jueves, 25 de noviembre de 2010

Cuento en Revista Otro Cielo


El número 9 de la excelente revista literaria on-line Otro Cielo publicó mi cuento "La Venganza de los Niños". El contenido de este número es el siguiente:

Entrevista a Rodrigo Fresán
Minirepo: Fernanda Trias

Cuentos de
Liliana Colanzi
Pablo Dobrinin
Santiago Exímeno
Daniel Flores
Federico de los Santos
Simón Parra
Marcos Bertorello


Notas exclusivas de la edición
completa en PDF:


¡Nueva sección!
La exhibición de atrocidades, por Ramiro Sanchiz
Literatura: reseña de "Diez" de Juan Emar
Personajes desempleados, por Noe Sancho
Anverso y reverso, por Horacio Cavallo
El diario íntimo de la norma, por Daniel Flores
El evangelio musical del Sr. Tow
La persistencia de la memoria, por Marcelo Metayer
AnaCrónica
GPS: Petra

martes, 23 de noviembre de 2010

Los Hijos del Viento













Cansado de oír fantásticas historias, que iban modificándose según quién las relatara, decidí trasladarme a Limeria, para ver con mis propios ojos lo que sucedía en esas tierras.
Navegué durante más de un mes desde el viejo continente, y pese a algunas demoras, impuestas por las tormentas, llegué a tiempo para presenciar el extraordinario acontecimiento.
Me alojé en la casa de Germán, el líder de los limerianos, y una semana después de mi arribo pude asistir al esperado evento, que tuvo lugar en un valle, donde el arroyo de los leones alados hace un recodo antes de abrirse paso al océano.
Esa mañana el cielo anunciaba tormenta. Decenas de hombres, mujeres y niños bajaban de las verdes colinas. La gente del lugar vestía ropas de campesinos, cazadores o artesanos, excepción hecha de las madres de los niños desaparecidos, que lucían vestidos blancos. Costaba imaginarse que ese pueblo, antes tan dado a las fiestas y los bailes, era el mismo que ahora ofrecía esos rostros de gravedad.
Algunos hombres exhibían cicatrices que hablaban de salvadas milagrosas. Otros se veían terriblemente fatigados, como si hubiesen arrastrado una pesada carga durante toda la vida. Los más jóvenes tenían una penosa expresión de adultos. Pero en cada rostro se advertía la obstinación de los que ya no tienen nada que perder. "Esto es lo que queda de los rebeldes de Limeria", pensé al verlos.
También había extranjeros, ataviados a la usanza de sus distintas patrias.
Caminé lentamente hacia donde se dirigía la multitud. La pradera, en zonas bastante grandes, se hallaba cubierta de flores silvestres de color amarillo. A intervalos irregulares se erguían unos árboles umbrosos, que desafiaban las alturas. No vi ni tampoco escuché a ningún pájaro.
Me detuve junto al arroyo, sobre el que flotaban unos nenúfares en flor. En la ribera se alineaban no menos de una decena de esculturas de piedra color naranja. Representaban a fuertes leones de alas membranosas. Marchaban con paso desafiante y la faz en alto, dispuestos a conquistar el cielo. Era admirable la belleza de las líneas, el detalle de los músculos, y la tensión expresada en los movimientos. Ninguno de aquellos limerianos había visto jamás un ejemplar de semejantes características, pero habían sobrevivido en la mitología local como un símbolo de voluntad inclaudicable.
-Hay que ser fuertes como ellos -dijo Germán al notar que yo fijaba mi vista en las esculturas.
-Fue aquí, ¿verdad? -pregunté.
-Así es -señaló el robusto líder de los limerianos. Su frente estaba surcada por arrugas que no eran producto de la vejez, y en sus ojos brillaba una luz acuosa-. Los niños estaban jugando, y de pronto, algo o alguien se los llevó sin dejarnos pista alguna. Todavía no puedo creerlo, y ya han pasado siete años. Desde entonces no hemos dejado de buscarlos. Y todos los años, en la fecha de la desaparición, nos reunimos aquí.
En el suelo vi una jaulita hecha con barrotes de mimbre. Adentro había un pájaro de plumas blancas. Germán alzó la jaula con su enorme mano y dijo:
-Él nos avisará.
Luego calló y miró al frente.
El cielo parecía una enorme bolsa de agua turbia a punto de romperse. Una sensación de ahogo me oprimía el pecho, y yo sentía que lo mismo les estaba ocurriendo a los demás. La expectativa era enorme. No sé cuánto tiempo estuvimos esperando. Cuando ya pensé que nada ocurriría, volví a escuchar la voz de Germán.
-Está por suceder -dijo señalándo el pájaro blanco que se removía inquieto en la jaula.
Sin prisa, pero con decisión, todas las madres se separaron del resto y avanzaron hacia la margen del arroyo. Había cerca de veinte mujeres que participaban del mismo ritual. Tenían los brazos pegados al cuerpo y miraban hacia arriba. En un gesto de respeto, aquellos que permanecían sentados se pararon.
Si mi larga experiencia de cronista no me hubiese preparado para enfrentarme a lo desconocido, difícilmente hubiese dado crédito a lo que estaba a punto de presenciar. Y aun así, no pude evitar que un sentimiento de lo maravilloso me envolviera como una capa de estrellas.
