía del Tiempo ha logrado recuperarlo bastante bien.
Vamos, vamos.
Injértenle el chip con el guión.
Eso es.
Todo listo...
Luz...
Cámara...
¡Acción!


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El dibujo: Autoretrato de 1947
La foto: Artaud visto por Man Ray