Las flores amarillas, que cubrían una gran extensión, se balancearon formando lentas olas, y liberaron un suave perfume. A una distancia de un disparo de flecha de donde me encontraba, apareció en el aire un viento azul. Se desenroscaba, dilataba y avanzaba hacia donde estaban las madres. Giraba brevemente en torno a ellas, se extendía unos metros más, y finalmente, tras descender y dejar una blanda marca en la superficie del agua, se esfumaba junto a las esculturas. No tardó en formarse un río aéreo de singular encanto. Las mujeres observaban la escena con ansiedad, mientras sus largos cabellos y sus vestidos blancos se agitaban en el viento.
Poco a poco, en aquel aire vaporoso, comenzó a evidenciarse la presencia de los niños desaparecidos. Se los podía ver asomando entre los bucles de la niebla.
Las madres miraban hacia arriba y extendían con delicadeza los brazos, para poder rozar las manos y los rostros de sus hijos. Pero las imágenes se les desintegraban entre los dedos y eran arrastradas por la corriente azul.
Traté de imaginarme cuánto sufrimiento debieron haber soportado esas mujeres y sentí un vacío en el estómago. Su dolor se me metía por los poros, y tuve que hacer un gran esfuerzo para conservar la entereza.
Ofelia, la hija de Germán, observaba todo sin pestañear. A su lado, muy junto a ella, estaba parado su hijo Daniel, que le llegaba hasta los hombros. Si aquello no era fácil para los adultos, mucho menos debía serlo para los niños presentes, que veían en el viento a sus hermanos y primos desaparecidos. Ofelia apretó los labios y aferró a Daniel contra su pecho.
Cuando el viento azul soplaba con más fuerza, el olor de la hierba se hacía más intenso. Las imágenes de los niños se dilataban y contraían, pero sin perder nunca la belleza. Era como la representación de una melodía interior.
A medida que transcurrían los minutos, la visión iba desdibujándose al igual que una acuarela bajo los efectos del agua.
Un hombre pequeño y delgado, de aspecto extranjero, que estaba parado junto a mí, me dijo:
-Es muy raro, ¿no le parece?
No estimé oportuno iniciar una conversación en ese momento, así que me limité a asentir con la cabeza.
Pero el hombre necesitaba expresarse, porque añadió:
-Algunos dicen que el Emperador los mandó secuestrar, para castigar a los padres por su insubordinación. Otros creen que un mago tiene sus almas atrapadas. Personalmente considero que el lugar actúa como una suerte de catalizador de los sentimientos de las madres: ellas simplemente ven lo que vinieron a ver. En lo que a mí respecta, esto es un cementerio para niños. Las madres vienen todos los años para encontrarse con sus hijos muertos.
-No le hagas caso -intervino Germán sin poder ocultar su molestia-. No es un cementerio, y los niños no están muertos.
El hombre miró al líder y se disculpó.
Mi amigo iba a agregar algo más, pero entonces, un anciano que tenía los ojos entornados, afirmó:
-Mi vista no es buena, pero yo sé que mi nieto está ahí.
Germán intentó una sonrisa y ambos volvimos a concentrarnos en las imágenes.
Los niños se veían ya con escasa claridad. Parecían deshilacharse ante la mirada desconsolada de las madres, que los miraban alejarse, como si contemplaran el río del Tiempo pasar frente a ellas y no pudiesen hacer nada por detenerlo.
Observé en derredor, y vi a los limerianos encerrados en el valle, casi estáticos, fascinados con aquella pintura estampada en el viento, soportando un dolor que ninguna persona debería soportar. Las madres permanecían fijas a la tierra como árboles, y no podían dejar de mirar el cielo.
Al cabo de un rato, como una música que ha llegado a su fin, lo que restaba de las imágenes se esfumó en el aire.
Todo había concluido.
La sensación de vacío fue inmensa.
Germán abrió la jaula y liberó al pájaro blanco, que se alejó en la fría mañana. Luego fue por su hija y su nieto. Los abrazó, y juntos comenzaron a abandonar el lugar. El resto de las personas también se marchaba, en la procesión más perturbadora que he visto en toda mi vida. En mi recuerdo es una gris visión de cientos de hombres, mujeres y niños caminando bajo una apretada masa de nubes negras. Uno podía sentir el olor de la lluvia que no tardaría en llegar, pero no cayó ni una sola gota. Les di una última mirada a los leones alados que flanqueaban el arroyo y empecé a alejarme.
Mis compatriotas, al referirse a los hijos del viento, hablaban de fantasmas que podían matar de miedo a quienes los veían. Ahora yo me daba cuenta de lo equivocados que estaban. Las escenas no eran aterradoras, sino muy tristes. Y no había ninguna razón para hacer huir a los observadores.
Dos días después, mientras aguardaba el barco que habría de regresarme a mi hogar, comprendí que, si la vida me había permitido asomarme a aquella tragedia, mi tarea no debía limitarse a escribir una crónica. Resolví postergar mi partida: ayudaría a los habitantes de Limeria a encontrar a sus hijos desaparecidos.


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martes, 14 de septiembre de 2010

Cuento en antología Légendes!


Esta es la tapa y contratapa de la antología "Légendes!", recién salida de imprenta, que incluye mi cuento: "Los Hijos del Viento". La traducción al francés estuvo a cargo de Jacques Fuentealba.

sábado, 7 de agosto de 2010

Otro Cielo


La revista Otro Cielo acaba de publicar mi cuento : Los Festejos del Fin del Mundo.
Pueden descargar toda la revista aquí: http://www.otrocielo.com/numactual.html
El contenido completo es el siguiente:
Entrevista a Ramiro Sanchiz

Las invasiones uruguayas: mesa redonda virtual
con los nuevos narradores orientales.


Cuentos de:
Ramiro Sanchiz
Agustín Acevedo Kanopa
Pablo Dobrinin
Horacio Cavallo
Leonardo De Leon
Rodolfo Santullo
Camilo Baráibar
Damián González Bertolino
Pedro Peña
Leonardo Cabrera
Valentín Trujillo
Jorge Alfonso

Adelanto de la versión definitiva
de la novela "La azotea" de
Fernanda Trias



Notas exclusivas de la edición
completa en PDF:

Confesiones de un librero amargado
Reseña: "La pelirroja" de F. de Almeida
La persistencia de la memoria, por Marcelo Metayer
Personajes desempleados, por Noe Sancho
Alguien que anda por ahí / update sobre
Gustavo Nielsen
El evangelio musical del Sr. Tow
AnaCrónica
GPS: Luxor

jueves, 25 de febrero de 2010

EL CAMINO LARGO


Publicar en este país nunca fue fácil. Tengo entendido que en el resto de los países tampoco lo es , pero en el caso de Uruguay contamos con la desventaja de que los libros son caros y de que el mercado interno es reducido. A esto hay que sumarle la contra de que cada vez se vende menos ficción y más ensayo. Y dentro de la ficción, como se sabe, la literatura fantástica y la ciencia ficción son todavía menos populares. Así que no me ha sido nada sencillo. Solo pude publicar dos relatos en la revista de ciencia ficción Diaspar, y otros dos en el suplemento Cultural del diario El País. Cuando intenté publicar un libro de relatos me encontré siempre con la misma respuesta: que lo mío estaba bien pero que, por motivos económicos, no podían arriesgarse. Para peor, acá hay muchas editoriales que ni siquiera se dignan a considerar tu trabajo, a menos que tengas una trayectoria. Después de esa decepción, descubrí internet y empecé a mandar relatos al exterior, para revistas y antologías. En solo cinco años publiqué varias veces en Argentina, España, Francia e Italia. Me ha dado muchas satisfacciones, pero aun tengo una cuenta pendiente: quiero publicar un libro de relatos en Uruguay. Esto me trae a la memoria un cuento de un autor uruguayo que leí hace algunos años. Claudio Pastrana, un amigo de la época de Diaspar, había escrito un relato, de corte humorístico, en el que se hacía referencia a un planeta muy especial. En ese planeta, se explicaba en el cuento, solo había una calle. Si uno deseaba llegar a un sitio que estaba en frente de uno, pongamos a cien metros, no tenía más que avanzar cien metros. Pero, si uno deseaba llegar a un sitio que estaba a cien metros, pero a las espaldas de uno, tenía que dar la vuelta entera al planeta, porque esa calle solo podía ser recorrida en un único sentido. Parece que esta era una imposición del sindicato de taxistas. Con los años, yo me di cuenta que Uruguay era como ese planeta imaginado por Pastrana. En efecto, para que me reciban adecuadamente en una editorial que está a una cuadra de mi casa, no me basta con recorrer cien metros, sino que tengo que dar la vuelta al mundo. Acabo de imprimir una selección de mis cuentos, y la semana entrante la pienso llevar a una editorial. Ahí podré descubrir si el camino largo sirvió de algo. Luego les contaré lo que pasó.

(La ilustración es del artista polaco Jacek Yerka)

miércoles, 10 de febrero de 2010

CUASAR



Esta es la tapa del último número de la revista argentina Cuásar. Tal como lo había adelantado, contiene mi cuento "Blue". La imagen en blanco y negro corresponde a la ilustración del cuento, que hizo Daniela Ruggeri. En Montevideo, Cuásar se vende en El Rincón del Coleccionista.

viernes, 5 de febrero de 2010

SEXO BIZARRO


En el post de hoy me referiré al tratamiento que le he dado al Sexo en mis cuentos.

El Sexo me ha permitido crear algunos de mis trabajos más perversos y poéticos.

Me voy a concentrar en tres de ellos donde el tema es especialmente relevante: Los Festejos del Fin del Mundo, Luces del Sur, y Blue.


Los Festejos del Fin del Mundo

El mundo se termina, su fin es inminente, y la gente, en lugar de correr, esconderse o lamentarse, sale a las calles a festejar. Es difícil desentrañar la madeja de una idea después que ha pasado cierto tiempo, pero tengo la sospecha de que fui influenciado por las ideas de Mircea Eliade, y especialmente por su libro "El mito del eterno retorno". Me basé en el sentido que algunas comunidades primitivas le dan a la celebración del fin de año, o a los ritos agrícolas. Se celebra el fin de año para que el tiempo siga regenerándose, para que la vida se renueve y perpetúe. Y las fiestas agrícolas tienen por objeto asegurar las cosechas. En este contexto, las orgías son un llamamiento al caos. Pero no para que simplemente todo se destruya, sino para que de ese caos surja un nuevo orden, y así la vida pueda continuar. Hay otra idea que también tiene su importancia en Los Festejos del Fin del Mundo, la "carnavalización". El sentido profundo del carnaval también se relaciona con la desmesura y el caos. En el carnaval se cometen excesos, la gente se disfraza, se suprimen las jerarquías, se confunden los roles, los ricos se disfrazan de pobres, los pobres de ricos, lo único que cuenta es sumergirse en un espíritu de liberación, que arrastra a los participantes hacia el caos que va a permitir la renovación del mundo.

El lugar desde el que está contado Los Festejos del Fin del Mundo es una cervecería, donde las distintas razas del Multiverso, mientras esperan la llegado de los Relojes de Fuego que anunciarán el Fin del Mundo, comen, beben y tienen sexo. Hay allí un personaje que es muy importante: un fauno, que quiere tener sexo con una mujer de Bergel. La característica de las mujeres de Bergel, es que, después de tener un orgasmo, de la espalda les brota una Mariposa de Agua. Esto provoca que la mujer muera, y que el fauno quiera devorar a esa mariposa, que además es azucarada. El fauno, persiguiendo a lo largo del cuento a la mariposa de agua, es una imagen de todos los individuos que están en la cervecería, porque, aunque el fin del mundo está próximo, y ya todos han bebido y fornicado y cometido excesos, él quiere sentirse vivo hasta el último instante. Como esa mariposa se le escapa, decide buscar otra mujer de Bergel. El final del fauno es ejemplarizante.

En este cuento, mi fragmento favorito es el que se refiere a los Tres Músicos en relación con los actos del fauno:

..." los Tres Músicos que están ensayando la Melodía del Fin del Mundo para cuando lleguen los Relojes de Fuego. Sus instrumentos son unas masas amorfas de color azul, llenas de agujeritos que ellos pinchan con largos estiletes. Según en qué agujero introducen el estilete, es el sonido que se logra. La música se parece a los chillidos que las Mujeres Porcinos emiten en primavera."

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"El fauno ha logrado convencer a la mujer, que ahora avanza hacia el centro del local. Camina lentamente, con el silencio de los gatos y las lunas. Se quita la capucha y su cabello cae con la cadencia de una guitarra en la noche. La ropa se desliza por las curvas y llega al piso.

El fauno se acerca. Ella le dobla en altura.

El cíclope está sentado sobre un barril y la observa con su ojo bien abierto, que parece congelado. José deja de contar su dinero y la mira. El pastor, el hombre de Woodstock, el Domador de Tigres Alados... todos miramos sin poder creerlo. Sopla una brisa que nos trae su cálido perfume de sueños.

El hombrecito con patas de cabra recorre con sus manitas velludas las interminables piernas y se detiene en las tibias colinas. Ella lo toma del cabello y lo atrae hacia su vientre.

La mujer de Bergel se estremece mientras el brillo de la luna baila en su cuerpo. Al cabo de un rato, apoya los codos y las rodillas en el suelo y espera la llegada del fauno.

Uno de los Tres Músicos introduce suavemente un estilete en su instrumento. Después se van sumando los otros, y una melodía tibia y húmeda impregna el aire de la noche.

No podemos apartar la vista del espectáculo. Es como si cada uno de nosotros tuviese algo de ese fauno, que busca su Mariposa de Agua para saborear la eternidad del último instante. Todos hemos bebido, devorado, fornicado, matado, en esta noche del Fin del Mundo, y sin embargo...


Los Relojes van a llegar en cualquier momento. Puedo sentir en el aire el combustible que queman los motores.


Los músicos pinchan cada vez con más violencia sus instrumentos. La mujer abre la boca y sus dientes brillan con un fuego lunar. Los estiletes perforan una y otra vez, más rápido, más fuerte, más adentro.

Los Relojes ya están aquí.

La piel de la espalda se estira, formando un bulto.

Se enciende el primero de los Relojes.

La columna vertebral se parte con un crujido desagradable, puedo ver los huesos y la sangre. El fauno abre la boca esperando atrapar su presa. Pero en lugar de una Mariposa de Agua surge un ser monstruoso con una caparazón roja y unas pinzas enormes. El hombrecito grita, pero ya es demasiado tarde. La horrible criatura salta sobre él y en cuestión de segundos le devora la mitad de la cabeza, para luego perderse entre las sombras.

Los músicos terminan bruscamente de tocar y dejan caer sus instrumentos, que se alejan arrastrándose, mientras un líquido azul les brota de las heridas."


Este fue uno de los cuentos que más veces he publicado: dos en Argentina, una en Italia, y otra en Francia. Lo que más ha llamado la atención de la gente que lo leyó, es que, a pesar de que ocurren muchas cosas en apariencia disparatadas, hay una noción de orden que se impone y que le da sentido no solo al final sino a todo lo que ocurre. Esto se relaciona con algo a lo que me he referido hace algún tiempo, en otro lado, el concepto de "Cabalgar la Locura". Básicamente consiste en hacer relatos originales, oníricos, arriesgados, y que además toquen temas importantes, pero manteniendo una estructura reconocible y funcional, es decir, que la obra no se agote en algo experimental, sino que además sea entretenida y funcione como cuento.


Luces del Sur


Fue uno de los cuentos más difíciles que jamás me haya planteado realizar. No por el tiempo que me llevó- alrededor de tres o cuatro meses(en principio)- sino por las características de la historia. Es un tema muy ríspido. Una relación de incesto entre un hombre y su abuela senil. Es fácil, frente a un argumento así, caer en la grosería, la risa fácil, etc.; pero decidí arriesgarme.

Intenté contar la historia de un modo que fuera emotivo, sensible. El riesgo en estos casos es pasar de lo sensible a lo cursi. La sospecha de que una frase pueda resultar cursi aleja a los lectores e inhibe muchas veces a los escritores. Es una línea muy delgada, sobre todo en una sociedad hipercrítica como la que vivimos. Y no solo apelé a los sentimientos, sino también a un lenguaje poético. Con eso, aumentaron mis posibilidades de ser cursi. Pero me arriesgué aun más. Porque me había convencido de que la poesía era el instrumento ideal para contar esa historia. ¿Por qué? Bueno, porque la poesía permite sugerir antes que mostrar, y permite un acercamiento elegante a un tema que en este caso es escabroso. Pone el acento en cuestiones que van más allá de los aspectos físicos. Y nos revela un mundo distinto, con posibilidad de matices y de ambigüedades. Todo esto era ideal, no solo para tratar el sexo, sino también otros aspectos - de índole esotérica- que aparecen de forma creciente en el relato.

El protagonista-narrador, está viviendo con su abuela senil. Uno de los momentos cruciales es cuando esta señora gorda y anciana se le aparece una madrugada de improviso en el cuarto y se le mete en la cama. ¿Cómo contar esto?, me pregunté. Lo más seguro es que esta idea provoque risa o repulsión, entonces, ¿cómo convertir esto en literatura, y en arte si es posible?

Consideré que debía apelar a la fragmentación, a la selección de ciertos aspectos para privilegiarlos sobre otros. Eso iba a tener como efecto evitar la obviedad, y darle realce a ciertas cosas que me permitieran elaborar el cuadro que yo buscaba. Algo así como una pintura expresionista, con el acento puesto en la luz y el color, que lograra trasmitir la violencia y la importancia de ese encuentro. Así fue como lo dejé:

"Lustrosa de afeites, hediendo a sudor, cremas y perfume barato, ella avanzaba en la oscuridad, poniéndome por delante el rojo rabioso de sus labios pintados.

Yo quería decirle a mis brazos que la detuvieran, que por nada del mundo debían permitirle traspasar el umbral de la puerta, pero ya estaba dentro del cuarto. Cerré los ojos para que la imagen retrocediera; fue inútil resistirme. Al abrirlos, la abuela se quitó frente a mí el camisón que llevaba, revelándome la sobrecogedora luz de su cuerpo desnudo.

Ella se subió a la cama y nos hundimos. Comenzó a faltarme el aire y creí que me moría; podía sentir lo que hacía mi abuela y ver mi propia mano que apretaba las sábanas blancas."

La senil abuela es un ser misterioso, complejo y en gran medida inaccesible para el narrador, que la califica de "intermitente", "hojaldrada", y reconoce una y otra vez que no puede penetrar en su mundo. Y el sexo, pasa a ser también parte de ese misterio. Más adelante, respecto al sexo que tiene con ella, él reconoce:

"Cada velada suponía la ejecución de un ritual en el que ella incorporaba energías arcanas y mi mente se elevaba hasta el umbral de una nueva conciencia."


Blue


En Blue se plantea la existencia de un mundo donde las mujeres son valoradas por su gordura. Las más obesas son consideradas las más bellas. Es un concepto, no nuevo, sino marginal en nuestra cultura. En efecto, hay publicaciones pornográficas, e incluso líneas de videos porno, que se basan en el erotismo y la sensualidad de las mujeres obesas, lo que demuestra que existen individuos que se sienten atraídas por ellas. Yo mismo, de hecho, durante alguna época de mi vida, tenía la fantasía de participar en una orgía con quince o veinte gordas bien dispuestas. No gorditas, ni gordas, sino muuuy gordas; esas que cuando se suben a un colectivo hacen temblar el piso, ocupan dos asientos, y provocan que el vehículo se incline. (oh, Dios, pienso en ello y ya me estoy excitando!)

Cuando estaba escribiendo el cuento, se me ocurrió que podía leer algo de crítica sobre la pintura de Botero, para ver si disparaba algún resorte en mi cabeza. Fue decepcionante. Los conceptos de Botero no coincidían con los míos. Para él la obesidad se asociada a un estado de plenitud e ingenuidad. Ese tipo de ideas- que expresan los críticos y él mismo en los reportajes- me deja insatisfecho. Para mí, el concepto de obesidad tiene que ser llevado al extremo. Sexo con una mujer extremadamete gorda equivale a sexo llevado a un placer extremo. Y la gordura extrema, debe ser asociada a la divinidad. Es un simple silogismo: las gordas se relacionan con la esfera, la esfera se relaciona con la divinidad (*), por lo tanto las gordas se relacionan con la divinidad. Así nació Blue. Ella es la divinidad de un mundo donde las gordas son valoradas por sus propia condición de gordas. Y como el relato se centra en ella, el cuento asume prácticamente el valor de un mito. El cuento Blue saldrá editado a la brevedad en la revista argentina Cuásar. Mientras esperan su aparición pueden ir leyendo, como adelanto promocional, estos fragmentos:


"Las leyendas afirmaban que Blue se comía crudos a sus amantes. Los seducía, los hacía disfrutar grandes placeres, y finalmente, cuando creían haber alcanzado las cumbres del éxtasis, los devoraba con delectación. Sin embargo, raramente alguien podía resistirse a su llamado.

Ella era la mujer más obesa y hermosa del mundo. Los hombres anhelaban ir a su encuentro, y las mujeres, para complacer a sus esposos, querían imitar su gordura. El problema era que nadie sabía cuánto pesaba Blue. Algunos estimaban mil o dos mil kilos, y otros hasta seis mil. No había acuerdo en este punto.

Los Sacerdotes de las Montañas Pensantes decían que su cuerpo era un desierto blanco e infinito, en el que los hombres no se perdían, sino que lograban encontrarse por primera y única vez consigo mismos. Comparaban a su negro cabello con el viento de la noche, a sus ojos con enormes zafiros, y a sus labios con el sangriento ocaso.

Blue era el principio y el fin. La felicidad y el sufrimiento. La vida y la muerte. La superación de todas las contradicciones."

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"Apenas podía creer que estaba a punto de realizar el sueño de todos los hombres.

Caminé despacio, sin escuchar otros sonidos que los de mis pasos y mi respiración.

Sentía el pulso acelerado, y un sudor pegajoso en la espalda, pero no retrocedí.

Al dar la vuelta en un recodo, comprendí que había ingresado a la estancia de Blue. Aspiré hondo, y me entregué a la brisa y la luz lechosa que provenían desde arriba. Mientras le dedicaba una mirada al cielo, algo como una mano o un mechón de cabellos ciñó mi cintura y me arrastró hacia adentro. Giré el rostro, pero no pude evitar que un perfume intenso y primordial envolviera mi cuerpo. Y entonces me encontré con esa blancura de dientes entrevistos en sueños, de relámpagos de conocimiento, de furia lunar. Quería gritar, pero no podía, mientras era arrastrado hacia aquel vientre de arena de tiempo, de abismo y de silencio.

No vi sus ojos -no lo hubiese soportado-, pero sí su sonrisa de enormes labios carmesí, dilatándose de un modo que me pareció incomprensible.

Escuché un sonido violento, como un chasquido de mandíbulas. Luego, un aire caliente, con olor a sangre, me abofeteó el rostro. Cerré los ojos y traté de pensar en el cielo de mi tierra, en los campos de trigo, en mi hogar y mi familia... pero sólo alcancé a recordar el abrazo de mi madre."


En mis cuentos, el Sexo nunca es un fin en sí mismo, si no una vía de conocimiento, de trascendencia. Un instrumento, para un idea que se repite una y otra vez a lo largo de mi obra, como una obsesión. Un idea que podría sintetizarse en la aquella célebre afirmación de André Breton: "la existencia está en otra parte". El otro instrumento, además del Sexo, que he utilizado sistemáticamente, en beneficio de la misma idea, es la Muerte. Pero eso, si me acompañan, ya lo veremos en otro post...


(*)- El tema de la esfera como imagen de la divinidad ha sido estudiado por numerosos pensadores a lo largo de la Historia, se puede leer un buen resumen de este concepto en el ensayo de Borges: "La esfera de Pascal".

(La ilustración de este post corresponde una pintura de 1919, de Otto Dix: "Mujer lunar".)